Reinaba en el bosque y en el desierto Su
Majestad el león, rey de todos los animales. Sus consejeros eran el lobo, el
chacal y el cuervo. El rey León reinaba y era aficionado a la cacería. Sus
consejeros le daban consejos p comían los restos de la comida que él dejaba.
Un día, un camello se extravió y llegó al
reino del león. Éste, que nunca antes había visto semejante animal, sintió un
poco de miedo.
-¿Quién eres, extranjero, y qué buscas por
estas tierras? -le preguntó cortésmente.
-Soy el camello y necesito protegerme de los
seres humanos. Al león le agradaron mucho estas palabras, hasta tal punto que
le dijo:
-En ese caso, quédate conmigo. Serás mi
huésped y nadie podrá hacerte daño.
El camello aceptó con alegría la invitación y,
desde aquel día, vivió en la residencia palaciega del león. No le faltaba pasto
para pastar, tenía agua en abundancia y el rey León en persona protegía su
vida.
Pero, justo por esas fechas, al león le ocurrió
una tremenda desgracia. Se batió a duelo con un elefante que le produjo dos
profundas heridas con sus largos colmillos.
El león estaba tendido en su cama y, de tan
débil, no lograba siquiera moverse. Está claro que no podía salir de caza en
se-mejante estado, y muy pronto sus consejeros comenzaron a sentir los ardores
del hambre.
-¿Qué podemos hacer? -se preguntaban.
-Solos no podremos conseguir comida -se
lamentaba el lobo, que era muy perezoso.
-¿Por qué no nos comemos al camello? -sugirió
el chacal.
-El león no nos dejará -observó el lobo. El
camello es su huésped.
-Yo creo que sí, que nos dejará -dijo el
cuervo. Dejadlo por mi cuenta.
Y se fue volando enseguida a hablar con el
león enfermo.
-Majestad -le dijo, con su voz más doliente,
estamos muy preocupados por ti. No comes, no bebes, la debilidad te está
consu-miendo. Te haría falta una comida sustanciosa.
-Tienes razón, cuervo -respondió el león, pero
¿qué quieres que haga? Por el momento, no puedo salir a cazar.
-¿Y por qué tendrías que salir a cazar? ¿No te
das cuenta de que tienes comida a tu alcance? -insinuó malignamente el cuervo.
-¿Qué quieres decir, granuja? -se irritó el
león. ¿Que debería comerme al camello, que es mi amigo y mi huésped? He dado mi
palabra de rey de que protegeré su vida.
-No hace falta que dejes de cumplir con tu
palabra -respondió el cuervo. Ya verás cómo el propio camello te ofrece su
carne. Y en ese caso, naturalmente, no podrás negarte a comerlo.
-En ese caso, claro que no -refunfuñó el león.
El cuervo volvió a donde estaban sus
compañeros. Les explicó lo que debían decir y qué debían hacer; después se fue
con ellos a buscar al camello. Y los cuatro juntos se reunieron con el león.
En presencia del soberano, el primero en tomar
la palabra fue el cuervo:
-Majestad, la debilidad te está consumiendo
porque no comes nada. Pero nosotros, que somos tus fieles servidores, te
ofrecemos de buena gana nuestra vida. Cómeme, pues, y sanarás. El chacal no lo
dejó acabar siquiera y dijo a su vez:
-Ah, no, Majestad. El cuervo no es más que
piel y huesos, sería peor el remedio que la enfermedad. Es mejor que me comas a
mí.
El lobo no lo dejó siquiera terminar y
exclamó:
-Ah, no, Majestad, la carne del chacal apesta,
no lo digeriríais bien. Es mejor que me comas a mí.
Pero los otros dos dijeron enseguida que la
carne del lobo era venenosa.
El camello, que hasta ese momento se había
quedado escuchando, se dijo para sus adentros:
-Es hora de que yo también le demuestre al rey
mi reconocimiento. Por lo que veo, no creo que los consejeros del rey permitan
aceptar que el comido sea yo.
Se adelantó y dijo:
-Poderoso León, si no puedes comer al cuervo
ni al chacal ni al lobo, recibe como señal de gratitud mi propia carne. Cómeme.
Aún no había acabado de hablar cuando el
cuervo, el chacal y el lobo exclamaron al unísono:
-Claro, Majestad, ésa es la carne que te hace
falta.
Se abalanzaron sobre el camello y lo
desgarraron sin piedad.
004. anonimo (india)
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