Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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lunes, 28 de mayo de 2012

La batalla entre monos y cangrejos

Pues, Señor, un día se encontraron frente á frente un mono y un cangrejo, que iban rondando por la montaña.
El mono llevaba una pepita de kaki que se había encontrado, y el cangrejo un pedazo de torta de arroz tostada: Al ver esto el muy ladino del mono, se le ocurrió al momento hacer un buen negocio, y le dijo al cangrejo: “Mira, cangrejo, sé bueno y cámbiame esa torta de arroz por esta pepita de kaki”. El bondadoso cangrejo entregó sin protesta su torta, tomó la pepita, fué á su huerta y la sembró. Al poco tiempo nació una planta y se llegó á hacer un árbol tan alto que para ver la copa había que mirar el cielo. El maravilloso árbol estaba cuajado de kaki, pero el infeliz cangrejo ¿cómo hubiera podido subir á aquella altura?
En mala hora tuvo la idea de llamar al mono para que le alcanzase las ricas frutas. El astuto animal, subido en una rama del árbol, se puso tranquilamente á comerse las maduras, con feroz malicia arrojaba las verdes  contra el confiado cangrejo, y su cinismo llegó hasta guardar en su saco para más tarde las que no pudo comer en aquel momento.
El pobre cangrejo, triste y con el caparazón magullado aun se dió por satisfecho con llegar vivo á su agujero, donde tuvo que permanecer varios días melancólico y dolorido.
Los parientes y amigos del cangrejo supieron lo ocurrido con la natural mezcla de ira y sorpresa, é inmediatamente declararon la guerra y atacaron al mono; el cual, al frente de una numerosa tropa, hizo frente á los airados enemigos.
Los cangrejos, incapaces de vencer y aun de resistir aquella fuerza, se retiraron á su cueva, más irritados y rabiosos que antes.
Enseguida celebraron un consejo de guerra. A esta reunión asistieron, como consejeros y aliados, un mortero de arroz, la mano del mismo, una avispa y un huevo. Entre todos, con rara unanimidad, quedó concertado un habilísimo plan de venganza, que se puso en ejecución inmediatamente y al pie de la letra.
Para empezar, pidieron paz á sus enemigos, gracias á esta hábil maniobra, pudieron conseguir que el rey de los monos entrase sin escolta en la cueva de los cangrejos, los cuales le recibieron con aparente sumisión y le hicieron sentar en el sitio de honor.
El mono, ajeno por completo á la maquinación, cogió los hibashi ó tenazas del brasero, y empezó á atizar el fuego, cuando en esto ¡paf! Estalla el huevo, que se hallaba escondido entre la ceniza, y chamuscado el brazo del mono. Asustado éste y aturdido, trata de aliviar el escozor de la quemadura, metiendo el brazo dolorido en el barril de los encurtidos; pero apenas abre la tapa, la avispa, que estaba allí dentro en acecho, clava cruelmente su aguijón en la cara, ya mojada por las lágrimas, del angustiado mono, el cual sin cuidarse de espantar á la avispa, trata de ganar la salida como alma que lleva al diablo.
Mas en aquel momento sus pies se enredan en unas algas, y cae al suelo; la mano del mortero se deja caer sobre él desde un vasar, y por último el pesado mortero que espera la ocasión subido en el tejado del portón, cae sobre el desdichado, le rompe el espinazo y le deja tan débil que no puede moverse. En aquel oportuno momento llegaron en tropel los cangrejos, blandiendo en el aire sus pinzas, y á pellizcos devoraron al infeliz rey de los monos.

040 Anónimo (japon)

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