Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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martes, 6 de enero de 2015

Donde está lola?

Marta estaba preocupada porque su gata Lola se estaba poniendo muy gorda. También se comportaba de una forma muy extraña y no quería meterse en su cesta.
-Debe de estar enferma -dijo Marta a su mamá. Tiene la tripa hinchada y hace días que no duerme en su cesta.
-No te preocupes -dijo mamá, abrazando a Marta. Si mañana no está mejor, la llevaremos al veterinario.
-Calla, calla -susurró Marta. Ya sabes que Lola odia ir al veteranario. 
-Pero el aviso llegó demasiado tarde: Loto ya se había ido.
Ni Marta ni su mamá pudieron encontrarla por ninguna parte. Tampoco vino corriendo cuando le pusieron un plato de leche. A la mañana siguiente todavía no había aparecido.
-Ha debido de oír que hablábamos del veterinario -dijo Marta mientras la buscaban. A lo mejor se ha escondido en el jardín.
La estuvieron buscando entre los macizos de flores, debajo del seto y encima de los árboles. Pero allí sólo había pájaros. Buscaron en la parcela de las verduras, pero el único animal que había allí era un conejo. También miraron en el cobertizo, pero lo único que encontraron fue ratoncitos. Después fueron al garaje y buscaron alrededor del coche, en el interior y también debajo. Pero sólo encontraron arañas.
Como Loto no estaba ni en casa ni en el jardín, mamó fue con Marta a mirar en el parque. Pero lo único que encontraron fue perros. Y Loto odiaba los perros, así que seguro que no estaba allí.
De camino a casa, Marta se subió a hombros de mamó para poder mirar encima de los garajes -y los cobertizos de la gente.
-Debe de haberse escapado lejos -sollozó Marta. No la volveremos a encontrar nunca.
Pero mamé tuvo una idea. Ayudó a Marta a hacer unos dibujos de Lola y luego escribieron debajo: «Se busca». Pusieron también su número de teléfono y repartieron los carteles por los buzones de toda la calle.
Esa tarde, la señora Pérez, que vivía al lado, asomó la cabeza por encima del seto.
-Venid a ver lo que he encontrado en la cesta de la colada -dijo con una sonrisa.
Marta y su mamó pasaron corriendo a la casa vecina. Cuando Marta vio lo que la señora Pérez tenía en la cesta de la colada, no pudo dar crédito a sus ojos. Allí sentada estaba Lola. Se la veía muy delgada y satisfecho. Y a su lado estaban acostados cinco gatitos chiquitines. Hacía tan poco tiempo que habían nacido que todavía no podían abrir los ojos. Loto no había estado enferma: ¡había estado esperando gatitos!
La señora Pérez dijo que se podían quedar con la cesta mientras Loto la necesitase, así que mamá llevó la nueva familia a casa. ¡Qué emocionada estaba Marta! Estaba impaciente por contarle a todo el mundo que había estado buscando un gato ¡y había encontrado seis!


0.999.1 anonimo cuento - 061

Chispa, el bebe dragon

Chispa era un pequeño dragón que vivía en una cueva muy lejana. Como ya sabes, los dragones pueden lanzar llamas por la nariz. Pero lo que tal vez no sabes es cómo aprenden a hacerlo cuando son pequeños.
-Mírame -dijo su mamó. Sopló una gran llama y encendió una vela.
-Ahora, mírame a mí -dijo papá. Echó el aliento sobre los troncos de una hoguera y encendió el fuego.
-Ahora, miradme a mí -dijo Chispa. Sopló hasta que se le puso la cara roja y dos o tres chispas le salieron por la nariz y las orejas.
Sus padres lo felicitaron y Chispa se sintió muy orgulloso. Un día, mamá y papá tuvieron que salir.
-Quédate en casa -le dijeron. No salgas y tampoco dejes entrar a nadie. La bruja malvada odia a los dragones pequeños y los convierte en teteras sólo para divertirse.
A Chispa no le importaba quedarse en casa, porque tenía unos muñecos nuevos para jugar. Acababa de empezar cuando oyó fuera el sonido de un timbre. «¡Ding-ding!, ¡ding-ding!»
-¡Helado! ¡Al rico helado! ¡Vengan y compren helado! -decía una voz.
Chispa se asomó. Allí afuera había un carrito de helados de brillantes colores conducido por una anciana que sonreía bondadosamente. De pronto, la anciana soltó una sonora y aguda carcajada. En cuanto Chispa la oyó, supo que era la bruja. Cerró la puerta y echó la llave. «¡Uf! ¡Qué cerca he estado!», pensó Chispa. La tarde trans-currió tranquilamente hasta que, de pronto, sonó el timbre de la puerta.
-¿Quién es? -preguntó Chispa.
-Soy el tío Santi -dijo una voz. He venido a buscarte para ir a pescar.
-¿Eres tú de verdad? -preguntó Chispa.
-Por supuesto que sí -dijo el tío Santi con una carcajada.
Pero Chispa oyó la aguda y sonora carcajada y supo que era la bruja. Al cabo de un rato, oyó llorar a alguien. Miró por la mirilla de la puerta y vio a un bebé dragón en el umbral.
-He perdido a mi mamá -sollozó el bebé.
Chispa abrió la puerta para que el bebé dragón entrara y entonces... ¡El dragón se convirtió en una bruja! La bruja agitó su varita, pronunció las palabras mágicas «¡Ta-ra-ra-bum-bum!» y se puso a girar a toda velocidad. Chispa sopló con todas sus fuerzas y, para su sorpresa, la bruja quedó rodeada de una nube de humo. Cuando el humo se aclaró, vio que la bruja se había convertido en una tetera. En ese momento regresaron mamá y papá.
-¿Algún problema mientras estábamos fuera? -preguntó mamá dándole un beso.
-Nada especial -dijo Chispa. Pero la próxima vez, ¿podré ir con vosotros?
-¡Claro! -dijo mamó. Y ahora vamos a hacer té con esta tetera nueva.


0.999.1 anonimo cuento - 061

Chiqui, el más pequeño de los cachorros

Chiqui era el cachorro más pequeño de la camada. Todos sus hermanos eran más grandes que él. No es que le importara demasiado, pero los demás siempre le estaban gastando bromas.
-Quítate de en medio, canijo -se reían de él cuando a la hora de comer lo empujaban a un lado.
-¡El que llegue el último es un bebé! -ladraban cuando salían corriendo a jugar. Y Chiqui siempre perdía.
-Eres pequeño porque fuiste el último en nacer -le explicó su mamá. Por eso eres tan especial.
Pero en vez de especial, Chiqui se sentía triste. Un día vino una familia a ver los cachorros.
-Poned buena cara -les dijo su madre. Han venido para llevarse a casa a uno de vosotros.
Lógicamente, todos los cachorros querían ser el elegido, pero sólo podía serlo uno, y no fue Chiqui. Durante los días siguientes vino mucha gente a la casa. Todo el que vino se llevó un cachorro, pero nadie eligió a Chiqui, que al final era el único que quedaba.
-Nadie me quiere -sollozó Chiqui. No soy tan bueno como los demás perros.
-No seas tonto -le dijo su mamá. Tú eres muy especial.
Al día siguiente fue a la casa una niña pequeña.
-¡Oh, qué bien! Me han guardado uno -dijo riéndose.
Chiqui miró a su alrededor para ver de quién estaba hablando, pero allí no había nadie más. De pronto, Chiqui sintió como alguien lo levantaba y daba varias vueltas con él.
-¡Eres el cachorro más precioso del mundo! -dijo la niña, que se llamaba Elena, con una sonrisa.
Chiqui se sintió un poco mareado, pero le devolvió la sonrisa. Después de todo, parecía que alguien lo quería.
«Me pregunto adónde iremos», pensó Chiqui mientras se despedía de su mamá. Pero enseguida lo averiguó, porque su nueva casa estaba justo al lado.
Cuando Chiqui se hizo lo suficientemente mayor, Elena y su padre lo llevaron a pasear por el bosque. A Chiqui le gustó mucho que su mamá los acompañase, pero en el bosque se escondió detrás de ella porque le daba vergüenza que alguien viera lo pequeño que era. De repente, algo pequeño y suave lo rozó.
-¡Hola, canijo! -ladró una voz familiar.
Era su hermano mayor, pero daba la impresión de haber encogido. A Chiqui sólo le llegaba por el hombro.
-No es que haya encogido -contestó su mamá, riéndose, cuando Chiqui se lo dijo bajito al oído. Es que tú has crecido.
Después se encontraron con dos de sus hermanas y estuvieron jugando. Su madre los miraba llena de orgullo. Y no pudo evitar reírse cuando Chiqui se dio la vuelta y ladró:
-¡El que llegue el último es un bebé!


0.999.1 anonimo cuento - 061

Culete arriba!

Había llegado el momento de que la pata Dora enseñase a sus patitos a bucear.
-¡Es muy fácil, patitos! -les dijo. Tenéis que meter la cabeza debajo del agua y levantar el culete en el aire. Sólo tenéis que recordar esto: ¡cabeza abajo y culete arriba!
Los patitos asintieron y empezaron a practicar. Unos pocos lo lograron a la primera.
-¡Hay un montón de cosas interesantes aquí debajo! -dijo uno.
-¡Así es! -exclamó Dora. Y por eso tenéis que aprender a bucear. Sólo los patos sabemos lo que pasa debajo del agua.
Los patitos estuvieron practicando toda la tarde. ¡Cabezas abajo! ¡Culetes arriba! Uno tras otro, todos lo fueron consiguiendo.
-¡Mamá, mira! ¡Hay peces chiquitines que brillan! -chilló uno.
-¡Y un cubo viejo! -exclamó otro.
-He encontrado una cosa gelatinosa que está muy rica -dijo un tercero.
Al caer la tarde, todos los patitos sabían bucear, excepto uno.
-¿Qué pasa, Darío? -dijo Dora.
-Tengo miedo de no poder volver a salir -susurró el patito.
-Pero, Darío -contestó Dora, para volver a salir sólo tienes que levantar la cabeza y bajar el culete.
Sin embargo, Darío no quería intentarlo. Dora lo animó todo lo que pudo, pero cuando empezó a ponerse el sol, comenzó a impacientarse.
-Todos los patos bucean, Darío -le dijo. Tú también puedes. ¡Vamos! Una, dos y tres, ¡BUCEA!
-Voy a ser un pato que no bucea -dijo Darío, que seguía dudando. No veo la necesidad. No estoy seguro de que me vaya a gustar meter la cabeza debajo del agua. Ahí abajo hace frío y a lo mejor no soy capaz de volver a levantar la cabeza cuando esté con la cola en el aire. Tampoco quiero cazar un montón de cosas gelatinosas aunque tengan buen sabor, ¡me podrían hacer cosquillas en el pico!
Dora no dijo una palabra, pero se le ocurrió una idea...
-¡A cenar! -exclamó.
Todos los patitos levantaron la cabeza.
-No tenemos hambre -dijeron. Hemos estado todo el día comiendo peces, cosas gelatinosas y deliciosas lentejas de agua.
-Yo sí que tengo hambre -dijo Darío. Tengo mucha hambre. Así que Dora se sumergió y le buscó un hermoso pez.
-Aquí tienes, Darío -dijo al volver a salir. ¡Ay!
Al abrir el pico para hablar, se le había caído el pez y éste había vuelto a desaparecer debajo del agua.
-¡Mi cena! -gritó Darío. ¡Y bajó la cabeza! ¡Y levantó el culete! Y así se sumergió buceando rápidamente y atrapó su cena.
-¡Lo conseguí! -exclamó, volviendo a salir a la superficie.
-¡Bien hecho! -le dijo Dora, con una sonrisa de felicidad. Pero por favor, cariño, ¡no hables con la boca llena!


0.999.1 anonimo cuento - 061

Cuentos de tigre

Luis y Lisa León estaban aprendiendo a abalanzarse. Su papá les había dicho que tenían que practicar mucho, así que ahora andaban rondando por la selva en busca de presas a las que saltar encima.
-Veo algo naranja y azul que se mueve -susurró Lisa. Allá voy...
Mientras Lisa saltaba encima de una mariposa, Luis descubrió algo verde que daba saltos. Se arrastró hasta allí y... ¡SE ABALANZÓ!
Los dos cachorros iban saltando por la selva cuando Luis vio de repente una ráfaga naranja y negra entre los arbustos.
-Una serpiente a rayas -susurró. No puedo dejarla escapar.
Y en el momento preciso... ¡SE ABALANZO!
-¡Aaayyy! -gritó una voz. ¿Quién me ha cogido de la cola?
La voz era de un cachorro a rayas del mismo tamaño que Lisa y Luis.
-¿Quién eres tú? -le preguntaron.
-Soy Tito Tigre -respondió el cachorro. Acabo de mudarme. Antes vivía en El Otro Lado de la Selva.
-Nosotros somos Luis y Lisa León -dijo Lisa. ¿Qué te parece si te enseñamos nuestro lado de la selva?
-Éste es nuestro río -dijo Luis, orgulloso.
-Es bonito -dijo Tito- pero pequeño. Nuestro río en El Otro Lado de la selva era tan ancho como cincuenta troncos de palmera puestos en fila uno tras otro. ¡Y yo puedo cruzarlo nadando y volver sin parar ni una sola vez!
-Nosotros aún no sabemos nadar -dijo Lisa. ¿Nos enseñas?
-Mejor en otro momento -respondió Tito. Me estoy curando un catarro y mamá me ha dicho que me esté una temporada sin nadar.
Un poco más adelante, Luis y Lisa vieron al hipopótamo Gerardo.
-¡Ven a conocer a nuestro nuevo amigo Tito Tigre! -lo llamaron. Gerardo sonrió abriendo muchísimo la boca.
-Encantado de conocerte -dijo.
-Lo mismo digo -respondió Tito, sin acercarse.
Cuando siguieron su camino, Tito dijo:
-En El Otro Ludo (le lo Selva hay un hipopótamo con una boca como una cueva. ¡Le caben tres tigres dentro!
Al cabo de un rato, algo se descolgó de una rama delante de ellos. Tito dio un salto, pero Luis y Lisa sonrieron.
-¡Hola, Sara Serpiente! Te presentamos a nuestro nuevo amigo Tito Tigre.
-Sssaludosss -siseó Sara.
-Me alegro de conocerte -dijo Tito, algo inseguro.
-Bueno, ya nosss veremosss -respondió Sara, y se fue siseando.
-En El Otro Lado de la Selva había serpientes que eran tan gruesas como tres troncos de círbol. Una vez, una se me tragó -dijo Tito.
-¡Oh, no! -gritaron Luis y Lisa.
-Sí -respondió Tito. Pero mi papá golpeó a la serpiente en la cabeza y la obligó a escupirme. Mi papá es muy fuerte, es más grande que un elefante y puede llevar seis gorilas a la espalda. Y mi mamá se pone de pie sobre las patas de delante y con las de detrás hace malabarismos con cocos y...
-Y... ¿qué? -preguntaron dos tigres de tamaño normal que apare-cieron sonrientes ante ellos.
-Y... aquí están -dijo Tito tímidamente. Mamá, papá, os presento a mis amigos, Luis y Lisa.
-Encantados de conoceros -dijeron los señores Tigre.
-Como podéis ver -añadió la señora Tigre, somos tigres normales y corrientes.
-¿Y todas esas cosas asombrosas que nos ha contado Tito? -preguntó Luis. ¿Cómo es El Otro Lado de la Selva?
-Exactamente igual que éste -dijo el señor Tigre.
-¿El río, pues, no es tan ancho como cincuenta troncos de palmera? -preguntó Lisa.
-¿Tampoco hay un hipopótamo con una boca como una cueva, ni una serpiente que se tragó a Tito? -preguntó Luis.
-En absoluto -dijo la señora Tigre, riéndose.
-¡Son unos cuentos muy buenos! -trató de justificarse Tito, incómodo.
-Sí - dijo la señora Tigre, pero no son más que cuentos. Como allá donde vivíamos antes no tenía a nadie con quién jugar -añadió, dirigiéndose a Luis y Lisa, se pasaba el día inventándose aventuras.
-Pero ahora que tiene amigos como vosotros -añadió el señor Tigre, a lo mejor vive aventuras de verdad.
-Y vas a conocer a más amigos, Tito -dijo Lisa. Por ejemplo, Miguel y Marco Mono, y Chico Chimpa.
-En El Otro Lado de la Selva también había monos y chimpancés -dijo Tito.
-¿De verdad? -preguntó
Lisa mirando a su hermano
-Sí -dijo Tito. Pero no jugábamos juntos. Tengo muchas ganas de conocer a Miguel, Marco y Chico.
Así que se fueron todos juntos a por todas las aventuras y emociones que Este Lado de la Selva les pudiera ofrecer.


0.999.1 anonimo cuento - 061

Cosas de cerdos

En la granja del viejo Martín todos sabían que dentro de poco sería el cumpleaños de Tolo. El caballo iba a cumplir muchísimos años; tantos, que la mayoría de los animales no sabían contar hasta tanto.
-Tenemos que organizar una fiesta especial con muchos juegos -dijo la oveja María por lo bajo.
-Eso sería divertido para nosotros -contestó la vaca Paca, pero Tolo es un caballo muy viejo y no sé si eso le va a gustar mucho.
Como los cerdos siempre están pensando en comer, a nadie extrañó que Ceferino propusiera organizar un banquete.
-Si cada uno de nosotros guarda un poco de su comida todos los días, podemos reunir un montón para el cumpleaños de Tolo -dijo.
A todo el mundo le pareció una buena idea, así que los animales buscaron un escondite para la comida en el establo. En poco tiempo reunieron un enorme montón de cosas sabrosas, deliciosas y exquisitas, g a medida que se acercaba el día se iban poniendo más nerviosos.
La víspera de la fiesta el montón de comida era impresionante.
Los animales sabían que a la mañana siguiente Martín y su mujer se irían al mercado muy temprano y tendrían todo el patio de la granja para ellos.
Cuando se hizo de noche, algunos de los polluelos y cachorros no podían ni dormir de la emoción.
La luna brillaba ya sobre la granja del viejo Martín, pero Ceferino seguía despierto. Daba vueltas y vueltas, intentando con todas sus fuerzas no pensar en el enorme montón de deliciosa comida.
Pero no hay nada que dé más hambre a un cerdo que saber que tiene cerca un montón de cosas ricas. Sabía que eran para la fiesta, pero, por más que lo intentaba, Ceferino no podía dejar de pensar en la comida.
-Un bocadito o dos no tienen importancia -se dijo. Nadie echará de menos una sabrosa manzanita o un puñadito de grano, ¿verdad?
Con la boca haciéndosele agua, Ceferino salió arrastrándose de su pocilga y, de puntillas, llegó hasta la puerta del establo. ¡Niiiiiiiiiiiiik! La empujó con el hocico para abrirla y entró.
-¡TE PILLÉ, CERDO CEFERINO! -cloqueó la gallina Catalina mientras salía de un salto de detrás de una paca de paja. Ceferino, viejo trasto -añadió riéndose, sabíamos que no ibas a ser capaz de resistir ante tanta comida y decidimos hacer guardia toda la semana. Vuelve a la cama y espera hasta mañana.
Ceferino se puso rojo: ¡lo habían pillado!
A la mañana siguiente, mientras todos los animales devoraban el fabuloso banquete, Ceferino les dijo que lo sentía mucho.
-No te preocupes -respondieron. Son cosas de cerdos. ¿Quieres otra manzana, Ceferino?


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Con viento y nieve

El viejo Martín se asomó por la ventana y decidió ponerse tres jerseys más.
-Me parece una buena decisión -dijo tu mujer de Martín. Si nieva, tienes que abrigarte.
-Lo que me preocupa es que nieva y hace viento -contestó el viejo Martín. Tengo que comprobar que las ovejas se encuentran bien. No les gusta nada que la nieve se amontone. Es hora de que regresen del prado.
Entre jadeos y resoplidos, el viejo Martín se puso las botas y se fue al prado acompañado por Bruno, el perro pastor. Pero, cuando llegaron, no pudieron ver las ovejas por ningún lado, porque estaban completamente cubiertas de nieve.
-En días como éste, desearía tener ovejas negras en vez de blancas -dijo el viejo Martín.
De repente, Bruno empezó a comportarse de una forma extraña, saltando arriba y abajo con las patas juntas, como suelen hacer las ovejas. El viejo Martín comprendió lo que Bruno le quería decir y le acarició la cabeza. A continuación, gritó:
-¡Hoy vamos a celebrar un concurso de salto para entrar en calor! ¡Me parece que los conejos del campo vecino son los que van a ganar!
¡Plofff! Una oveja llena de energía apareció de un salto, esparciendo nieve a su alrededor. ¡Plofff! ¡Plofff! Dos ovejas más saltaron por el aire sacudiéndose la nieve del pelaje. Al momento, el campo se llenó de ovejas que saltaban y rebotaban. Las ovejas querían asegurarse de que los conejos no les ganarían, pero éstos se encontraban durmiendo en sus madrigueras, sin enterarse de que su honor como saltadores estaba en entredicho.
Cuando volvieron a la granja, los demás animales pudieron ver lo calentitas y contentas que se sentían las ovejas, e inmediatamente se pusieron a imitarlas. El patio de la granja se llenó de animales que se reían a carcajadas mientras saltaban arriba y abajo. Un espectáculo muy curioso.
Quien no se puso a saltar fue el viejo Martín, que estaba jadeando y resoplando mientras intentaba quitarse las botas. Lo único que quería era meterse en casa y comer junto al fuego. Le estaba llegando el olor del almuerzo y aquella caminata le había abierto el apetito.
Tampoco Bruno pensaba quedarse ahí fuera con todos esos animales saltarines. No hacía más que pensar en su hueso, pues su estómago vacío era mucho más importante.

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