Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

8-2-2015 a las 21:47:50 10.000 relatos y 10.000 recetas

10.001 relatos en tiocarlosproducciones

10.001 recetas en mundi-recetasdelabelasilvia

Translate

viernes, 23 de enero de 2015

Los perros y los gatos .795

Dice que una vez había una gran fiesta y habían concurrido todos los perros y los gatos de veinte leguas a la redonda. El dueño de casa a medida que llegaba la concurrencia los invitaba a sacarse los cueros y a dejarlos en una pieza.
Bailaron y cantaron toda la noche. A la madrugada se armó un gran bochinche por que 'taban todos medios alegres y el dueño 'e casa llamó la policía.
Los perros y los gatos quisieron disparar para no caer presos y cada uno se apuró a sacar su cuero. Todos se amontonaron en la oscuridá y nadie pudo juntarse con su cuero. Todos salieron con cueros ajenos.
Desde entonces los perros y los gatos se tienen rabia porque piensan que con mala intención agarraron los cueros ajenos. Y por eso también los perros se huelen el traste.

Luisa Sánchez de Monzón, 70 años.

Rosario del Tala. Tala. Entre Ríos, 1948.

Lugareña de cierta cultura. Buena narradora.

Cuento 795 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

Los dos compadres y el loro chismoso .785

Dice que había una vez dos compagre que se apreciaban mucho. Uno era rico y tenía campo y animale. El otro era pobre. Un día el compagre pobre le robó una vaca al compagre rico y la comió.
Al otro día vino el compagre rico y le dijo al pobre:
-Te cuento, compagre, que me robaron de mi piquete la vaca tarquina y vo sabé, pué, compagre, que era la má gorda.
Pasó uno día y vuelta a venir el compagre rico con lo mismo:
-¿Sabe, compagre, que anoche me robaron la vaca negra, y ya estaba preñada?
Y así le robó el compagre pobre unas cuantas vacas, hasta que cansado el compagre rico dio cuenta a la policía.
Al ver esto, el compagre pobre tenía mucho miedo que lo descubran y le decía a su mujer:
-¿Qué te parece si el compagre rico sabe que nosotro, que somo compagre de él, ro'ú, fué i vaká, jhá ipochî vaërá?
-¡Santo Dió, Jesú! -decía la mujer.
Este matrimonio tenía en su rancho un loro que hablaba muy bien, y el loro estaba dormitando en un arco de barril en un rincón, y estaba oyendo todo lo que decían lo compagre pobre. Este loro repetía todo lo que oía.
Al otro día el loro repetía lo que oyó y decía:
-El compagre jho'ú, el vaká del compagre rico. El compagre jho'ú el vaká del compagre rico.
Entonce, al sentir esto el compagre pobre tomó un palo y le dio unos palazos al loro y le arrancó toda la pluma de la cabeza y lo dejó pelado. Y le dijo que lo dejaba pelado por decir lo que no tenía que decir.
El loro apaleado y pelado se subió a un parral. Y allí se estaba el pobre loro apaleado y pelado.
Al otro día amaneció enfermo muy grave un pariente del compagre pobre que vivía con ello. Entonce lo llamaron al cura del pueblo para ponele al enfermo lo santo sacramento.
El cura vino a la casa y pasó por abajo del parral, ande 'taba el loro. Y el loro vio que el cura tenía una parte de la cabeza pelada. Entonce el loro se puso a gritá y decía:
-¡Ah! ¿ndé pa aveí re contá que el compagre pobre jho' ú el vaká ajeno?

Jerónima Sosa, 59 años.

Manantiales. Mburucuyá. Corrientes, 1948.

Muy buena narradora. Campesina bilingüe guaraní-español.

El motivo central del cuento El compadre rico y el compadre pobre ha sido recreado en el cuento El loro hablador.

Cuento 785 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

Los cinco hermanados .615

Eran cinco hombres muy pobres. Vivían como hermanados. Uno tenía un burro, otro un perro, otro un gato, otro un carnero y otro un gallo. Una noche se pusieron a conversar de su pobreza, y discurrir, porque al otro día no tenían qué comer, ni de dónde sacar nada. Entonces, después de un rato de pensar y cavilar, dice uno:
-Yo hi de matar mi burro.
Y dijeron los otros:
-Yo hi de matar mi perro.
-Yo hi de comer mi gato.
-Yo hi de comer mi carnero.
Como el gato y el perro no saben faltar de las orilla de las piedras del juego, oyeron la conversación y allí no más jueron y le repartieron la voz a todos.
Entonces se quedaron pensando y dijo uno de ellos:
-¿Pórque no los ausentamos mañana?
-¡Claro! -dijeron todos.
-Y cómo 'mos de hacer.
-El gato y el gallo que suban sobre el burro, y seguimos huella.
-¿Y qué vamos a comer por áhi? No llevamos nada.
-Lo que cace el gato y el perro, le convidan al gallo. Y el carnero y el burro que coman pasto -dijeron.
Bueno... Y van y llegan a una encrucijada donde estaba un camino muy viejo. Estaban pensando y no hallaban por dónde irse, si por el camino viejo o el nuevo, y dice el burro:
-Saben decir que no hay que despreciar lo viejo por lo mozo, ni lo cierto por lo dudoso.
Eran consejos del burro. Bueno y toman por el camino viejo. No habían sabido ir por áhi porque los tigres habían sabido comer toda la gente y llegaron a la primera casa. No se vía más qui una qui otra cabra y oveja. Lo qui habían dejado los tigres, la poca hacienda que quedó.
Dice uno:
-Aquí no más los vamos alojar.
Y dice otro d'ellos:
-Aquí no hay más que güellas de tigre. Aquí los van acabar esta noche.
Y otro dice:
-No los han de hacer nada. Los quedamos.
Se quedaron. Cuando s'entró el sol, venían bramando los tigres. Ya se oía el bramido. Entonces el gallo dice:
-El carnero que se ponga al frente pa que a él lo vea el tigre y entre diretamente a él. Y el burro y el perro, se pongan de cada lado de la puerta para cazarlo de la nuca y no largarlo cuando entre el tigre.
Bueno, ya llegó el tigre más grande y s'entró, pero el burro lo agarró de la nuca, y el perro de una oreja, y claro, abría la boca el tigre, y el gato le arañaba los ojos y la lengua, y el carnero retrocedía y le daba unos botes al tigre y lo hacía quejar. Y los otros no lo largaban. Y el gallo estaba arriba de la muralla y cantaba.
-¡Dejemelón pa mí! ¡Dejemelón pa mí!
Ya le habían dado una paliza enorme al tigre, pero se les escapó y había ganao el campo.
Éste, en el camino encontró otros tigres y les dice:
-Vuelvansén porque áhi hay unos hombres que parecen muy malos, parecen herreros. Me han agarrau con las tenazas -ése era el burro y el perro- y otro mi ha dau unos combazos en la frente -era el carnero- y si me largan, para ese otro, que pedía me dejen para él, tal vez me matan -era el gallo.
Y así se quedaron los cinco hermanados a vivir porque no volvieron los tigres a vivir áhi.
Y así termina el cuento.

Laureano de la Fuente, 80 años. Piedras. Castro Barros. La Rioja, 1950.

Campesino. Buen narrador.

Cuento 615. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

Los animales viajeros .612

Diz que eran unos viajeros que se quedan a dormir en el campo. Estos viajeros eran un gato, un pato, un gallo, y un burro y un carnero.
Diz que había óido el gato que los iban a comer a estos animales. Y diz que 'taba oyendo el gato y li había contau al burro. Y diz que después al pato. Y diz que después al gallo. Y diz que después al carnero.
Diz que han dicho los dueños:
-'Mos criau estos animalitos y no tenimos otro pegadero, los tenimos que comer. Áura los vamos a comer.
Diz que entonce si han ido de compañeros. Diz que habían llegau a una cumbre y despué diz que habían visto un jueguito bien lejo. Y diz que áhi habían llegau los animales. Y que había juego y cosas para comer. Y ellos si han subíu a los montes, cuando han sentido gente que venían.
Y diz que han venido unos gauchos.
Y diz que a la medianoche muy oscuro han disparau los animales por encima de los hombres. Y el burro les ha pegau patadas, y el carnero los ha topau, y el gato los ha arañau, y ha cantau el gallo y ha clavau la chuza, y el pato que hacía su ¡cuá!, ¡cuá! y ¡pagrecito!, han disparau los gauchos.
Y diz que allá lejo han dicho los gauchos que unos gauchos muy malos le han clavau clavos, y les han pegau con martillo, y con macetas. Y que uno avisaba, ya es de día, y otro era más matón que decía:
-¡Dejemelón pa mí! ¡Dejemelón pa mí! -y era el pato.
Y diz que han dejau plata y todo y han disparau.

Pascual Cardoso, 12 años. Las Chacras. Las Víboras. Anta. Salta, 1952.

Muchacho campesino, muy rústico. Tiene vocación de narrador.

Cuento 612. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

Los animales viajeros .624

Un chacarero tenía un chancho engordando en un chiquero. Y tenía un burro que trabajaba todo el día, haciendoló trair leña. Y también un gato, un gallo, un pavo y un pato.
El chancho 'taba sin trabajar y comiendo todo el día. Cada vez que pasaba al lado del chiquero el burro, se reía y le decía:
-Pero, compadre, parece que a usté lo hacen trabajar, y yo tengo la vida de regalón.
Entonce el burro le decía:
-¡Ah!, eso de comer y no trabajar, en algo viene a parar.
Entonce, sucedió un día que todos los de la casa fueron a ver al chancho. Y entonce el hombre le dijo a la mujer que fuera a preparar los tachos con agua caliente para carniar al chancho. Y el chancho sintió todo. Y en la noche, aprovechó la noche para romper el chiquero y irse al monte.
Entonces vino la casualidá que al burro le habían encajado una paliza, y resolvió también mandarse a mudar.
Esa noche, mientra preparaban los cuchillos y los tachos con agua caliente, oyen los otros animales la conversación de que 'taban por matar el chancho. Y ellos vieron que lo mismo les iba a pasar a ellos, y también resolvieron irse. Bueno... y se fueron en la noche. Y luego en la madrugada se juntaron en el monte. Y el burro le pregunta al chancho:
-¿Qué le pasa, compadre?
-Y -dice el chancho, parece que me iban a carniar hoy, y me disparé a tiempo.
-¿No le decía, compadre, que eso de comer y no trabajar en algo viene a parar? -le dice el burro.
-¿Y usté, compadre?
-A mí me dieron una paliza que me han lastimado por todas partes, y no me quise quedar más.
Y también los otros animales dijeron que habían sentido que lo iban a comer al chancho, y que eso mismo les iba a pasar a ellos, y resolvieron irse.
Todos los animales hicieron una compañía para salir todos juntos. Y siguieron camino en el monte. Hasta que por ahí llegó la noche. Iban la bulla conversando en el monte. Y ellos tenían miedo a los tigres. Y entonces dicen cómo van hacer para correr a los enemigos. Entonce cada uno tiene su parte para hacer ver que eran muy malos.
Y siguieron. Y ya llegaron a un lugar donde había tigres cerca. Y el gallo subió a un árbol y empezó a cantar arriba y a gritar como valiente. El gato agarró y empezó a rajuñar los árboles, con toda su fuerza. El burro rebuznaba y pegaba patadas por todos lados. El chancho se revolcaba y gruñía. El pavo gritaba y iba di un lado para otro.
Entonce esta bulla y ruido se oía de donde 'taban los tigres. Y el tigre más viejo lo manda al zorro que era su sobrino que viera qué gente estaba ahí y qué hacía.
-Te voy a mandar a ver quiénes son ésos -le dice el tigre.
-Bueno -dice el zorro.
Y agarró el zorro y fue despacito al ruido de la bulla. Y llegó entre los pastos despacito. Y vio el zorro todo lo que hacían estos viajero y estaba muy sorprendido de verlos que parecían tan malos. Y en eso lo vieron al zorro y lo sacaron corriendo, que ya lo mataban. Y el zorro pegó unos saltos y hizo unas cuantas gambetas entre los montes hasta que se libró de los perseguidores, y llegó a la casa de los tigres, que ya no podía más.
-¿Qué te pasa, sobrino, que venís tan asustado? -le dijo el tigre.
-¡Usté no sabe, tío, lo que hay ahí! -le dice el zorro. Hay un ejército de gente muy mala.
Y el tigre le preguntó qué había visto, y entonces él le contó:
-Hay uno que parece un general, que está arriba del árbol, con una gorra colorada, echando pecho. Ése canta y manda para todos lados, y mira si lo obedecen. Se ve que es muy malo y mandón.
Ése era el gallo, que siempre estaba en el árbol para ver si había algún peligro.
-Abajo hay un hombre con una punta de cuchillos en cada mano. Y los afila y los está probando en los árboles, para matar al que se acerque.
Claro, ése era el gato que sacaba las uñas y rajuñaba las ramas y los yuyos.
-Y hay un hombre gordo y de mucha fuerza, que insulta y que atropella para pisotear y matar al que agarre a mano. Ése es un hombre feroz que deshace todo.
Ése era el chancho que se revolcaba y atropellaba para acá: y para allá.
-Hay un hombre grande, que se ve que tiene muchísima fuerza y pega unos gritos muy feos y golpea con unas mazas muy pesadas que hace polvo todo lo que golpea.
Éste era el burro que andaba rebuznando y las patadas y los manotazos de aquí para allá.
Hay otro hombre más chico que anda echando más pecho que el general, que se ve que es muy atrevido, y ése debe ser el más malo. Cuando me vieron y me sacaron corriendo, ése gritaba:
-¡Larguemelón para mí! ¡Larguemelón para mí!
Claro, éste era el pavo.
-Cuando me alcanzaron a ver me sacaron corriendo que ya me alcanzaban. Me pude escapar agata porque soy corredor, que si no me matan entre todos. Ésa es gente muy mala que van a matar a todos los que viven en estos lugares.
Y los tigres estaban tan asustados con lo que contaba el zorro, que agarraron y se mandaron mudar de la zona para siempre. Y dejaron todos los víveres y los agarraron los animales viajeros. Y se quedaron a vivir tranquilos en ese lugar hasta que se murieron.

Cirilo Bustamante, 38 años. Chacharramendi. La Pampa, 1955.

Trabajador rural. Oyó contar éste, y otros cuentos, a un viejecito de Limay, de donde el narrador es originario.

Cuento 624. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

Los animales viajeros .621

Había una vez un burro que ya 'taba muy achacoso y no podía trabajar. El dueño lo echó de la casa y él agarró para el monte, para morirse por áhi. En lo que iba, encontró en el camino un perro, que 'taba muy triste, porque el dueño lo echaba, porque ya 'taba muy viejo y no servía para nada. Los dos se contaron las penas y resolvieron seguir juntos. Siguieron camino y al poco andar encontraron una casa y si allegaron. Se han encontrau con un gato y se pusieron a conversar. Había un gallo en la casa que 'taba dele cantar. Entonce el gato les contó que el gallo 'taba cantando porque se 'taba despidiendo, porque habían resuelto irse de viaje. Le preguntaron que porque s'iban y el gato les dijo que como era el día de la dueña de casa él había oído decir que lo iban a carniar al gallo, y que como eran muy amigos, li había aconsejado que salieran los dos de viaje para salvarse. Entonce le dijieron que podían ir juntos porque ellos iban tamién de viaje. Entonce el gato le dijo al gallo y salieron todos juntos.
Cuando ya habían andado mucho, encontraron una casa sola. Si asomaron y vieron que 'taba servida la mesa, pero no encontraban a nadies. Como ya se 'taba haciendo de noche y sintieron que venía gente, se escondieron unos en una parte y otros en otra. En eso entraron unos gauchos asaltantes que venían con una gran carga de plata. La pusieron en el suelo a la plata, en un poncho. Áhi 'taban ya por repartirse, cuando todos los animales a un tiempo golpearon con las patas y las alas y gritaron. Como hicieron un ruido tan grande, los ladrones salieron disparando creyendo que era una cosa del otro mundo. Por allá lejos se juntaron a conversar qué sería eso. Entonce resolvieron volver. Ya si había hecho una noche muy oscura. Uno entró a la cocina y vio dos cosas brillantes como brasas, creyó que eran brasas y fue a encender el cigarro y el gato lo saltó y lo rajuñó, y el hombre disparó. Otro si arrimó ande 'taba el perro, y el perro lo mordió y disparó. Otro se llevó por delante el burro, el burro lo agarró a patadas, y disparó. Otro si allegó al gallo y el gallo se le fue encima y lo picó y lo espuelió, y el hombre disparó. Así dispararon todos. Ya lejos se juntaron y empezaron a decir que qué gente mala y fuerzuda era la que si había acomodado en la casa:
-A mí me tajió uno con cuchillos -era el gato.
-A mí me pegó otro con un martillo muy grande -era el burro.
-A mí me molió otro con unas tenazas con clavos -era el perro.
-A mí me chució otro con unos puñales muy puntudos -era el gallo.
Y ya se fueron y no volvieron más.
Los animales que salieron de viaje quedaron ricos y dueños de una fortuna.

Gabriela Romero, 64 años. El Sauce. Chacabuco. San Luis, 1950.

Campesina. Buena narradora.

Cuento 621. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

Los animales viajeros .616

Éste que era un gato, un gallo y un burro, muy viejos los tres y como ya no podían ser útiles para nada, los maltrataban en la casa. Por esto un buen día resolvieron salir a rodar tierra.
Caminaron tanto, tanto, hasta que se les hizo la noche. Habiendo columbrado a lo lejos una lucecita se allegaron y comprobaron que se trataba de una luz que salía de la ventana de una casa. Luego resolvieron mirar por la ventana y ver lo que ocurría adentro. Para esto se puso el burro abajo, el gato encima y el gallo más encima. El gallo vio por la ventana que en el interior había unos ladrones contando dinero. Luego se bajó y les contó lo que había visto. Entonces resolvieron apoderarse de la casa y del dinero de los ladrones a fin de pasar mejor vida. Convinieron en que el gallo se coloque en la ventana, el burro en la puerta y el gato entrara y se colocara en un rincón.
Uno de los ladrones creyó que los ojos del gato eran brasas y quiso prender el cigarro y el gato lo arañó. Al mismo tiempo el gallo cantó.
Cuando sintieron cantar al gallo, creyeron que era la policía y que el sargento les decía:
-¡Traimeló aquí! ¡Tarimeló aquí!
Los ladrones dispararon, se toparon con el burro, quien les daba patadas. A la noche siguiente volvió el jefe de los ladrones a ver si estaba la policía, y le pasó lo mismo que la noche anterior. Entonces los ladrones resolvieron abandonar la casa para no volver nunca. Así el burro, el gato y el gallo quedaron de dueños de casa y vivieron muy felices.

Zapato roto,
lleno de porotos,
que mi mamita
me cuente otro.

Josefa Páez, 52 años. Distrito Pueblo. Sarmiento. La Rioja, 1950.

Lugareña semiculta.

Cuento 616. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048