Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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sábado, 13 de septiembre de 2014

La liebre y el sapo .485

Se hicieron una carrera la liebre y el sapo. Y es claro, el sapo es mucho más lerdo. Se puso di acuerdo con unos cuantos sapos para ponerse así a distancia uno más allá de los otros. Claro, como todos los sapos son igualitos, no se distinguen.
Largaron la carrera. Cada vez que iba corriendo la liebre, cuando quería acordar, saltaba delante un sapo. Y seguía, y más allá le saltaba otro sapo. Y siempre le saltaba uno adelante y le ganó no más el sapo.

Elías Alcaraz, 51 años. Las Lomas Blancas. Ayacucho. San Luis, 1951.

Cuento 485. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

La guerra del tigre y el zorro .531

El tigre no podía con el zorro. Entonce dice:
-A este bicho no se le puede ganar, hay que hacerle una guerra.
Entonce el tigre lo llamó al zorrino. Y vino el zorrino y le dijo:
-¿Qué quiere mi tío?
-Ve, zorrino, yo te voy a nombrar capitán.
-¿Pa qué?
-Tenemos que librarle una guerra al zorro. Es la única forma de matarlo. Nosotros buscamo los animales más feroces, los leone, los elefante, las panteras, todos los más malos.
Y el capitán habló a los animales feroces, y ya viene y le dice al tigre que estaban listos. Y entonce le dice:
-Bueno, Capitán, usté se va con el parte al zorro y le dice que para tal día tenemos una guerra.
Y entonce el Capitán va y le dice al zorro:
-Permiso, don Juan. Vengo de parte del tigre que se prepare, que para tal día, le trái una guerra.
-Digalé a mi tío que estamos dispuesto a todo, que venga no más.
Y entonce el zorro se fue a buscar los animales feroces, pero ellos le dijeron:
-Nosotros estamos ya comprometidos con el tigre, no podemos.
Entonce se fue a ver las abejas. Y la madre de las abejas le dijo:
-Vea, lo vamos ayudar. Usté no se apure.
Juntó todas las abejas, las avispas y todos los animales de flecha, y los tenía listos.
Entonce va adelante el zorrino a decirle al zorro que estea listo. Y el zorro le dijo que estaba muy bien y le largó unas poquitas abejas. Y lo agarraron al zorrino por la cola, por los ojos, por las orejas, que casi lo enloquecieron, y se tuvo que largar al agua pa librarse. Y le dijo al tigre que el zorro esperaba la guerra, pero no le contó de lo demás.
Entonce ya marchó con su ejército el tigre y le dice al zorrino que vaya adelante. Y el zorrino no quiso por nada:
-Yo voy a dir a la retaguardia pa que el ejército no se vuelva -le dice, y se puso bien atrás.
Y cuando llegaron salió el avispero y se les prendieron las abejas por todos lados a los animales feroces y al tigre. Y estaban locos, se revolcaban y no sabían qué hacer. Y el zorrino les comenzó a gritar, bien de lejos:
-¡Al agua mi tío! ¡A la laguna!
Y recién se salvaron cuando se tiraron al agua. Y ganó el zorro.

Vicente Rossi, 61 años. Tandil. Buenos Aires, 1957.

Es el único cuento en el cual el tigre le declara esta guerra al zorro.

Cuento 531. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

La guerra del tigre y del abejon .522

Se hicieron una guerra el tigre y el abejón y cada uno juntó su gente. El abejón juntó todos los animales de flecha y los puso en un porongo. Y el tigre juntó la gente con garras como el león, el gato montés, los zorros. El zorro, que se llama Juan del Campo, era el asistente del tigre. Ya cuando estaban todos listos, lo manda el tigre al Juan del Campo a ver la gente contraria.
Se asoma Juan del Campo y el abejón dice:
-Éste viene explorando -y le lanzó una avispa.
La avispa lu agarró por el trasero al zorro. Y, ¡uta!, pegaba el zorro unos saltos pa arriba y se revolcaba. Y no sabía quí hacer, hasta que se mandó a la laguna. Y áhi se salvó de la avispa.
Y el Juan del Campo volvió ande 'taba el tigre y no dijo nada.
-¡Si ni gente se ve! -le dijo el zorro al tigre. Cuando lleguemos no más les vamos a ganar.
Y ya llegó el ejército del tigre bramando y no veían nada. Y entonces preguntaron por el capitán.
-Presentesé -le dice el tigre- que ya le vamos a meter balas.
Y ya que el abejón tocó su instrumento -que tiene voz como corneta, el abejón- y destapó el porongo. Y salió el ejército de flechas y lo atacó al de garra. Que se les prendieron por la boca, por los ojos, por el trasero, y los flechaban sin lástima. Y áhi se dieron güelta y huyeron desesperados los animales salvajes. Y el zorro que si había quedado aparte, mirando, que les gritaba:
-¡Aprovechen, tirensén al agua, como lo hice yo! ¡Tirensén al agua como yo!
Y si han echado al agua y di áhi si han disparado al campo.
Y ganó el abejón con su ejército de soldaditos tan chiquitos, pero tan bravos.

José Mercedes Brizuela, 70 años. Lavalle. Mendoza, 1951.

El narrador es hombre del pueblo.

Cuento 522. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

La guerra del tigre con el quirquincho .523

Una vez s'hicieron guerra el quirquincho con el tigre. Cada uno se puso a juntar gente. El tigre juntó los animales de dientes y de uñas, los tigres, los liones, los zorros, los chiñe, los gatos monteses, las comadrejas. El quirquincho juntó los bichos del campo de lanceta, las abejas, las avispas de todas clases -qui hay tantas, los matarañas, los abejones. El rey de las abejas y de las avispas li ayudaba al quirquincho. 'Taban todos los animales de flecha en unos poronguitos.
El tigre lo manda a don Juan, al zorro, comu es tan activo a que vea cómo va la guerra.
Don Juan va y habla con el quirquincho:
-Estoy dispuesto -le dice el quirquincho. El día que quera.
Y el zorro no sabía cómo hacer pa ver la gente que tenía el quirquincho. El quirquincho li había dicho que su gente eran bichos chicos, de lanceta. Y él había visto algunos qui andaban sueltos. Entonce va el zorro y le dice al tigre:
-Si no tiene ni pa principiar, si tiene cuatro avispas locas. Yo sólo me las aplasto. Yo tapandomé los ojos y la nariz, con la cola me defiendo. Hay que avanzar, ya 'tá listo.
-Mirá qui hay que ver bien, chey -le dice el tigre; mañana vamos a hacer el avance a las diez. Vos vas a ir primero, pa qui avisís comu es la gente.
Y al otro día hicieron el avance. Pegó un grito el zorro y salió adelante:
-¡Listos, muchachos, para avanzar!
Y avanzaron la gente de los dos lados. Cuando llegó el zorro, pegó un grito el quirquincho, y el rey de las abejas y de las avispas largó la gente de un poronguito. Y lu agarraron a flecharlo al zorro por todo el cuerpo. Se revolcaba, el zorro, de dolor, que no se podía defender. Se levantaba y se volvía a quer. Y al fin se encontró con un pocito di agua y se zampó áhi. Y no dijo nada para que a los otros que venían atrás también les pasara la misma mano.
Y avanzaron los animales de dientes y de uñas, y los agarraron la gente de lanceta. Los flechaban por los ojos, la cola, las narices, por todas partes, ande se podían meter. Y éstos no se podían defender. Y 'taban locos. Y andaban entre verados en la tierra, enterrandosé, redotados. Y ganaron no más los de lanceta.
Y áhi el quirquincho lo redotó al tigre.

Máximo Reyes, 68 años. Las Cuevas. Tupungato. Mendoza, 1951.

Muy buen narrador.

Cuento 523. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

La guerra del tigre con el champi .519

Una vez se declararon la guerra el tigre con el champi. El tigre reunió sus tropas que eran los animales de uña y diente, como el zorro, el puma, lobo, león, gato montés. Y el champi reunió todos los animales de flecha, como bumbunes, avispas, guanqueros.
El champi acuarteló su gente dentro del hueco de cañas donde se sentía un solo zumbido y el tigre reunió sus tropas a campo raso.
El tigre creía una fija ganar esta guerra. Nunca podía pensar que animales tan pequeños pudieran vencer a ellos que eran fuertes y poderosos.
Como era necesario saber con qué número contaba el champi, el tigre lo manda al zorro por más diablo, con esa misión. El zorro llegó al campamento del champi y le pide que le largue siquiera unos diez para hacerle ver quien era él. El champi le hizo una largadita de unos pocos. Unos se le prendieron de los ojos, otros del hocico y otros del sieso. El zorro grita y huye hasta meterse en un pozo con agua que había en las proximidades.
Luego vuelve a su campamento y le informa al tigre que el enemigo era mucho, pero que cada uno de ellos podía batir a más de cien enemigos. Entonces el tigre ordena marchar sobre el enemigo, pero el zorro se queda a la cola de las tropas.
Y ya los enemigos frente a frente, el champi le larga una parte de su gente, sucediendolés lo mismo que al zorro. Y el zorro les gritaba desde lejos:
-¡Al agua, compañeros, como yo lo hice!

Norberto Peñaloza, maestro. Tama. Vélez Sársfield. La Rioja, 1948.

El narrador ha oído el cuento a campesinos de la región con frecuencia.

Cuento 519. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

La guerra del sapo y del tigre .526

Que un día venía el tigre, y lo pisó al sapo. Lo vio, y no l' hizo caso, y lo pisaba a propósito el tigre. El sapo decía que no lo pisara, y el tigre que le dice:
-Te voy a pisar no más -y que más lo apretaba.
-Te voy a hacer una revolución -que le dice el sapo, y el tigre que se reía.
Y ya el sapo que se enojó y le dijo que le iba hacer una guerra en serio.
-Bueno -que le dijo el tigre, y se reía.
Ya se pusieron de acuerdo en el día y en el lugar que s' iban a encontrar.
El sapo buscó toda gente de flecha. Como avispas, abejas, abejones de todas clases.
El tigre buscó gente de uñas como zorros, zorrinos, pumas, tigres.
Y ya llegó el tiempo que tenían que peliar y reunieron toda la gente de cada uno. Ya llegó el sapo y se ganó abajo de un espinillo. Que la gente del sapo 'staba entre las ramas, las hojas, que ni se veían. El sapo que 'staba quietito, y no decía nada.
El tigre reunió toda su gente. Bué... ya 'taban todos juntos, y que lo manda al zorro a ver la gente del sapo. Y ya vuelve el zorro y dice:
-¡Uh! Tá solito el sapo, sin nadie. 'Tá echadito en el tronco 'el monte.
Y ya volvió el zorro y le avisó al sapo que venía el tigre con su gente, que iban a avanzar. Y que el zorro, compadrón, lo provocaba y le decía que qué iba hacer solito su alma. Bué... Y ya se toparon. Que el zorro venía en punta. ¡Qué miércoles!, y salió la gente del paso. Y al primero que agarraron fue al zorro, y se le prendieron por abajo de la cola, puel hocico, por todas partes.
¡Qué pucha, caracho!, y disparó el zorro, y el jefe lo mismo, y toda la gente de uñas salieron que se las pelaba, despavoridos, pidiendo socorro. Y así ganó la guerra el sapo con la gente de flecha.

Jorge Pardo, 36 años. Embalse La Florida. Pringles. San Luis, 1958.

Cuento 526. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

La guerra del sapo con las fieras .513

Había una vez un sapo que le tenía rabia al tigre y lo desafió a un combate. La guerra tenía que ser en un lugar encerrao, según determinó el sapo.
El tigre intrigao al verlo al sapo tan corajudo, lo mandó a su sobrino el zorro para que, haciendosé el tonto, viera con qué elementos contaba el sapo.
El sapo tenía para la lucha, cajas de barro llenas de avispas, guanqueros, pijes, caranes, a las que tenía tapadas y puestas de trecho en trecho en todo el local.
Al verlo al zorro que se acercaba, urgó las cajas para hacerlas enojar a las sabandijas y lo hizo dentrar al zorro, trancó la puerta y le sacó la tapa a la caja con los bichos. Éstos se prendieron del zorro que daba gritos y no podía encontrar la puerta pa juyir. Cuando ya lo vio muy enloquecido le abrió la puerta para que se escape y el zorro se tiró en una represa con agua para amortiguar el dolor. Luego se fue a la casa del tigre y le dijo que el sapo sólo contaba con unos cuantos sapos locos, cuidandosé de contarle lo que le había sucedido.
El tigre para estar más seguro, invitó a todas las fieras del monte, y avanzaba con su ejército al lugar del combate, diciendolé al zorro que como conocedor, haga la punta, pero el zorro, sabedor de lo que iba a pasar se escabulló a una orilla, dejó pasar a los otros y él se quedó rezagao.
Cuando entraron, el sapo destapó su ejército y enfurecidos por el bochinche se prendieron a las fieras, y era una de bramidos y gritos de desesperación.
Cuando ya los vio rendidos, el sapo les abrió la puerta y salieron a los tropeles con el zorro a la cabeza que los llevó derechito a la represa donde él amortiguó las picaduras y se revolcaban de dolor, mientras que el sapo se despanzurraba de risa en la puerta de su casa.

Isabel Jiménez de Acosta, 65 años. San Miguel. Río Chico. Tucumán, 1954.

Nativa de la región. Tiene cierto grado de cultura. Buena narradora.

Cuento 513. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033