Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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viernes, 6 de diciembre de 2013

El zorro y el tigre .187

Era el zorro que lo encontró al tigre que 'taba carniando, y le dijo:
-¡Hola!, mi tío, ¿qué 'tá de carniada? Yo vengo a achurar.
Y el tigre le contestó:
-No mi alcanza para mí, ¿qué te puedo dar a vos?
-Pero deme las tripas, mi tío.
-Las tripas son para lazo.
-Deme las orejas, aunque sea.
-Las orejas son para zapatos de tu tía tigra.
-Deme la cola.
-La cola es para chaira -le dijo el tigre.
-Deme el costillar.
-El costillar es para zarzo de tu tía tigra.
-Deme los cormillos.
-Los cormillos son para hacerme unas espuelas, pa cuando ande a caballo.
-Deme el cuero, entonce.
-No, al cuero lo necesito pa hacerme unas botas 'e potro.
Y el tigre seguía comiendo no más mientras seguía carniando, y el zorro miraba muerto di hambre.
Y el zorro seguía pensando cómo podría hacer para sacarle algo al tío para comer. Y al ver que no le daba nada, le dijo que s'iba a retirar. Y entonce pensó hacerle una emboscada. Se despidió muy atentamente del tío, y se jue. Se retiró un estrecho volviendo otra vez de nuevo corriendo, diciendolé:
-¡Tío tigre!, ¡tío tigre!, ¿sabe que allí viene un hombre con doce perros y una escopeta?
-¿Cierto, Juan? ¿Cierto, Juan? ¿De qué lau vienen?
-Y di ahí tío. Dispare por este lau -y le señaló por donde tenía que disparar.
Y el tigre salió juyendo como alma que lleva el diablo.
El zorro disparó para otro lado pero al poco momento volvió a comer. Y comió hasta que se hartó. Y después se sacó la vejiga y dijo:
-Esto para algo me va a servir.
Áhi no más se puso a soplar la vejiga y la llenó de moscas. En la misma osamenta que se amontonó las moscas. Y salió a buscarlo al tigre por adentro 'e los pajonales. Por áhi no más, no muy lejo, lo encontró que 'taba dormido y despacito le colgó la vejiga en la cola del tigre. Y por áhi se despierta el tigre y oye el barullo 'e la moscas y creyó que era el hombre que venía con los perros. Y si ha levantado y ha juido. Y disparó mucho. Iba cansau ya. En eso movió la cola y miró para atrás, y se vio la vejiga con moscas, y dijo:
-Éste ha sido Juan que mi ha jodido, pero ya me las pagará, lo buscaré hasta que lo encuentre.
Juan había ido a la casa del tigre y le había dicho a la tigra que ase un asado que llevaba y que durmieran juntos, que era orden del tigre. La tigra obedeció y cuando volvió el tigre le contó todo. Ya Juan había juido. El tigre salió a perseguirlo.
Y el tigre siguió buscándolo al Juan. Y después de haber pasado un día, iba por un pajonal y lo encontró a Juan durmiendo plácidamente, y agarró una pajita, y le pasaba por las narices. Y el zorro fastidiado decía:
-Moscas, dejemén dormir, que mi tía no mi ha dejau dormir anoche.
Y así lo repitió varias veces hasta que en una de esas abrió los ojos el zorro y el tigre sin pérdida de tiempo se lo tragó entero, sin mascar. Y se jue. Y bueno, s'iba al trote el tigre con el zorro adentro. Y el zorro desesperau no sabía cómo salir, y pensaba:
-Si salgo por la panza, me va a panciar; si salgo por las costillas, me va a costillar; si salgo por la boca, me va a mascar; si salgo por los óidos, me va a óir; si salgo por los ojos, me va a ver; si salgo por las narices, me va a olfatiar; si salgo por la cola, me va a coliar; si salgo por las patas, me va a patiar; si salgo por las manos, me va a agarrar.
Y entonce pensó él:
-Voy a salir por la panza, no más.
Y áhi no más sacó una cortapluma que él llevaba y li abrió la panza al tigre y salió disparando. Y ya el tigre iba llegando a la casa d' él y la tigra, que lo 'taba mirando, corrió a juntarlo. Se llevó una sábana y le juntó las tripas y lo envolvió bien y lo llevó a la casa. Se buscó una aguja y un piolín y lo cosió y lo curó hasta que se sanó bien. Y ya quedó bien otra vez.
Y después salió a buscarlo el tigre al zorro otra vez para cobrarse lo que li había hecho. Por áhi lo encontró. Al mucho tiempo lo encontró. Y áhi consiguió agarrarlo y lo llevaba bien agarrau. Lo llevaba di atrás d' él. Y por áhi le largaba un chorro 'e mierda y le bañaba la cara, y le preguntaba el tigre al zorro:
-¿Qué olor tomás, Juan?
-Olor a rositas, mi tío -decía.
-¿Y qué es lo que te corre por la cara?
-El sudor, mi tío.
-¿Y de qué?
-Y, de vergüenza lo que usté me lleva.
Y así le repitió varias veces el tigre al zorro. Y siempre le preguntaba qué olor tomaba, y el zorro siempre contestaba que era de rosas, hasta que en una de ésas llegaron cerca de una cueva y justo en eso, el tigre le había largau un chorro 'e mierda y le preguntó al zorro:
-¿Qué olor tomás, Juan?
-Olor a tu mierda, ¡hijuna gran puta! -le dice, y se encajó en la cueva.
Y áhi el tigre lo alcanzó a cazar de la cola.
-¡Ah, zonzo, te cazaste una réiz! -le dice el zorro y se largó las carcajadas.
Y el tigre créido lo largó. Y se quedó en la puerta 'e la cueva, el tigre, esperando que saliera el zorro. Y en eso pasa el carancho y le grita el tigre:
-Oiga, don Pedro -que el carancho se llama Pedro, venga, por favor. Cuidemé a Juan que lo tengo en esta cueva. Yo voy a buscar una pala para sacarlo.
Bueno -le dice el carancho, pero no se demore, don Damián, yo voy apurado en busca 'e comida para mis hijitos.
Se jue el tigre y lo dejó al carancho. En eso el carancho de curioso empezó a espiarlo al zorro. Y el zorro 'taba moliendo tierra , haciendo polvo unos terrones que sacaba de la cueva. El carancho seguía mirando pa adentro, y en una de ésas el zorro vivo, le tiró un puñau grande de tierra en los ojos, que él había molido. Y el carancho se cayó patas arriba, rascándose los ojos. Y en eso salió el zorro de la cueva y disparó. Y se jue también el carancho. Medio ciego quedó el pobre carancho.
Y bueno, después vino el tigre. Se creyó que se había ido el carancho porque 'staba apurau y se puso a cavar. Y el tigre siguió cavando, muy apurado. Llegó al fin de la cueva y no lo encontró, claro, al zorro. Y en eso pasaba el carancho de vuelta. Y le dice el tigre:
-Oiga, don Pedro, ¿usté me lo ha dejau ir a Juan?
Y el carancho le contestó:
-¡Cra!, ¡cra! -diciendolé que no lo había visto salir y que iba muy apurau.
Y el tigre se jue a su casa, cansan y sin poder agarrar al zorro.
El tigre siguió buscandoló a Juan, pero el zorro disparaba siempre. Entonce que le dice una güelta, a la tigra:
-Yo me voy a hacer el muerto. Vos lo mandás a buscar a Juan y decile que me he muerto. Así lo agarro y lo mato.
Y en seguida que la tigra le mandó un mensaje a Juan.
El zorro 'taba en unas carreras y andaba montado en una gama. Y áhi le llegó la noticia:
Juan, dice tu tía tigra que vaye, que tu tío si ha muerto.
Y el zorro contestó:
-Siento mucho pero llorar no puede, más tarde iré.
Y así jue. Cuando terminó la carrera se jue.
Y llegó a la casa del tío. Y salió la tía llorando y le decía:
-Juan, tu tío si ha muerto.
Y él si ha quedau montado en la gama no más. Y se bajó y se quedó áhi en la puerta no más con la gama de las riendas, y le dice:
-Siento mucho, mi tía, pero llorar no puedo.
Y el zorro siempre desconfiaba. Y dice que áhi dijo él:
-¡Puta!, en todos los velorios que yo he estado, todos los dijuntos si han péido, y mi tío no.
Y el tigre, que 'taba con ganas de péirse, áhi no más se largo un tremendo pedo.
-¡A la mierda! -que dice el zorro, dijunto que se péi no velo yo.
Y montó en la gama y salió a toda carrera. Y los que 'taban en el velorio lo siguieron, pero no lo pudieron alcanzar. Y se salvó no más el zorro.

Dora Passarella, 30 años. Villaguay. Entre Ríos, 1959.

La narradora es una campesina, que en la actualidad trabaja como doméstica. Aprendió los cuentos de la madre que es una gran narradora.

Cuento 187. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

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