Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

8-2-2015 a las 21:47:50 10.000 relatos y 10.000 recetas

10.001 relatos en tiocarlosproducciones

10.001 recetas en mundi-recetasdelabelasilvia

Translate

jueves, 22 de enero de 2015

La zorra y el carancho .830

Diz que había una vez una zorra y un caranchi. Eran compagres.
Un día 'taba nevando. Se habían encontrao en medio 'i la nevada. Se saludaron:
-¡Güen día, compagre!
-¡Güen día, comagre!
-Hagamos un trato, compagre -había dicho la zorra. El que aguante más la nevada se lo come al otro.
El caranchi había dicho a la zorra que pa saber quién aguanta más, tiene que gritar ¡alalay!
Güeno. Cada uno se paró sobre una piegra. Al rato el caranchi comenzó a gritá:
-¡Alalay, comagre! ¡Alalay, comagre!
Y la zorra:
-¡Alalay, compagre! ¡Alalay, compagre!
Después di un rato, güelta han empezao a gritar. El caranchi cada vez más juerte y la zorra cada vez más despacio.
El caranchi cuando gritaba se sacudía las plumas, pero la zorra no podía, se le pegaba la nieve en los pelos. El caranchi 'tá acostumbrado, pero la zorra se estaba muriendo de frío.
Ya después la zorra 'taba moribunda, apenas movía la boca.
Al rato se ha moriu y el caranchi se la comiu.

Felipe Mamaní, 42 años.

Cara Cara. Yavi. Jujuy, 1952.

El narrador es un pastor puneño. No habla quichua. Su apellido es también indígena.

Cuento 830 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

La zorra haragana .815

Dice que vivía por los montes una zorra muy haragana. Dice que no tenía cueva ni cama y no se ocupaba de procurarse lo necesario.
Cuando andaba de día no sentía nada, pero en las noches de invierno se moría de frío. Todas las noches, cuando se ponía a temblar de frío, decía:
-Mañana cavo una cueva y junto paja pa mi cama. Desde mañana ya no voy a sentir frío de má, y voy a dormir calentita.
Al día siguiente la zorra se ponía al sol y si olvidaba del trabajo. Y decía:
-Que vaye a trabajar el que necesite. Yo 'toy muy bien.
Y eso era todo los días.
Una güelta, un mes de julio frío de má, la zorra se quedó muerta, engarrotada, al lao de un mogote. Como se murió temblando de frío quedó mostrando lo diente. Y dice que pasa un carancho y dice:
-¿Qué hace áhi, doña Juana? ¿Qué se 'stá riendo del trabajo? Con estas noches tan frías si olvidó de hacerse cama, por eso se rái. Vengo a convidala a un beile. ¿No quere que váyamos juntos? Con el frío de anoche los pobres no estaba pa risa.
Y así se burlaba el carancho de la zorra floja de má, que se murió de frío por no trabajar.

Dora Nélida Pasarella, 29 años.

Villaguay. Entre Ríos, 1959.

Cuento 815 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

La zorra .805

Que era una zorra que tenía muchos zorritos. Cuando ya estuvieron grandecitos que podían andar, que los sacó a una lomita, y que les decía:
-¿Ven, hijitos, esos campos, y esas chacras y esos animalitos, esas cabras, esas ovejitas? Son nuestras toditítas.
-Güeno, mamita -que dice uno, tenimos hambre, mate un anima-lito de ésos.
-Güeno, m'hijito -que dice y que se jue a pillar un cordero gordo, gordo.
Y ya cuando se iba a largar sobre el cordero, que apareció un hombre con una escopeta. Y ya le apuntó a la zorra, y la zorra salió huyendo, y que le gritaba a los zorritos:
-¡Disparen m'hijitos! ¡Disparen m'hijitos! -ya los obligó a meterse en la cueva.
Ya cuando tuvieron en la cueva, que los zorritos le decían:
-¡Pero, mamita, y que no decía que toditito lo que víamos era nuestro!
-Sí, mis hijitos -decía la zorra, todito es nuestro, pero tuavía no tengo las escrituras. Las voy a tener el día de la polvareda.

Dolores de Sánchez, 50 años.

Las Mesillas. Pringles. San Luis, 1948.

Campesina nativa de la región. Muy buena narradora.

Cuento 805 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

La yuta .690

Diz que el zorro lo ha queríu cazar a la yuta, y la yuta ha silbau. Y que al zorro le ha gustau el silbido y ha querido aprender a silbar así. Y que le dice a la yuta que le enseñe. Y que le ha dicho que tiene que coserse la boca. Y él ha dicho que bueno. Y que la yuta ha pedíu una hebra d'hilo pal zorro. Y que le ha cosíu la boca y que se ha escondíu en la costa del camino. Y que el zorro iba silbando: ¡Uik! ¡Uik! Y de lo bien que iba aprendiendo a silbar, la yuta que le ha volau encima, y que se ha sosprendíu el zorro y que abre la boca muy grande para cazarla. Y que se le ha rajau la boca. Y así no ha podíu silbar más.

Dominga Lezcano, 48 años. Quimilar. Ambargasta. Ojo de Agua. Santiago del Estero, 1951.

Cuento 690 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

La vibora ingrata .593

Era un muchacho que vivía solo en el campo.
Siempre oía llorar, clamar, abajo di una piedra, cuando pasaba cerca di un lugar.
No sabía qué podía ser, y como le daba lástima este quejido, agarró un día el lazo y se jue pa ver deque se trataba. Llegó y ya vio una víbora grandota que 'taba aplastada por una tremenda piegra.
En cuantito llegó y lo vido la víbora empezó a pedir por favor que la saque, que se li había caido encima ese peñasco. Al joven le dio lástima y enlazó la piegra y a la cincha del caballo la ladió. Y áhi pudo salir la víbora. Pero como ésta había 'tau varios días hambriando, se le vino encima y le dice:
-¡Me lo como! ¡Me lo como!
Y el muchacho le dice:
-Pero, señora, entre en razón, cómo me va a comer después que l'hi salvau la vida.
Y la víbora lo quería comer nada más. Entonce le dice el mozo que pórque no consultan a otros si era justo que ella lo coma después que la ha salvau. Bueno. Consiente la víbora y siguen por el camino. Y áhi no más encuentran una zorra, y la llaman, y le dice el mozo:
-Vea, comadre, le vamos a preguntar una duda qui hay acá. Mire, yo salvé a esta señora di abajo di una piegra y agora me quiere comer. Usté dirá si así se paga un favor.
Y la víbora seguía diciendo:
-¡Me lo como! ¡Me lo como no más!
Y entonce le dice la zorra:
-Y a lo mejor tenga razón esta señora.
-Pero, cómo, comadre, puede tener razón, si yo la hi salvau a ella y ella me quiere comer a mí.
Entonce le dice:
-Bueno, pero vaya a saber, aunque usté la sacó di abajo de la piedra, a lo mejor ella tenga razón.
Entonce consintió la víbora y se volvieron al lugar donde la había sacau el mozo. Entonce le dice la zorra:
-¿En qué forma ha 'tau esta señora? Que se ponga pa ver, porque yo creo que tiene razón.
Entonce se puso la víbora, y el muchacho le puso la piegra pisandolá como había 'tau ante, cuando él la había sacau.
Entonce la vido la zorra y le dice:
-Agora veo que no tiene derecho de comerlo. Quedesé no más como 'taba y aguantesé por ingrata.
Áhi la dejaron pisada y se jueron. El mozo agradecido le dice a la zorra:
-Mire, comadre, mi casa es como si juera su casa. Vaya a buscar alguna gallina cuando guste.
Y la zorra comenzó a ir a buscar gallinas. El hombre tenía gran cantidá de gallinas, pero tantas se jue llevando la zorra, que al fin no li había quedau más que el gallo. Habían entrau a perdecelé y era que la zorra se las llevaba.
Bueno... El hombre guardaba el gallo bien seguro, de miedo que también se le perdiera. Entonce, justamente viene la zorra. Se saludan Y le dice:
-¿Cómo le va compadre?
-Y no muy bien, comadre; con perjuicio ando. ¿Sabe que de tantas gallinas que tenía no mi ha quedau más que el gallo?
Y la zorra le dice:
-En busca de él vengo.
-¡Ah! -que le dice-, pero muy bien, comadre. Esperesé que le voy a buscar máiz, asi lu agarramos.
Estando adentro el muchacho soltó dos enormes galgos que tenía. Y áhi la sacaron a la zorra corriendo. Y la llevaban te mato y te mataré. Y dentró a correr la zorra y áhi pudo dentrar a una cueva. Ya cuando 'taba adentro y medio descansó un poco, la zorra se conversaba ella misma:
-Ustedes, patitas, cómo corrían tan ligero cuando me traían te mato y te mataré los galgos, cómo saltaban ramas, y pozos y pencas, y todo lo que había por todos lados y me salvaron. Y ustedes, ojitos, cómo miraban cuando 'taba en tan apremiada situación, para que pudiera andar por donde juera más fácil para engañar a los galgos y esconderme. Pero, muy bien, pero, muy bien.
Y en eso que 'taba áhi le pregunta a la cola:
-Y usté, colita, ¿qué hacía?
-¡Ah! yo -le dice la cola- me puse sucia de miedo y me enredaba en cuanta rama había a ver si mi agarraban los galgos, porque yo no podía más.
Entonce la zorra enojada le dice:
-¡Salga pa ajuera! ¡Salga pa ajuera cola cochina! ¡Cola hedionda! ¡Cola inservible!
Y empezó a retroceder enojada como pa echar la cola ajuera. Los perros habían quedau en la boca de la cueva esperando que salga, como hacen los perros del campo cuando persiguen un bicho. Y claro, en cuantito asomó la punta de la cola la agarraron los perros, la sacaron y la mataron. La hicieron tiras a la zorra, la descuartizaron. Y áhi si acabó todo.

Fausto Agüero, 45 años. La Salina del Bebedero. La Capital. San Luis, 1958.

El narrador es peón salinero. Conoce muchos cuentos que a veces narra a sus compañeros, aunque el pesado trabajo no le deja ánimo para hacerlo, según manifiesta.

Cuento 593. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

La vibora ingrata .594

Éste era un hombre que vivía solo en su casita, en el campo. Tenía animalitos y hacía trabajos en su campito.
En sus idas y venidas siempre oía para el lado donde había una gran peña, llantos, clamores. Un día agarró el lazo y se jue a ver qué era esto. Entonce vio que abajo de la peña 'taba agarrada una víbora grandota. Entonce la víbora cuando lo vio a este hombre le clamó que le sacara la peña. El hombre tenía recelo, pero la víbora le dijo que ella le iba agradecer, que no le tuviera miedo. Bueno, el hombre enlazó la peña y la sacó. En cuantito la víbora se sintió libre empezó a querer comer al hombre y le decía:
-¡Me lo como! ¡Me lo como no más! Entonce el hombre le dice:
-Pero, cómo me va a comer después que la he salvado. Entonce la víbora le dice:
-Hace muchos días que estoy sin comer, así que lo como nomás.
Entonce le dice el hombre:
-Mire, entre en razón, cómo me va a comer. Mire, vamos pal pueblo a buscar alguna persona que nos diga si usté tiene razón, que sirva de juez.
Tanto le dijo el hombre que la víbora dijo que bueno y se jueron. En el camino encontraron a una zorra y la pararon. Entonce le dice el hombre:
-Mire, yo salvé a esta señora de abajo de una peña y ahora me quiere comer. Diga si hay razón.
Entonce la víbora dice:
-Yo lo como y lo como. Y dice la zorra, haciendolé de ojo al hombre:
-Bueno, pero vaya a saber si esta señora no tiene razón. Yo para opinar tengo que ver cómo estaba esta señora.
Entonce se volvieron al lugar de la peña. Entonce le dice la zorra:
-Yo tendría que ver cómo estaba esta señora. En qué forma la pisaba la piedra. A ver, vuelvasé a poner como 'taba antes.
Entonce la pusieron a la víbora abajo de la piedra, bien pisada como estaba antes. Entonce dice la zorra:
-Ahora veo que no tiene derecho de comerlo a este hombre. Se jueron, y le dice el hombre a la zorra:
-Mire, comadre, mi casa es como su casa.
La zorra le agradeció y cada uno tomó su camino.
El hombre tenía gran cantidá de gallinas. La zorra se las había ido llevando. Pasado un tiempo, el hombre vio que no le quedaba más del gallo. Justamente llegó la zorra y se ponen a conversar. Entonce le dice el hombre:
-¿Sabe, comadre, que de tantas gallinas que tenía no me queda más del gallo?
-En busca de él vengo le dice la zorra.
-¡Ah! -que le dice, pero muy bien comadre. Esperesé que voy a buscar maíz, así lo agarramos.
Entró adentro el hombre y soltó dos enormes galgos que tenía y la sacaron corriendo a la zorra. Y la zorra dentró a correr hasta que pudo meterse a una cueva.
Adentro, la zorra, después que descansó un poco, se preguntaba ella misma, ya cuando le pasó el susto:
-Ustedes, patitas, ¿qué hacían cuando me traían corriendo los galgos?
-Nosotros saltábamos ramas y pozos -se contestaba.
-Y ustedes, ojitos, ¿qué hacían en tan apurada situación?
-¡Ah!, nosotros mirábamos siempre adelante, y tratábamos de mirar ande juera más fácil salvarse.
-¡Pero, muy bien! ¡Pero, muy bien!
-Y usté, colita, ¿qué hacía?
-Yo me enredaba en las ramas a ver si me agarraban los galgos.
Entonce la zorra enojada dice:
-¡Salga para ajuera! ¡Salga para ajuera cola cochina!
Y empezó a retroceder y hacía ademán de botar la cola.
Y claro, los galgo que 'taban en la puerta esperando, la sacaron y la mataron.

Nicasio Muñoz, 25 años. El Durazno. Pringles. San Luis, 1988.

El narrador, oriundo del lugar, ha cursado los grados de la escuela local. Compárese el lenguaje y el estilo de este narrador con los del narrador anterior a quien oyó muchas veces el cuento.

Cuento 594. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

La vibora, el hombre y el zorro .609

La víbora ingrata

Había una gran víbora apretada con una piedra en el campo cerca de un camino. A todo el que pasaba le silbaba la víbora. Y nadie le hacía caso. La miraban que era una víbora y todos pasaban. Pero no falta alguno de corazón muy bondadoso, ¿sabe?, que se arrimó. Le pidió que le sacara la piedra hasta que le sacó la piedra. Cuando se estiró, muy grande, el largo de todo, todavía le pide que la lleve a caballo, en ancas. Y el hombre generoso siguió hacienda la obra. La lleva en anca. Después que va un trecho, le dice:
-A que te pico.
-Pero, no, cómo me va a picar.
-No, es que yo tengo ganas de picarte.
Una vez que le salvó la vida, nada. La víbora empecinada que lo iba a picar. Entonce le dice el hombre, le dice:
-Vamos a buscar un testigo, un juez, una persona que nos sirva de juez, a ver si tiene usté razón de hacerlo o no.
Aceptó la víbora.
Encontraron un caballo. Pobre caballo, claro, lo habían espueliado, lo habían maltratado.
-Piqueló, tiene razón -dice, piqueló. El hombre me maltrata a mí.
Qué lección le daba, fijesé, el caballo.
Entonce el hombre le dice:
-Vamos a buscar otro -le dice, no me conformo con éste.
Le acepta la víbora.
Encuentran un buey.
Tampoco tenía ningún halago el buey, para el hombre, que lo habían maltratado.
-Me hace tirar con otro aunque yo tenga menos fuerza. Piqueló -le dice, tiene razón.
Y bueno... Por ahí le dice el hombre:
-Vamos a buscar un tercero.
-Bueno -le dice, éste es el último.
-El último.
Muy bien. ¿A quién lu encuentran? A don Juan el Zorro.
Don Juan el Zorro, hombre que se puede decir entre los animales, astuto, algo así como un gran político. Y dice:
-Vamos a ver cómo son las cosas. Vamos al lugar del hecho.
Marcharon al lugar del hecho. El hombre ni se pensaba lo qué iba a suceder. Ni la víbora tampoco.
-¿Cómo estaba usté? -le dice a la víbora.
La víbora se enroscó.
-Pongalé la piedra -le dice al hombre. Muy bien. Dejelá ahí no más.
¡Ah!, cuando dijo así, la cara que puso la víbora. Y la cara de contento del hombre, que no sabía con qué pagarle. Entonce el zorro le dice:
-No, no me debe nada.
También haciendo otro negocio, pensando él en sacar otra ventaja.
-No me debe nada.
-Pero cómo no le voy a deber nada. Y que me ha hecho un favor tan grande.
Bueno, entonce le dice:
-Todos los de mi familia que encuentre muertos, me los entierra.
-Como no, encantado.
Montó a caballo y sale para un lado, y el zorro para el rumbo contrario.
En seguida se internó en el monte y se le tiró al suelo, el zorro. Se hace el muerto como es la costumbre de él. El hombre dice:
-Miró, uno de la familia de mi amigo, muerto.
Se bajó, cavó con su cuchilla un pocito y lo enterró. Cumplió, montó a caballo y siguió. El zorro le calculó que iba retirado, se levantó, se sacudió y fue y se tiró más adelante. Y así lo llevó hasta la entrada del sol. A la entrada del sol se le rompe la cuchilla al hombre, caramba, apurado, se le hacía tarde, y lo agarra de las patas al zorro, ¡porquería!, y lo dio contra el suelo y lo mató. Claro, no ve que ya 'taba cobrando mucho, ya.

Candelario Portillo, 63 años. Villaguay. Entre Ríos, 1970.

El narrador es estanciero. Aprendió este cuento de la madre, que sabía muchas narraciones.

Cuento 609. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048