Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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jueves, 22 de enero de 2015

La vibora, el hombre y el zorro .610

Un bien con un mal se paga

Se cuenta que una vez un hombre iba por un camino, caminando, y encontró una bolsa. Y cuando abrió la bolsa salió una víbora. La víbora le dice:
-Yo tengo que comerte porque tengo hambre.
El hombre le decía:
-Cómo me vas a comer. Yo te salvo la vida y vos me vas a comer.
Y ella, que no:
-Te voy a comer.
En eso acertó a pasar un zorro por áhi cerca. Y dice:
-Vamo a llamalo a don Juan, él que sabe todo, a ver cómo soluciona este asunto.
Llamado el zorro para que sirva de juez, él quiso saber cómo era la cosa. Dice:
-Yo, si no veo cómo ha sido no puedo juzgar.
Entonce le dijo a la víbora que estaba en la bolsa:
-Bueno, metete entre la bolsa.
Y al hombre:
-Atale la boca.
Después que la víbora se metió entre la bolsa y le ató la boca, le dice el zorro al hombre:
-Ahora, agarrá una piedra y matala.
Y el hombre agarró y la mató.
Agradecido por la gauchada que le había hecho le dijo que le pidiera cualquier cosa que él lo iba tratar de hacer. Entonce el zorro le dice:
-Mire, amigo, yo lo único que le voy a pedir que si alguna vez encuentra alguno de mis hermanos muertos por ahí lo entierre. No lo deje sin enterrar.
-Muy bien.
Se despidieron. Y tomó el camino, este hombre, y encontró un zorro muerto. El zorro si había hecho el muerto.
-¡Oh! -esclamó el hombre, ¡un hermano de mi amigo!
En seguida fue, lo enterró. Marchó otros cien o doscientos metros, otro zorro muerto.
-¡Otro hermano de mi amigo!
Lo enterró. Y así siguió enterrando cuatro o cinco zorros muertos, hasta que por último se cansó. Cuando iba caminando por ahí encontró otro zorro muerto. Dice:
-Éste, que lo entierre otro que yo 'toy cansado de enterrar zorro.
Y de esa forma, el hombre demuestra muchas a veces la ingratitú por una buena ación, un buen servicio.

Rafael Lorenzo Vaca, 68 años. Federal. Entre Ríos, 1976.

Trabajador rural. Oyó este cuento y muchos otros, desde niño, en la región.

Cuento 610. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


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La serpiente ingrata .595

Había una vez un hombre que había quedado viudo y tenía muchos animales. Los salía a ver todos los días. Un día iba pasando por cerca de un corral hecho de piedra, y sintió que abajo de una piedra muy grande se sentían unos quejidos, y se sentía que lloraban. Entonces dijo el hombre:
-¿Qué lo que será esto? Si se siente esto a la tarde, cuando vuelva voy a dar vuelta la piedra. ¡Quién sabe no sea el alma de mi esposa que anda penando!...
Bueno, se fue el hombre para el campo, y a la tarde, cuando volvió y iba pasando, sintió que se quejaban y lloraban más fuerte debajo de la piedra.
Bueno, se fue no más para las casas porque era tarde. Al otro día temprano ensilló y se fue a dar vuelta la piedra. Le puso el lazo y la ató a la cincha, y la hizo tirar con la mula que tenía ensillada. Cuando la piedra se dio vuelta, saltó una serpiente que había apretada en la piedra, y se lo quería comer al hombre. Entonce le dijo el hombre:
-No me coma, señora Serpiente; mire que yo la hi salvado, l'hi sacado la piedra de encima, yo le hi hecho un bien. Agora usté me quere comer.
-Yo lo voy a comer no más -le dijo la serpiente, porque usté no sabe que un bien con un mal se paga.
-No puede ser -le dijo el hombre. Mire, señora, vamos más allá, a ver si encontramos alguno que los dé la razón. Si usté tiene razón, me come, y si yo la tengo, me deja.
Así lo hicieron. Se fueron. En seguida encontraron un güey que ya no podía caminar de flaco, todo lastimado. Le dijo el hombre a la serpiente:
-Acá le vamos a preguntar a este güey, a ver quén tiene razón.
Bueno, le dijieron:
-Oiga, señor Güey, venga, saquelós de esta duda.
-Mire -le dijo el hombre, esta señora serpiente estaba apretada abajo de una piedra muy grande, y yo con mi mula le saqué la piedra, y agora me quiere comer. ¿Será justo o no? Ella me dice que un bien con un mal se paga.
-Mire -le dijo el güey, yo creo que tiene razón la señora Serpiente. Yo ante era nuevo, gordo, mi dueño sabía arar la tierra con mí. La sembraba, la cosechaba, trabajaba todo el año con mí y me atendiya muy bien. Agora que m'hi puesto viejo mi han tirado por acá para que me muera. Así es que yo, después de haberle hecho tanto bien, agora él me ha pagado con un mal.
-Bueno -le dijo la serpiente al hombre, agora me lo como, yo tengo razón.
-No, señora Serpiente, ¡no me coma todavía! Vamos más allá a preguntarle a otro.
Se fueron. Ahí cerca había un caballo reflaco, estaba lastimado en el lomo y en el pecho. Lo llamaron y le dijeron:
-Mire, señor Caballo, usté los va a dar la razón. Yo saqué esta señora Serpiente de abajo di una piedra, que ya se moría, y agora, en pago d'eso, ella me quere comer, porque dice que un bien con un mal se paga.
-Mire -le dijo, yo era un caballo hermoso, era muy guapo. A mí me ataban al arado, al coche, en todas parte. Mi dueño si ha puesto rico con mi trabajo, y agora que m 'hi puesto viejo mi ha tirado al campo para que me muera; ya no si acuerda más de mí. Así está visto que un bien con un mal se paga.
-Bueno -le dijo la serpiente, no hay más remedio que lo tengo que comer; yo tengo razón, un bien con un mal se paga.
-No, señora Serpiente -le dijo el hombre, vamos más allá. A ver, le vamos a preguntar a otro. Si da la mesma respuesta, me come.
Bueno, siguieron. Áhi cerca encontraron una zorra, y le dijieron:
-Oiga, señora Zorra, venga que le querimos hacer una pregunta.
-No -le dijo la zorra, me van a matar ustedes.
-No, venga -le dijo el hombre. Esta señora Serpiente 'staba abajo de una piedra muy grande, y yo la saqué di áhi, y agora ella quere comerme. ¿Será justo que después de haberle hecho un bien, me quere pagar con un mal?
-Sí -le dijo la serpiente, ustedes saben que el que hace un bien, que espere un mal.
-Bueno -le dijo la zorra -yo no puedo dar ninguna respuesta. Yo tengo que ver cómo ha estado la señora Serpiente, para decile cual tiene razón.
Así que se fueron para donde había estado la serpiente, y le dijo la zorra:
-Pongasé como ha estado usté, abajo de la piedra. Y usté -le dijo al hombre- enlace la piedra como la tenía enlazada para darla vuelta.
Bueno, así lo hicieron. Cuando la serpiente si acomodó bien, hecha rosca como había estado, la zorra l'hizo seña al hombre que le tirara la piedra encima. Y áhi se quedó por morirse. Por más que se lamentaba no le hicieron juicio.
Bueno, la volvieron a apretar a la serpiente, y le dijo la zorra al hombre:
-Bueno, amigo, yo lo hí salvado de que no lo coma la serpiente, así que a mí me debe la vida.
Bueno -le dijo el hombre, mire señora Zorra, vaya a mi casa. Allá tengo gallinas, pavos, patos, gansos. Venga a traer todo lo que usté quera.
Así que se fue el hombre tranquilo a su casa.
A la noche fue la zorra, y comió bastantes gallinas, y vido que quedaban muchísimas más aves. A la noche siguiente volvió la zorra. Envitó a otra zorra más y comieron bastante, y otras gallinas llevaron. Así siguieron viniendo todas las noches. Un día, fue el hombre y vido que no había quedado más que un gallo y un gallineto, que la zorra no había podido agarrar. Al día siguiente 'staba enojado el hombre con la zorra, y de repente, cuando golpearon la puerta, salió el hombre y era la zorra.
-Güen día, amiga zorra, ¿cómo le va?
-Bien -le dijo la zorra, y a usté, ¿cómo le va?
-Bien -le dijo el hombre. ¿Cómo no ha venido ante?
-Si hí estado viniendo todas estas noches, y agora vengo a llevar un gallo y un gallineto que ha quedado.
-Bueno -le dijo el hombre, pase.
Pasó la zorra y se sentó. Entonce el hombre fue y desató tres perros que tenía atados y los trajo y se los arrimó a la zorra. Y la agarraron los perros, y ya la mataban y decía la zorra:
-Bien decía la serpiente que un bien con un mal se paga. Razón tenía. Miren, yo lo hí salvado a este hombre que no lo coma la serpiente, y agora él me hace matar con los perros.
Y la terminaron de matar los perros.

Julián Aguilera, 39 años. Saladillo. Pringles. San Luis, 1945.

Gran narrador.

Cuento 595. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


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La serpiente, el hombre y el zorro .602

Andaba un hombre por las serranías. Y sintió en eso, llantos y alaridos que lo sosprendieron. Entonces vio qui abajo de un gran peñasco 'taba una serpiente muy grande apretada. Entonce le preguntó que qué le pasaba.
-Y acá 'stoy -es que le dice- apretada. Le pido por Dios que me salve -es que le dice, que me saque di acá.
Entonce el hombre vido bien cómo 'taba aquello áhi y agarró una barreta. Y levantó el peñasco y salió la serpiente. Y entonce como 'taba muy pasada di hambre se l'envolvió en el cuerpo al hombre para comerlo. Y entonce el hombre le pidió que no lo coma.
-Vamos a buscar un juez -es que le dice- para ver si el juez cré que es justo que me coma.
Y dijo que güeno, y siguieron recorriendo. A poco andar encontra-ron un güey muy viejo.
-Usté es el señor Juez -es que le dice el hombre.
Le dijo el güey que sí.
-Venimos para ver que los dicte una sentencia de lo que ha ocurrido.
Entonce le dijeron bien, bien, cómo ha ocurrrido el caso. Después de haberlo explicado, dijo el güey.
-Yo, durante hi síu joven hi servido muy mucho a mi amo en sus grandes trabajos de sementeras, de lo que ha conseguido sus grandes capitales. Y agora que estoy viejo, sin aliento y sin energía mi amo me ha abandonado a que perezca en los campos. Por lo que creo que un bien; con un mal se paga. Y creo de justicia que debe de comerlo no más la serpiente.
Y áhi lo quiso comer la serpiente y entonce le dijo el hombre:
-Por favor, no me mate todavía. Vamos a buscar al señor Alcalde. Si el señor Alcalde sentencia lo mismo, me entrego a usté.
Siguieron adelante. Al poco andar divisaron un zorro. Entonce le gritó el hombre:
-Oiga, señor, ¿usté será el señor Alcalde?
El zorro se acercó y contestó sonriendo:
-Yo soy el señor Alcade ¿qué les pasa?
Le esplicaron la demanda. Entonce el señor Alcalde dispuso que debía ir a presenciar el punto ande había ocurrido esto y cómo había sido. Y cuando llegaron áhi lo mandó al hombre que levantara el peñasco y la hizo colocar a la serpiente. Y le venía haciendo di ojo el zorro al hombre, para favorecerlo, seguro. Una vez que estuvo ya áhi, que le dijo la serpiente al hombre que le aflueje despacito el peñasco, que no la ofienda. Entonce que le dijo, que le contestó el señor Alcalde, que un bien con un mal se paga, y que justo era que lo mataran. Pero hoy se paga un bien con un bien, hay que pagarlo con la razón.
-Y por mal agradecida, esta serpiente, tome la barreta y déle un barretazo.
Y el hombre áhi la mató a la serpiente.
Lo que el zorro le salvó la vida al hombre, quedó éste empeña-dísimo con el zorro. Cuando terminaron el caso, que le preguntó al zorro qué le debía. Le contestó que no le debía nada, que si de su corazón nacía hacerle un obsequio que él sería muy dueño. Que le dice:
-Me gustaría si tuviera algún gallito o algún pavito, que me gustan algo las cazuelas.
Entonce el hombre le dijo:
-Como no, vaya a mi casa y áhi le entregaré varios.
-Mañana a eso de las tres de la tarde estaré por su casa, pero le pido que cuando yo le pegue un gritito ate los perros, porque yo les tengo un poco de miedo. ¡Son tan malos!
Lo dejó el hombre al zorro. Se fue a la casa para preparar las aves que le iba a entregar. Cuando sale el hombre y se va, que lo habla y le dice:
-Oiga, amigo, le voy a recomendar que cuando encuentre algún zorrito muerto me haga el favor de enterrarlo, dejandolé las narices descubiertas.
-¡Como no! -le dice el hombre.
A poco andar, a un lado del sendero encontró un zorrito muerto. Entonce sacó el cuchillo, cavó una sepolturita y lo enterró. Siguió el camino. Luego, más allá, otro zorrito muerto. Entonce dijo con un poco de sorpresa:
-¡Qué joder, otro zorro muerto!
Siguió el camino. Luego encontró otro zorro muerto. Entonce ya con rabia dijo:
-Pero, ¡qué joder, carajo, otro zorro muerto!
Lo agarró de la cola y le hizo saltar los ojos de un golpe. Y áhi se vino a comprobar que un bien con un mal se paga.

Pascual Fernández, 65 años. La Florida. Las Chimbas. Ayacucho. San Luis, 1951.

Campesino ocupado en tareas ganaderas. Muy buen narrador.

Cuento 602. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


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La rana .776

'Taba la rana a la orilla di un riyu. Tiritando de friyu 'taba y ha dichu:
-Estu es muchu sufrir. Yo puedo jilar y hacermi manta u frezada.
Entonci ha cantado:

-Jilarichus, tejerichus,
chusi mi harichus.

Pero al día siguiente, cuando el sol 'taba calientito, si ha olvidau de todu y ha dichu:

-Paqui chusi ni manta
si el friyu nu espanta.

Ha pasau el diya con el sol calientito. Cuando ha bajau el sol, ha empezau hacer friyu. Y más, y más friyu ha ido haciendu y ha empezau a tiritar la rana. Y ha empezau a decir:

-Jilarichus, tejerichus...

Y tiritaba más y más y las palabras le salían cortitas como un cantito, temblando, y decía:

-Jilarí, tejerí...
chusi mi harí...
Jilarí, tejerí...
chusi mi harí...

Tiritandu, tiritandu por floja si ha hechu rana, por castigo, po. Y ha quedau así la rana desnudita, viviendo en l'agua y con ese cantitu:

-Jilarí, tejerí...
chusi mi harí...
Jilarí, tejerí...
chusi mi harí...

Luisa Cruz de Colke, 60 años.

Chucalezna. Humahuaca. Jujuy, 1946.

La narradora es colla, nativa del lugar y muy rústica. No habla quichua pero tiene la pronunciación de los puneños bilingües muy rústicos.

Es una narradora graciosa y expresiva.

Cuento 776 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

La prueba de la vista y del oido .740

Otra vez iban dos paisanos arriando unas ovejas ¿no?, en un campo. Cuando llegaron a una escampada del campo, así, bien despejada de árboles, pararon. Y como a mil metros había un algarrobo grande, grande, ¿no? Y uno de lo paisano que quería ser más mentiroso que el otro, le dice:
-Vea, éste, compadre, mire. Bajo aquel algarrobo hay dos hormigas peliando.
Imaginesé, usté, a mil metros ver dos hormigas peliando. ¡Ndé re jhechái!
Entonce éste mira, ¿no?, hacia el árbol, y como no alcanzaba a distinguir, pero, pa salvar la situación d' él, le dice:
-Mire, amigo, la verdad, yo no las veo, pero, sí, siento el ruido de las trompadas que se 'tán dando.

Antonio Salúm, 31 años. La Paz. Entre Ríos, 1970.

Cuentecillo de burla que se basa en el de La agudeza de los animales.

Cuento 740 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


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La perdiz y el zorro .684

Que una perdiz estaba silbando muy contenta, cuando se acercó un zorro con intenciones de comerla, pero almirado con el modo de silbar de la perdiz, le dijo:
-Si me enseñás a silbar te perdono la vida. A lo que la perdiz le contestó:
-Cuando yo era niña mi madre me cosió la boca y por eso puedo silbar. Si querís te coso la boca y podrás silbar.
El zorro dijo que bueno. La perdiz le cosió la boca y aprendió un soplido que era parecido al silbido. Pero la perdiz, que no le perdonaba los sustos que le hizo pasar, un día se fue escondiendosé por un senderito y le voló de golpe, en la boca misma del zorro. El zorro asustau, y otro poco por el instinto de cazar, hizo ¡huac!, y se le descosió del todo la boca, y se le rajó un poco más. Y desde entonces el zorro tiene tan grande la boca.

Dorila de Córdoba, 53 años. Libertador General San Martín. Ledesma. Jujuy, 1950.

La narradora es semiculta. Oyó contar el cuento a muchos narradores.

Cuento 684 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

La perdiz y el zorro .723

Estaban conversando la perdiz y el zorro. El zorro le dijo a la perdiz:
-¿Cómo pintás tus guagüitas tan bonitas?
La perdiz le dice:
-Juntá mucha leña y poné al horno tus guagüitas. Áhi se pintan. Se dice ¡guagua pinto!, ¡guagua pinto!
El zorro dijo:
-Voy a hacer lo mismo.
Juntó mucha leña y puso al horno la leña y sus guagüitas, y también dijo: ¡guagua pinto!, ¡guagua pinto! Pero después de un rato vio quemados a sus guagüitas. Entonces fue a alcanzar a la perdiz y le dijo:
-¡Te voy a comer!
Pero la perdiz le dijo:
-Para que me comás más rico, molé ají y ponelo bajo mis plumas.
Cuando el zorro le puso, redepente se levantó la perdiz y el ají cayó en los ojos del zorro, y el zorro decía:
-¡Ya me muero! ¡Ya me muero!... -y quedó con ganas de comerselá a la perdiz.

Anacleto Flores, 12 años. Tafna. Jujuy, 1953.

El niño narrador ha concurrido a la escuela de este lejano lugar de la Puna. En la actualidad es pastor como casi todos los niños de su edad.

Cuento 723 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048