Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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lunes, 9 de diciembre de 2013

El burro y el tigre y la guerra de los animales .525

El burro que tenía una aguadita para él, áhi no más. Y entonce una vez había ido el tigre a la aguada y dispuso de echarlo al burro. Y que le dijo el burro que no l' iba entregar nada el virtiente, que era d' él. Y entonces estos ya se dispusieron a una guerra, a peliar, a ver quen se quedaba con el vertiente.
Entonce quedaron en juntar la gente que iba a peliar con ellos, plazo de tres días. Y cada uno iba a juntar su ejército. Y el tigre que juntó los tigres, liones, zorras, zorrinos, animales feroces de uñas y de dientes.
Y el burro qué iba a hacer, jue de discurso no más, y así ganó. Les empezó a avisar a las avispas y a las abejas que venían a tomar agua, que el tigre iba a venir a quitarle el virtiente y que naide más que él iba poder tomar agua áhi. Y les pidió que se reunieran con él para peliar. Todas dijeron que bueno. Y juntó el burro, un gran ejército de abejas de toda clase, de avispas de toda clase, de abejones, de matarañas, todos animalitos de flecha. A unos pocos los embotelló y que los demás s' iban a quedar en los montes que 'taban cerca y que iban a salir a una voz. Que estaban negros los montes de bichos de flecha, esperando el aviso del burro para atacar. Todos 'taban áhi cerca, en unos talas, juntos para entrar en la pelea. El burro les iba avisar.
Y el tigre, que al tercer día lo manda a don Juan, al zorro, como de bombero, a ver como 'staba el ejército del burro y a decirle que se prepare, qu' él tiene muchísima gente y muy mala. Y que el burro le dice:
-Yo 'toy solo, no tengo más de mí y esa botellita con unas pocas avispas. No hay más de mí acá y esos bichitos.
Y el burro 'taba di acuerdo que cuando él refunara s' iban a venir todos sus ayudantes y iban a atacar.
Y el Juan de metido, y por ver, destapó la botella y salieron las avispas y lu agarraron. Y él salió huyendo que no se podía defender, y se ganó al agua para librarse de las avispas.
Bué... Y claro, él se dejó estar hasta que se libró de las avispas.
-¡Carái! -que dice el zorro, a mí no más no mi han de joder estos bichos, yo los voy hacer joder a los otros.
Y se jue ande 'taba el tigre, el zorro, y le dice que el burro 'taba solito, que tenía una poquita gente no más.
Y entonce avanzó el tigre con su gente. Empezaron a dentrar a una quebrada. Ya cuando comenzaron a pasar la aguadita, el burro ya refunó, y las avispas y los otros bichos con flecha se vinieron y los agarraron a los animales feroces por los ojos, por el trasero y por las partes que no tenían pelo. Y los animales con uñas y dientes no podían defenderse y se refregaban en el suelo, y no sabían cómo librarse de los bichos con flecha.
Y el zorro quedó lejito, no más, y que di allá les gritaba:
-¡Al agua, compañeros! ¡Al agua, compañeros!
Y algunos se largaron al agua y otros se dispararon y no volvieron más. Y el tigre también se disparó.
Y así el burro le ganó la guerra con los animalitos chicos, al tigre con los animales feroces, y quedó dueño de la aguada, ande dejaba beber a todos los animales del campo.

Prefiterio Heredia, 54 años. Las Cañas. Los Corrales. Ayacucho. San Luis, 1951.

Modesto propietario rural. Buen narrador.

Cuento 525. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

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El burro y el tigre y la guerra .528

Resolvieron hacer una pelea el burro y el tigre por un charco di agua, en tiempo de seca. Porque si tomaban l'agua los dos, pronto s'iba a acabar, y si la tomaba uno solo, duraba. El tigre fue el que manifestó que si no le cedía l'agua lo iba a peliar, y el burro le aceptó.
El tigre como vence, porque es el más fuerte, domina a todas las clases de animales de garra, y por la fuerza los hizo venir para peliar al burro. Y lo nombró como asistente de él al zorro.
El burro juntó un ejército de avispas y las puso en un gajo de tala.
Cuando calculó el tigre que el burro podía haber rejuntado su ejército, lo mandó al zorro que se entrevistase con el burro y le dijera si ya tenía listo su ejército. Así lo hizo el zorro y el burro le contestó que tenía su ejército listo. Y el zorro, en tono de farsa, le preguntó que adónde 'taba porque no se veía nada. El burro le contestó que lo tenía ahí, en un gajo de tala. Y era el ejército de avispas.
Bueno... El zorro le dijo que qué podía hacer ese puñado de moscas, que se las largara pa comerlas a todas. Y el burro, en vez de largarlas a todas, le largó tres no más. Dos de las avispas se le prendieron en los ojos, al zorro, y la otra en el trasero. El zorro dio un tremendo grito y disparó arrastrando la cola por el suelo, hasta llegar al charco. Desesperado se metió en l'agua pa sacarse las avispas. Después que lo dejaron las avispas salió del charco todo embarrado. Dispuso, entonces, revolcarse en las pajas y limpiarse el barro para que el tigre no se diera cuenta mayormente lo que le había ocurrido.
Al presentarse el zorro, a su general, éste le dijo que qué le pasaba en los ojos, que tenía tan hinchados y colorados. Y el zorro le contestó que tenía los ojos hinchados de rabia por la farsa que le quería hacer el burro de peliarlo con un puñado de moscas. Y le dijo que si no quería crer que juera él solo, pa que viera que no precisaba ejército para peliarlo.
Y el tigre aceptó la proposición y jue a ver al burro. Y le dijo al burro que áhi venía a peliarlo y el burro le largó al tigre todas las avispas. Movió el gajo de tala y salió el enjambre de avispas y lu agarraron al tigre por todo el cuerpo a flechazos, que lu enloquecían de dolor. Si largas eran las corridas qui hacía el zorro, más largas eran las del tigre y más las revolcadas que se daba, lo que lo flechaban las avispas por las partes del cuerpo que podían.
El zorro que lo estaba espiando sobre el bordo del charco, le gritaba al tigre:
-¡Al charco, mi tío! ¡Al charco, mi tío!
Del resultado de la flechadura de las avispas el tigre murió y perdió la guerra.
Por eso hay que convencerse que no hay enemigo chico.

Lorenzo Arturo Ferreyra, 60 años. Villa General Mitre. Totoral. Córdoba, 1952.

Cuento 528. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 030

El burro, el zorro y las coyundas .410

Éste era un arador que tenía para el servicio un burro y los bueyes. Un día va y deja afuera las coyundas que tenía para uñir los bueyes. Esa noche viene un zorro y las lleva a todas. Bueno... Al otro día viene y no halla nada para uñir los bueyes. Y el hombre andaba buscando muy afligido. Y entonce dice que el burro lo ve y le dice:
-¿Qué es lo que le pasa, patroncito?
-Anoche parece que han llevau los zorros todas las guarniciones del arado.
-Se deja estar no más patroncito yo voy a ver si se las recupero.
Y se va al campo el burro. Rastrea los zorros hasta la cueva y en la puerta se hace el muerto. Áhi se tiró, estirau largo a largo. Y al poco rato sale un zorro chico y mira al burro muerto. Más pronto que corriendo le avisa a Juan viejo. Y Juan sale y ve áhi un burro muerto. Y entonce dispone llevarlo al interior de la cueva. Y entonce ordenó a los hijos que saquen lazos. Y empezaron a sacar lazos. Sacaron los robados al arador y algunos más que tenían de antes. Y lu ataron al burro de las patas, de las manos, del pescuezo, de la cola, de donde pudieron. Y los zorros se atan la punta de los lazos de la cintura, todos, para tirar mejor. Y al grito de Juan de ¡vamos!, hicieron un invión que medio lu hicieron ir al burro pa adentro. Entonce el burro pega un grito y se enderieza, y sale a lo que da, a toda furia, y enfila pal cerco para donde anda el patrón. Y cuál no sería la alegría del patrón al ver que el burro le tráia más lazos de los que eran d' él, y los zorros a la rastra. Y áhi tuvo el patrón el trabajo de matarlos a los zorros antes de dehatarlos.
A los pocos días se le pierde al patrón la carne que había llevado para comer en el rastrojo, en el tiempo que araba. Y él dice, enojau, conversando, adelante 'el burro:
-¡Cayate qué mala suerte! Tengo que 'star sin qué comer ahora. Ha de ser el cuervo, ¡desgraciau!, que mi ha llevau la carnecita qu' hi tráido para comer. ¡Este hijuna y gran...!
Entonce le dice el burro:
-¡Dejesé 'star! Ahorita se lo traigo. Maver que lo traigo, que lu encuentre no más.
Se va. Va y se buscó el palo donde venía a dormir el cuervo. Áhi cerquita s' hizo el muerto, se tiró al suelo, pero se cuidó los ojos, se los apretó con las patas delanteras. Y dejó las demás partes del cuerpo libre que disponga el cuervo. Entonce llegó el cuervo y áhi no más se bajó a comer d' este animal muerto. El cuervo como es su costumbre le buscó los ojos y al no poder picar los ojos le buscó las partes blandas, le buscó el trasero. Y viene el cuervo y mete la cabeza en el culo y entonce frunció el burro y le apretó la cabeza y siguió viaje. Y lo que el cuervo lo rajuñaba por las piernas seguía más ligero. Venía el burro despavorido. Saltó el cerco y el hecho es que en una horqueta de las ramas del cerco quedó encajau el cuervo. Pero se le refalaron todas las plumas de la cabeza en el trasero del burro, y el cuervo es pelau desde entonces.

Francisco Villarroel, 53 años. La Costa. Los Hoyos. Río Seco. Córdoba, 1952.

Campesino inteligente. Muy buen narrador.

Cuento 410. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 030

El avestruz y la garrapata .493

Un ñandú queriendo burlarse de una garrapata, la desafió a correr una carrera.
-Si me ganas -le dijo- te mantendré durante toda tu vida. En cambio si soy yo el ganador, te comeré sin lástima.
Lejos de ofenderse, la garrapata aceptó el desafío. Convenidas las condiciones, ésta puso como tal que el que llegara primero al lugar determinado como meta, debería sentarse ganando por consiguiente la apuesta.
Partieron. Dando largas zancadas el desafiante y la desafiada con un gran salto se prendió de la cola de aquél sin que él lo advirtiera. Sin gran apuro, ya que su contrincante no se veía por lado alguno, siguió andando hasta llegar a la meta, donde, al ir a tomar asiento, con gran sorpresa oyó que debajo alguien gritaba:
-¡Ay!, ¡que me aplastas!
Se da vuelta y casi se desmaya. Allí estaba la garrapata sentadita, quien por consiguiente había ganado la apuesta. Desde entonces, la garrapata vive constantemente a costillas del ñandú.
Ello demuestra que más vale maña que fuerza y que no hay enemigo chico.

José María Obregón. Estación Yotre. Mercedes. Corrientes, 1951.

El narrador es Director de escuela.

Cuento 493. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 030

El avestruz y el sapo y la carrera .505

El avestruz se reía del sapo porque andaba siempre a los saltitos. Entonces el sapo se enojó y le dijo que le corría una carrera.
-¡Qué vas a correr vos conmigo! -le dice el avestruz. ¡No tenés ni para empezar!
Tanto le dijo el sapo que le jugaba, que hicieron una apuesta. Se pusieron en la cancha, y largaron. Cuando largaron, el sapo, cuando se agachó el avestruz, se le subió arriba. Y claro, llegaron a la raya y el sapo se largó y le dice:
-Te gané. Llegué primero.
-Bueno -le dice el avestruz, corramos otra, a ver quién gana.
El avestruz se dio cuenta de la trampa.
Volvieron a largar. El avestruz se enderezó y largó. Y otra vez el sapo se le prendió. El avestruz con picardía, al pasar cerca de un alambrado, gambetió y se refregó en los alambres y lo largó al suelo al sapo. Entonce, el sapo, perdido, empezó a mirar para todos lados, no sabía qué hacer. Y el avestruz siguió.
-Ahora sí que te embromé -le dice el avestruz, te gané la apuesta.
Y así le descubrió la trampa al sapo que no le podía ganar nunca al avestruz.

Francisco Linares, 73 años. Viedma (Hogar de Ancianos). Río Negro, 1971.

El narrador es un campesino que vivió siempre en la zona rural de San Javier, cercana a Viedma.

El último motivo del cuento es nuevo, no figura en otras versiones; parece una creación regional.

Cuento 505. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 030

El avestruz y el sapo .507

Un día viene el avestruz y hace que no lo ve al sapo y lo pisa.
-¡Epa, amigo, no ve que hay gente! -le dice el sapo.
-¿Gente? Me parecía bosta -dice el avestruz.
-Usté si hace bravo porque corre ligero, pero yo le corro una carrera pa que vea que no corre tanto -le contesta el sapo.
El avestruz, por burla, que le dijo que güeno.
Y ya prepararon todo para correr.
El sapo puso a sus parientes entre el pastito de la cancha ande iban a correr, el día de la carrera. Por la linia que iban a seguir 'taban los sapos medios enterraus entre los pastos.
Y ya largaron... El avestruz confiado corría poco, pero vio que adelante saltaba el sapo, y apuró. Y lo mismo vía que el sapo le ganaba. Y llegaron a la raya y áhi 'taba el ganador, el sapo, y le dice:
-Vio, amigo, que no hay que ser tan soberbio. Ya le gané.
El avestruz, como es medio zonzo, le creyó al sapo y quedó derrotau no más.

Francisco Arbe, 56 años. Esquel. Futaleufú. Chubut, 1954.

Muy buen narrador.

Cuento 507. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 030

El arador y el tigre .367

Diz que un hombre 'taba arando. Qui había veníu el tigre. Que li había dicho al arador que le diera un güey para comerlo.
Diz que el hombre era muy pobre y 'taba muy triste y asustado.
Entón dice que había salíu un zorro al bordito y di áhi dice que fingía la voz gruesa de un hombre tigrero. Y le había preguntau al arador si no había visto al tigre, que lu andaba buscando pa matarlo.
Entón que el tigre ha tenido miedo y li ha dicho al hombre que diga que no.
El hombre ha dicho que no, y que li ha güelto a preguntá que qué era eso overo que 'taba áhi.
Y di áhi dice que el tigre le dice que le diga que son papas negras y blancas.
Y entón el hombre li ha dicho. Y el zorro que li ha dicho que los eche al costal que tiene áhi.
Y entón que le dice el tigre:
-Hacete que mi echás y no me echís.
Y el hombre diz que lo ha echado.
-Atale la boca -diz que li ha dicho.
-Hacete que mi atás y no mi atís -que dice el tigre.
-Ya lu hi atado -que ha dicho el hombre.
-Entón dale con el ojo'i l'hacha -que dice el zorro.
-Hacete que me das y no me dís -ha dicho el tigre.
Y que el arador lo ató bien y le pegó y lo mató.
Y despué que lo mató recién si había largau el zorro, si había hecho ver que era zorro, y no tigrero.
Entón el hombre li ha dicho al zorro:
-Te güá trair una gallina.
-No, vos me vas a tráir perros pa matarme.
El hombre li ha dicho que no. Y si ha créido el zorro. Tan dehagradecido el hombre, de allá viene con el costal que traía los perros, engañandoló al zorro. Y di áhi que li había largau los perros y lu habían agarrau. Y entón el zorro que dice:
-Un bien con un mal se paga.
Y entón el zorro si ha podíu librá de los perros y se había entráu en la cueva. Los perros lu han corríu y si han quedau áhi, esperando que salga.
Y del susto, que li había pasau algo al zorro, y que si había sentíu la cola sucia. Y entón dice:
-Estas patitas tan ligeras mi han salvau. Esta cola sucia que no sirve para nada, se la voy a dar a los perros. Diz que el zorro ha hecho ademán de tirarla.
Si ha descuidau el zorro y ha llegau muy cerca de la puerta de la cueva y lu han agarrau los perros y lu han muerto. Y áhi ha terminau.

Teófila Hortensia Armeya de Vargas, 64 años. San Pedro de Colalao. Trancas. Tucumán, 1957.

La narradora es mujer del pueblo, de este pueblito serrano. Muy buena narradora.

Cuento 367. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 030