Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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sábado, 26 de mayo de 2012

Cabalgando sobre el tigre

Cabalgando sobre el tigre
Anonimo
(india)

Cuento

Un rey de Bengala convocó a un concurso a to­dos aquellos que quisieran aspirar a ganar cien mil ru­pias si lograban cabalgar unos minutos sobre un tigre. Naturalmente, la prueba era peligrosa y echó a mu­chos para atrás, de tal modo que, a pesar del elevado premio, sólo se presentaron tres hombres para apun­tarse al certamen, que tendría lugar en una semana. El monarca les aconsejó:
-Preparaos bien durante esta semana. No es fá­cil cabalgar sobre un furioso tigre. Espero que lo ha­gáis lo mejor posible y nos ofrezcáis un buen es­pectáculo. Habrá tres hermosos ejemplares de Ben­gala, a cual más fiero.
Cada uno de los concursantes siguió su estrategia durante esa semana. Uno de los hombres se enteró de cuál era el ejemplar que le correspondía, compró al guardián que lo custodiaba y quedó con él en que le diera una pócima sedante, ingerida la cual, el felino sería manso como un corderillo. Otro hombre acudió todos los días a domar al tigre. Con el látigo, mostró al animal quién era el domador y quién el que debía obedecer. Ambos hombres estaban convencidos de ganar la prueba. El tercer hombre no hizo otra cosa que adiestrarse en métodos y técnicas de concentra­ción, meditación y control del cuerpo y la mente... Y así transcurno una semana.
Llegó el día del concurso. Todo se dispuso para que el primer participante cabalgase sobre el primero de los tigres. «Será manso como un cordero y ganaré las cien mil rupias», se dijo el hombre en tanto lo colocaban sobre el tigre. A la señal convenida, se dejó libre al animal, cabalgado por el primer concursante. El tigre se revolvió con nerviosismo y el concursante se precipitó frente a él. El felino lo tomó entre sus fauces y lo devoró en poco tiempo. ¿Qué había suce­dido? El guardián del tigre se había dormido y no proporcionó la pócima al temido animal.
Era el turno para el segundo concursante. La multitud estaba enardecida. El segundo tigre era un ejemplar alto, fornido, espectacular. El hombre que iba a montarlo pensó: «Está tan perfectamente do­mesticado que me obedecerá como si fuera un gatito casero.» Tras la señal, se dejó al tigre con el segundo participante sobre sus lomos. En pocos segundos el hombre cayó al suelo y el tigre se dio un banquete con su cuerpo. ¿Qué había sucedido? Sólo un necio cree que puede domesticar a un feroz tigre bengalí en una semana.
Y llegó el turno para el tercer concursante. Era el tigre más pode-roso y fiero de los tres. El hombre nada pensó, sino que se concentró en lo que iba a hacer y acompasó su respiración. El monarca se dijo: «¡Pobre iluso! Ni un segundo cabalgará sobre el tigre!» Solta­ron el tigre con el hombre encima. La fiera comenzó a dar bandazos y saltos, pero el jinete mantenía perfecta­mente su equilibrio. Transcurrieron unos minutos. El hombre se mantenía muy concentrado, dejando que su cuerpo siguiese los movimientos del enfurecido animal. Así cubrió el tiempo necesario para ganar el concurso. Sacaron las redes, prendieron al tigre y el hombre recibió cien mil rupias de recompensa.

El Maestro dice: Toda preparación debe comenzar por asno mismo. No hay mayor conquista que la que se consigue sobre uno. Si el jinete está bien adiestrado, ¿qué cabalgadura puede hacerlo caer? Si la mente está bien establecida, ¿qué puede distraerla?

Fuente: Ramiro Calle

 


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