Hace muchísimos años vivía en Wittenberg, en
Alemania, el famoso doctor Fausto. Había firmado un pacto con el diablo
Mefistófeles en persona y, por ello, era capaz de toda clase de artes mágicas y
brujerías. La gente aún se acuerda de él. Un día, el doctor Fausto se fue a dar
un paseo por el campo y, en un estrecho sendero, se encontró con un campesino
que llevaba un carro de heno.
-Apártate, campesino -gritó el doctor Fausto,
colocándose en medio del sendero.
-¿Cómo podría apartarme, con el carro cargado
de heno, con lo que pa me cuesta seguir avanzando?
-Si no te apartas, te devoraré a ti, el carro,
el heno y los caballos.
El campesino se echó a reír y fustigó a los
caballos.
Entonces Fausto abrió la boca y la boca se
ensanchaba, se ensanchaba hasta que se hizo más grande que un portón: el doctor
Fausto se tragó el carro, el heno, al campesino y los caballos. Después los
escupió y retomó el paseo. El campesino estaba tan asustado que no lograba decir
palabra. Los caballos se inmovilizaron y después se lanzaron a la carrera a tal
velocidad que el carro volcó.
Entonces el campesino volvió en sí y pensó:
-Madre mía, habría hecho mejor en apartarme.
Volvió a cargar el heno en el carro y se fue a
casa.
012. anonimo (alemania)
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