Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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miércoles, 14 de enero de 2015

El loro bautizado .779

Había una vez un loro muy entendido, que repetía todo lo que le enseñaban. Se llamaba Pedrito.
Una vez la dueña le dijo al esposo:
-Che, viejo, vamos hacerlo bautizar a Pedrito.
Él le contestó que era bueno hacerlo, ya que no tenían hijos. La señora salió a buscar a un matrimonio para que le sirvan de padrino. Al día siguiente quedaron en bautizarlo. Lo habló al Padre para ir a la iglesia.
Al día siguiente salieron para la iglesia con los padrinos. Caminaron un trecho y empezó a llover. Quedaban bastante retirados de la iglesia.
Por ahí los alcanzó un lechero y les dijo que los podía llevar si en caso querían subir a la jardinera. Y ellos le contestaron que sí.
Cuando iban, el lechero sin darse cuenta se arrimó a un árbol, y un gajo le iba a pegar. Y él dijo, al tiempo que se atajaba:
-Epa, amigo, si no mi agarro me rompe la cabeza.
Y siguieron viaje. Y empezó a llover. Y seguía lloviendo, pero poco. Y dice el lechero:
-Esta agua cae, cae, no moja mucho, pero jode.
En lo que iba, se refaló un caballo y se cayó. Y se bajaron todos y le ayudaban a levantarlo. El lechero se puso furioso y les dice a los hombres:
-Peguelén un garrotazo por el lomo, que se levante.
Llegaron a la iglesia y se ponen a bautizar a Pedrito. Pedrito no hablaba pero atendía todo.
El Padre le pasó la mano por la cabeza, entonce Pedrito habló y dijo:
-Epa, amigo, si no me agacho me rompe la cabeza.
La dueña de Pedrito casi se desmayó.
El Padre le echaba el agua bendita en la cabeza, y entonce Pedrito dijo:
-Esta agua cae, cae, no moja, pero no deja de joder.
Entonce, la dueña, ya cayó desmayada y gritó Pedrito:
-Peguelén un garrotazo por el lomo, que se levante.
Y lo levantaron a la señora dueña de Pedrito y lo pusieron en el carrito del lechero y se fueron todos a la casa. Y allá lo reprendieron.
Pedrito nunca más dijo lo que no tenía que decir.

Faustino Evaristo Ponce, 28 años. La Banda. Santiago del Estero, 1958.

Cuento 779 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

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