Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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viernes, 25 de mayo de 2012

Behry bugam y dayesmus

Había una vez dos hermanas que estaban casadas con dos her-manos y viajaban siempre juntos, en el mismo frig.
Un día los hombres tuvieron que marcharse de viaje, de­jando a las dos hermanas acampadas solas. Ellas estaban em­barazadas y, antes de partir, sus maridos les dijeron:
-Si dais a luz mientras nosotros estamos ausentes y na­cen dos niños o dos niñas podréis seguir juntas. Pero si una tiene un niño y la otra una niña deberéis separaros, una hacia el Este y la otra hacia el Oeste.
Una de las hermanas tuvo un niño y la otra una niña. Es­taban muy afligidas porque, según les habían ordenado sus maridos, debían separarse y se querían demasiado para estar la una sin la otra.
-¡Oh, hermana mía! -dijo la madre del niño-. Cuan­do nuestros maridos vean los hijos que les hemos dado nos separarán. ¿Qué podemos hacer para seguir juntas?
-Creo que he encontrado una solución -contestó la ma­dre de la niña-, podemos educar a nuestros hijos como si fueran dos niñas, les hacemos juguetes de niña, los vestimos igual... y así quizá nuestros maridos no se den cuenta.
Así lo hicieron. Al niño lo llamaron Nehry Bugam y a la niña, que era muy hermosa, Dayesmus, que significa «luz de los soles».
Regresaron los maridos de su largo viaje y estuvieron muy contentos al conocer a sus hijas. Entregaron a cada un de ellas una sortija muy especial, diciéndoles que nunca deberían separarse de ella. Pasaron los años y éstas fueron creciendo juntas.
Uno de los hombres había observado que en los juegos no se comportaban igual, pues una de las niñas era más fuer­te que la otra y acostumbraba a pegarla y a empujarla más. Contó a su hermano sus sospechas de que una de ellas fuera un niño y trazaron un plan.
Invitaron a jugar a los demás niños del frig y les hicieron cavar unos pozos en la arena. Avisaron a un chiquillo que me­recía su confianza para que no se alejase mucho de las niñas y escuchara bien todo lo que decían.
Antes de empezar el juego, uno de los hermanos llamó a su hija y le dijo:
-No te dejes pegar más por tu prima. Cuando vuelva a hacerlo la empujas dentro del pozo y no la saques por mucho que te suplique...
Mientras duraba el juego una de las niñas empujó a la otra dentro y ésta le pidió:
-Por favor, prima, hija de mi tío, no me dejes aquí.
Pero la otra se alejó sin hacerle ningún caso en busca de su padre.
Los dos hermanos habían preguntado al niño lo que las chiquillas habían dicho y éste se lo contó.
Fueron a ver a sus esposas y les ordenaron que dijeran la verdad, pues de lo contrario no sacarían a la niña del pozo. Las dos hermanas les contaron lo sucedido y les suplicaron que las dejasen seguir juntas.
-Nos habéis engañado -respondieron- y tal como os dijimos, deberéis separaros.
Los padres de Dayesmus se marcharon con ella hacia donde se pone el sol. Esta se alejó de su primo con gran tristeza.
Los padres de Nehry Bugam se quedaron donde estaba acampado el frig. Pasaron los días y Nehry Bugam estaba cada vez más melancólico, no hablaba, no quería comer... sólo se acordaba de Dayesmus y la echaba mucho de menos.
Su padre procuraba aliviarle la tristeza con todos los rega­los que pudiera desear, incluso con el caballo más hermoso. Pero no sirvió de nada. Seguía tan triste como siempre.
Llegó a traerle un santón por si podía curarle su mal, pero tampoco sirvió de nada. Su tristeza seguía igual.
Una vez alguien le aconsejó que fuese a ver a una hechi­cera. Esta le dijo que debía matar dos cabras, una rolliza y otra flaca y preparar su carne junta en el interior de una venia nueva y ella se quedaría observando desde fuera lo que hacía.
Vio que cuando tomaba un trozo de la cabra rolliza lo apar­taba y se lo dedicaba a Dayesmus. Si cogía un trozo de la ca­bra flaca se lo comía él.
Luego fue a contarle al padre las preocupaciones de su hijo y así éste supo el motivo de su tristeza.
El padre decidió emprender un viaje para averiguar el pa­radero de la familia de su hermano. Y tras una laboriosa bús­queda logró la información que deseaba.
Supo que su hermano era el jefe de una próspera comarca, fértil y bonita. Para llegar a ella había que superar muchos pe­ligros, y para vivir allí también se tenían que correr muchos riesgos. Le contaron que había una enorme serpiente de siete cabezas, que exigía el pago de una joven doncella a cada fa­milia para seguir viviendo en aquel lugar, y que no había nadie capaz de vencerla.
Regresó a su casa y encontró a Nehry Bugam que había juntado siete animales, un avestruz, un camello y un caballo para montar, un camello y una camella jóvenes, un perro y un cuervo y los estaba adiestrando. Se alegró mucho del cam­bio operado en su hijo, pero no le contó nada de su viaje.
Al cabo de un tiempo, Nehry Bugam supo todo sobre el paradero de su prima y decidió marchar en su busca, acom­pañado de sus siete animales.
Tras un largo camino, llegó a un uad lleno de serpientes y víboras. Nadie se había atrevido jamás a cruzar por él. Nehry Bugam las saludó diciéndoles:
-¡Alá es grande!
Correspondieron a su saludo preguntándole:
-¿Qué te trae por aquí, Nehry Bugam?
-Os lo voy a contar ahora mismo si me abrís camino.
Éstas le dejaron paso y Nehry Bugam atravesó el uad en­gañán-dolas, sin contarles nada.
Siguió su camino llegando a dos montañas que estaban muy juntas y debía pasar entre ellas. Volvió a saludar y ellas le respondieron:
-¿Qué te trae por aquí, Nehry Bugam?
-Si me abrís paso os contaré mi historia -les contestó.
Empezaron a abrirse y él pasó rápidamente entre ellas con sus animales. Se cerraron de golpe al darse cuenta de que ya casi había recorrido el camino y sólo pillaron el rabo de la ca­mella joven.
Siguieron caminando día y noche hasta llegar a la comar­ca donde habitaba la familia de sus tíos.
Rogó a Dios que le encaminara hacia una persona que pudiese darle información sobre lo que ocurría en aquel lugar. Tuvo suerte y se encontró al pastor de su tío, quien le contó todo sobre la comarca y el problema de la serpiente de siete cabezas. Por su culpa ya no quedaban doncellas y al día si­guiente iba a serle entregada la última, la hija del jefe de la comarca.
Después de escuchar atentamente las explicaciones del pastor, Nehry Bugam le dijo:
-Voy a confiarte un secreto, que no debes decir a nadie. Mira esta sortija. Sólo tienes que colocarla en el tazón donde cada noche toma la leche la hija del jefe. Te aseguro que nada malo va a ocurrirle.
El pastor le prometió no contárselo a nadie y cogió la sor­tija que Nehry Bugam le entregaba. Por la noche la puso dentro del cuenco antes de llenarlo de leche y llevárselo a Dayesmus.
Cuando ésta hubo acabado de beber la leche vio la sortija y la cogió con gran alegría. En seguida adivinó que su primo se hallaba cerca, pues su madre le había contado con frecuen­cia la historia de su familia y que ambos poseían una sortija idéntica.
Fue a ver a su madre y le dijo:
-Madre querida, dame todas mis joyas, pues quiero arre­glarme bien...
La buena mujer empezó a llorar y entre sollozos dijo:
-¿Cómo quieres estar hermosa si mañana te van a sacri­ficar?
-No te preocupes, madre -le dijo con mucho cariño.
A la mañana siguiente Nehry Bugam fue al encuentro de la gran serpiente. Cuando llegó a su guarida la saludó y ella le contestó:
-¡Bienvenido, Nehry Bugam! ¿Qué te trae por aqui?
-Vengo de muy lejos atraído por tu fama. Sólo tengo un deseo: poseer una de tus cabezas.
Tras unos momentos de reflexión, respondió:
-Pues córtala.
Cuando la hubo cortado le dio las gracias y se alejó. De repente se detuvo pensativo y volvió de nuevo hacia la ser­piente. Le dijo:
-He pensado que una cabeza no es suficiente. La gente no va a creer que has dejado que te la corte así, por las buenas.
Después de unos momentos de silencio la serpiente acce­dió a que le cortase otra cabeza.
Así lo hizo Nehry Bugam. Como vio que la serpiente iba debilitán-dose por la mucha sangre que perdía, pensó que aquella era su única oportunidad para vencerla y empezaron a luchar. Tras un mortal enfrentamiento, Nehry Bugam consi­guió cortarle las restantes cabe-zas y así acabó con ella.
Buscó un lugar adecuado donde poder esconder las siete cabezas y encontró una enorme roca, que sólo podían le­vantar cuarenta hombres, y metió debajo de ella las cabezas cortadas. Luego arrojó el resto de la serpiente sobre la copa de un árbol.
Momentos después apareció Dayesmus, más hermosa que nunca, acompañada por algunos notables del frig, quienes al no ver a la serpiente por ninguna parte se miraron sorprendi­dos, mientras la doncella lo observaba todo tranquilamente.
Empezaron a buscar por los alrededores y al rato descu­brieron los restos de la serpiente encima de la copa de un ár­bol y fueron corrien-do y cantando de alegría a explicarlo a todos los habitantes del frig.
La comarca entera se dispuso a celebrar la muerte de la serpiente y el fin de sus preocupaciones, organizando gran­des festejos.
Todo el mundo se preguntaba quién habría tenido la auda­cia de enfrentarse a un animal tan peligroso. Muchos jóvenes y hombres se adjudicaban el mérito y cada cual daba su pro­pia versión de los hechos. Pero había un problema, no había aparecido ninguna de las siete cabezas de la serpiente.
El jefe de la comarca dijo que sólo reconocería como autor de la hazaña a quien le entregara las siete cabezas. Y, ade­más, concedería la mano de su hija, la bella Dayesmus, a tan valiente hombre.
Nehry Bugam, ante el alboroto que se organizó después de las palabras de su tío, dijo que las siete cabezas se hallaban debajo de una gran roca y que quien consiguiera levantarla demostraría que era el verdadero autor de los hechos.
Se dirigieron todos hacia allá y, tras infructuosos esfuer­zos, muchos hombres se dieron por vencidos, pues la roca no se había movido de su lugar. Nadie había conseguido le­vantarla.
El jefe de la comarca dijo entonces:
-Sólo hay una persona capaz de mover esta roca, si es que ha llegado ya. Es Nehry Bugam, el hijo de mi hermano.
Al oír su nombre se dirigió el joven hacia la roca, la levan­tó y debajo de ella aparecieron las siete cabezas cortadas a la serpiente.
Inmediatamente se iniciaron los preparativos para celebrar la boda de Dayesmus con el valiente Nehry Bugam.
Las fiestas duraron siete días y siete noches y, al finalizar éstas, Nehry Bugam expresó a su tío el deseo de partir con su esposa hacia la casa de sus padres, a quienes había dejado viejos y solos, y hacía mucho tiempo que no tenía noticias suyas.
Su tío intentó disuadirle, recordándole los peligros que tendría que volver a pasar, y muchos otros que podrían apa­recérsele de impro-viso. Pero Nehry Bugam logró al fin con­vencerle de que nada malo les sucedería a él ni a su esposa, pues había demostrado sobrada-mente su valentía.
Una vez acabados los preparativos del viaje emprendie­ron el camino acompañados de los siete animales adiestrados. Nehry Bugam sólo tenía un temor, que alguno de los muchos hombres que querían casarse con su mujer, pues era famosa por su belleza, intentara arrebatársela. Por ello le explicó a Da­yesmus que si eran atacados por un gazi, sólo debía preocu­parse si éste estaba formado por jinetes expertos.
Unos días más tarde apareció el primer grupo de asaltan­tes, pero eran todos muy jóvenes e inexpertos y los fue de­rrotando uno tras otro, hasta vencerlos a todos sin ninguna dificultad.
Al día siguiente, mientras continuaban su camino, apare­ció otro gazi. Pero esta vez fue muy difícil la lucha, pues estaba formado por hombres muy expertos. Consiguieron vencerle y, maltratado y herido, lo llevaron ante su mujer, a quien secuestraron.
Se quedó solo, con la única compañía de sus siete anima­les, quienes se encargaron de cuidarle. El perro usaba su ol­fato para encontrar comida y le lamía las heridas. El cuervo le traía jalmas [1] y al mismo tiempo le extraía los restos de bala. La camella joven le desinfectaba las heridas orinándose en ellas.
Empezó a escasear la comida y el avestruz le dijo:
-Sacrifícame y con mi carne y mi grasa te fortalecerás y lograrás restablecerte completamente.
Nehry Bugam amaba infinitamente a sus animales y se negó a hacer lo que le decía el avestruz. Pero tanto y tanto insistió que al final, con gran dolor, decidió sacrificarlo.
Y así empezó a recuperarse rápidamente, comiendo la car­ne del avestruz y bebiendo su grasa, que usaba también como ungüento para sus heridas.
Transcurridos siete días estaba completamente restableci­do e inició los preparativos para salir en búsqueda de su amada.
Guiado por el olfato de su perro y el sentido de orienta­ción de su cuervo, consiguió llegar a un frig por el que había pasado el gazi que raptó a su esposa.
Allí le informaron que no la habían devuelto a su familia, sino que la habían entregado como trofeo al jefe de una co­marca, que era viejo y muy poderoso, y al que todos temían, y que éste se había casado con ella.
Siguieron su camino y al acercarse a otro frig el perro, guia­do por su olfato, le dijo:
-Aquí tampoco está.
Y continuaron su búsqueda.
Durante varias semanas siguieron su pista y pasaron por cinco frigs, pero no se hallaba en ninguno de ellos: Cuando se acercaban de nuevo a otro frig, el perro y el cuervo le avi­saron de que se encontraba allí, prisionera y casada con el viejo y poderoso jefe.
Nehry Bugam empezó los preparativos para atacarlos al día siguiente. Al amanecer entró por sorpresa y mató en pri­mer lugar al viejo. Luego arrasó todo el frig, rescató a su mu­jer y se la llevó llorando de alegría.
Los hombres del gazi llegaron al frig y, al encontrar a su jefe muerto y no ver por ninguna parte a Dayesmus, salieron en su per-secución.
Ella había sufrido mucho durante su cautiverio y se en­contraba muy débil. Le confesó a su marido que antes de caer de nuevo en manos de esta gente tan cruel se mataría. Por ello, cada vez que veían el gazi a lo lejos los camellos grita­ban, el perro ladraba y el caballo relinchaba para que acelera­sen la marcha.
Por fin los hombres del gazi lograron alcanzarlos y Nehry Bugam volvió a enfrentarse a ellos. Después de un durísimo combate logró vencerlos y pudieron continuar su viaje.
Llegaron de nuevo a las montañas que se juntaban y se­paraban. Nehry Bugam las saludó y ellas le respondieron:
-¿Qué haces tú aquí otra vez?
Nehry Bugam les relató toda su historia y les suplicó que no mataran a su bella esposa y los dejaran pasar. Las monta­ñas, al contemplar la hermosura de Dayesmus, se apartaron admiradas.
Más tarde llegaron al uad lleno de serpientes y ocurrió lo mismo.
Por fin llegaron donde estaban los padres de Nehry Bu­gam, quienes los recibieron con mucha alegría y organizaron grandes fiestas en su honor.
Nehry Bugam se curó tras recobrar a su amor perdido y se convirtió en uno de los hombres más felices del mundo.

051 Anónimo (saharaui)


[1] Jalma: Animal pequeño que vive entre el pelo del camello.

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