Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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lunes, 2 de diciembre de 2013

El tigre y el zorro .168

Dice que una vuelta el zorro y el tigre andaban por carniar. El zorro era el sobrino del tigre. Y le dijo el tigre al zorro que suba a un árbol a ver qué animale vienen.
Entonce el zorro le dice:
-Áhi vienen unas vaca negra.
-No -decía el tigre -porque é carne negra.
-Áhi vienen una vaca colorada.
-No, porque é carne colorada.
Y así dijo mucho colore hasta que le gustó una y la carnió. Y el zorro le pedía algo pa comer y no le dio nada, le dio la vejiga que no sirve pa nada. Y el tigre comió y se acostó a dormir. Y el zorro no pudo comer nada porque 'taba en el árbol vigilando que no venga la comisión. La comisión era el hombre que anda con perros para perseguir al tigre.
El sobrino llenó la vejiga con mosca y cuando se durmió el tigre se la ató en la cola. Entonce le dio la novedá diciendo que viene la comisión, que dispare. Entonce se despertó el tigre y el zorro empezó a contar:
-Uno, do, tre, cuatro, cinco, sei, siete, ocho, nueve, dié y once con el cuzquito.
Y áhi se levantó. Se levantó el tigre y oyó el ruido de la vejiga y creyó que era la comisión con once perro que venía, y salió disparando. Y el tigre disparó hasta que no podía má. Y entonce se tiró al suelo y dice:
-Bueno, que me agarren porque ya no puedo más.
Y áhi se rompió la vejiga y el tigre se dio vuelta y vio que el sobrino lo jodió a él.
Y mientra se disparaba el tigre, el sobrino comió. Después se agarró un buen pedazo de carne y fue ande taba la tigra y le dijo que el tigre mandaba que ase la carne y que duerma con él. Y ella le permitió.
Y vino después el tío y lo encontró dormido al sobrino y lo agarró. Y entonce lo echó al hombro y se fue una distancia pa matarlo. Cuando iban por ahí, vio el zorro que había una cueva y se empezó a hacer para un lado y otro, que ya caía. Entonce el tigre le dice que deje de joder, y el sobrino le dice:
-Bajemé un ratito, tío, pa que me agarre bien que ya me estoy cayendo.
Y lo bajó el tigre, y cuando lo quiso agarrar se le metió en la cueva. El tigre no lo podía sacar. Entonce el tigre llamó a dos caranchos pa que lo cuiden al sobrino y él fue a buscar con qué cavar.
Entonce el zorro los engañó a los caranchos y le echó tierra en los ojos y disparó. Y los caranchos después se volaron, cuando se limpiaron la tierra, del miedo al tigre.
Y vino el tigre y vio los rastros, que se había disparado otra vez el sobrino, y lo salió a buscar de nuevo.

Reinerio Coria, 20 años. Barranqueras. San Fernando. Chaco, 1960.

El narrador es peón de campo.

Cuento 168. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

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El tigre y el zorro .155

Que andaban juntos el tigre y el zorro. Que era sobrino del tigre, el zorro. Que el tigre había carniau un animal yeguarizo y el zorro le pedía que le diera algo y el tigre que no le daba nada. Y el zorro le decía:
-Deme, tío, los vasos.
-No, son pa mate de so tía tigra -decía el tigre.
-Deme la panza.
-No, es pa yerbatera de so tía tigra.
-Deme el ocote grueso.
-No, es pa bombilla de so tía tigra.
-Deme el guano, entós.
-No, es pa yerba de so tía tigra.
-Deme la vejía, siquiera.
Y ésa se la dio.
El tigre comió y se echó a dormir. El zorro sopló la vejía, la llenó de moscas y se la ató a la cola del tigre y áhi le pegó el grito:
-¡Guarda, tío tigre, que viene la autoridá con muchos perros!
Y áhi si ha despertau el tigre y ha salíu patitas pa que te quero, corriendo. Que el ruido 'e las moscas le parecía que era lo que venía la autoridá.
Y áhi el zorro se jue a la casa de la tía tigra y le llevó un costillar y le dijo:
-Manda a decir mi tío tigre que ase este costillar, que lo comamos y que durmamos juntos.
La tía no creiba el mensaje, pero al fin lo tuvo que cumplir porque era orden del esposo. Y después de eso el zorro se jue tempranito de miedo que viniera el tigre.
El tigre anduvo corriendo con la vejía con moscas hasta que se la rompió una rama de tala. Y áhi se dio cuenta de la broma del zorro y se volvió furioso. Cuando llegó a las casas la tigra le contó todo. Y áhi se puso más enojau el tigre y salió a buscarlo al zorro pa matarlo. Y lu andará buscando tuavía porque nunca lu ha podíu vencer al zorro en sus diabluras.

Domingo Gatica, 73 años. Monte Carmelo. Ayacucho. San Luis, 1952.

Comarcano que no ha salido nunca del lugar.
Monte Carmelo. Caserío de una región muy conservadora.

Cuento 155. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 030 

El tigre y el zorro .154

Que el tigre se había carniau un ternero, y el zorro le pedía la vejía y las tripas. Y el tigre le dio la vejía.
Y el zorro infló la vejía y l'echó moscardones, y se la ató a la cola del tigre, en un descuido. Y que le dice:
-¡Corra tío, que viene gente!
Y el tigre corría, y corría, y cada vez sentía más cerca los moscardones y creía que era gente.
Un día, el tigre venía bajando la Cordillera, y el zorro se metió en una cueva, y el tigre lo agarró de la cola. Y el zorro le dice:
-¡Tire no más viejo zonzo, que está agarrau de una ráiz!
Y di áhi venía un carancho volando, y el tigre le dijo:
-Venga, oiga amigo, venga, cuidemé un preso, que voy a trair las herramientas para cavarlo.
Y lo dejó al carancho de centinela. Y al rato, que se asoma el zorro y le dice al carancho:
-Mi han dicho que sabís cantar muy bonito.
Y entonce se creyó el carancho y cantó. Y cuando s' echó p' atrás, le tiró el zorro un puñau de tierra. Y salió huyendo el zorro, y el carancho quedó con los ojos y la boca lleno de tierra.
Y entonce vino el tigre y cavó, cavó hasta el fondo, y cuando no lo encontró, le dijo al carancho:
-¿Por qué me ha dejado salir el preso?
Y le largó un palazo, y el carancho se alcanzó a volar. Sinó, lo mata.

Alfredo Barrera, 11 años. Beazley. San Luis, 1948.

El narrador utiliza la forma esquematizada típica de la narración de los niños.
Beazley: antiguo pueblo del sur de San Luis formado alrededor de una estación ferroviaria.

Cuento 154. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

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El tigre y el zorro .153

Después de muchas picardías que el zorro le había hecho al tigre, y se le dispara siempre, el tigre logró agarrarlo. Ya el tigre 'taba en una playita para matarlo al zorro. Y entonce le dice el zorro:
-Mire, tío tigre, no me mate todavía. Aquí cerca hay una viejita que tiene en el juego una olla de locro y 'stá riquísimo. Vamos a comer primero y después me mata.
Y el tigre dijo que güeno y se jueron. Y llegaron al ranchito. La viejita se había ido a la leña y 'taba solo el ranchito. Y en el juego 'taba una olla de locro, hirviendo. A los borbollones hervía el locro. Se les hacía agua la boca al tigre y al zorro, de ver este locro especito y ya cocido.
Entonce el zorro le dice al tigre:
-Yo voy a comer con el cucharón y usté coma con la cuchara, tío.
-No -le dice el tigre-, yo soy más grande, a mí dame el cucharón y vos tomé con la cuchara.
-Güeno -le dice el zorro. Entonces, ¿no quiere que yo le eche a usté en la boca con el cucharón y usté m'echa después?
-Güeno -le dice el tigre.
Y abrió la boca el tigre y el zorro l'echó un cucharón lleno de locro hirviendo y lo quemó vivo.
Y entonce el zorro se disparó.

Francisca Lucero, 17 años. Villa General. Roca. Belgrano. San Luis, 1930.

Muchacha de pueblo que trabaja como sirvienta. Ha cursado la escuela primaria comarcana.
Villa General Roca: pueblo enclavado en una zona rural muy conservadora.

Cuento 153. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 030 

El tigre y el zorro .149

Una vez el tigre se cazó una ternera gorda y se la estaba comiendo cuando llegó el zorro. Empezó a pedirle llorisquiando que le convidara con algo porque ya se moría di hambre.
-Déme la pancita, tío -le decía.
El tigre le contestaba:
Es pa mate de tu tía tigra.
-Deme las tripitas, entonces -decía el zorro.
-No, es pa bombilla de tu tía tigra.
El zorro ya se moría di hambre, así que tuvo que rogarle que le diera siquiera la bostita.
-No -le contestó-, es para yerba del mate de tu tía tigra. Tomá -le dijo- y le dio la vejía.
-Ya me la pagarás, tío mugriento -pensó el zorro.
Cuando el tigre se llenó de comer lo mejor del animal muerto, le dio sueño y se acostó a dormir, y lo mandó al zorro que le cuidara la presa.
-Duerma tranquilo, tío, ya sabe que soy güen vigilante -le dijo el zorro.
Cuando el tigre se durmió, buscó una pajita, el zorro, y se la pasó por los bigotes para estar seguro, y cuando vio que no sentía nada, le dijo:
-Ahora, me la pagarás.
Agarró la vejía y la llenó de moscardones y se la ató en la cola del tigre. Después se subió a una loma y empezó a gritar:
-Son tres, no, son cinco, no, parecen más, como siete...
Entonce el tigre se despertó, y le dice:
-Siete ¿qué, sobrino?
-Siete perros que vienen con un cazador, tío.
-Por mi agüela -dijo el tigre, no le dejan hacer la digestión a gusto, a uno.
Y el zorro seguía gritando:
-Ya vienen llegando... ya llegan...
Y se trasladó para atrás de una loma para engañar al tigre.
En eso sintió el tigre el bramido que hacían los moscardones en la vejía, y pensó el tigre que eran los perros que venían llegando, y salió disparando. Y mientras más corría, le parecía que más cerca lo perseguían, hasta que cansado de correr se paró en un bañau y recién descubrió que era la picardía que le había hecho el zorro.
-Ya me la pagarás, sobrino de porquería -dijo- y se volvió con rabia, pero el zorro, después de llenarse con la carne de la ternera, se mandó a mudar, porque sabía que el tigre lu iba a perseguir.
-Desde hoy me cuidaré -dijo el zorro- y se escondía en un pajonal cerca del arroyo, y para bajar a tomar agua, se valía de un ardí para saber si estaba el tigre por ahí cerca. Antes de agacharse a tomar agua decía:
-Agüita, ¿te beberé? -y miraba para todos lados.
Un día, el tigre estaba escondido, y llegó el zorro y preguntó:
-Agüita, ¿te beberé?
-Y en eso el tigre le contesta:
-Bebeme, no más.
Entonces vio el zorro que estaba el tigre, y dijo:
-Agüita que habla no bebo yo -y salió disparando y se metió en la cueva.

Cleobulino E. Ojeda, 37 años. Los Tapiales. Pringles. San Luis, 1952.

Cuento 149. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 030 

El tigre y el zorro .148

Era un tigre que se juntó con un zorro. Que el zorro se llamaba Juancito. Se juntaron para andar los dos de compañeros. Pero el tigre andaba con mucho hambre, porque no encontraba ninguna presa y andaba por comerseló al zorro. El zorro ya si había dado cuenta del peligro en que andaba y iba pensando cómo s'iba a salvar.
En eso que iban los dos compañeros, el zorro encontró una coyunda y la alzó. El tigre le dijo que se podía remojar la coyunda y que la podían comer. El zorro le dijo que no servía para comer y que les iba a hacer mucha falta más adelante.
En eso iban, que vido el zorro que a lo lejo se preparaba una tormenta, se veían unas nubes oscuras. Que se para el zorro y muy asustado le dice al tigre:
-¡Mire, tío tigre, aquella tormenta que viene!
-Sí -que dice el tigre, pero no ha de ser gran cosa.
-No, tío, aquella tormenta es de viento, y es un viento que arranca los árboles y mata los animales y deja la tierra limpia sin un yuyito. Sólo se salva el que se logra atar a algo muy seguro.
Y áhi buscó el zorro un quebracho que 'taba al abrigo de unas piedras muy grandes para amarrarse con un lazo. Y cuando vio el tigre el ademán del zorro, que le dice que no, que lu ate a él.
-Atame a mí, vos te podís meter en una cueva. Vos sos chico.
Y el zorro si hacía de rogar, pero al fin consintió y lu ató al tigre bien atau en el quebracho. Cuando vido el zorro que 'taba bien atado el tigre, que le dice:
-Haga juerza, tío, a ver si 'tá bien atau.
Y el tigre hizo juerza, todo lo que pudo, pero no se podía ni mover, lo que 'taba bien amarrau con la coyunda.
-Güeno, ahora me voy -le dice el zorro, y se jue.
Recién se dio cuenta el tigre que el zorro lu había embromado.
Y áhi quedó el tigre esperando que pasara alguno para que lo desatara. El tigre se moría di hambre. Después que habían pasado dos días pasó por áhi un arriero, y el tigre le dijo que l'hiciera el servicio de desatarlo. El arriero le decía que no, que lu iba a comer. Y el tigre le decía que no, que cómo lu iba a comer si le hacía ese gran servicio, que no lu iba a comer nada. Y tanto le rogó, que lo desató el arriero, y como el tigre 'taba con tanto hambre, se lo comió no más al arriero.
Y después lo siguió al zorro, a Juancito, al rastro. Iba muy enojado y ande lu encontrara lu iba a comer.
Ya cuando había andado dos días, lo sintió Juancito al tigre que venía bramando, que lo iba alcanzando. Juancito, en el camino, les había robau a unos arrieros que acampaban una noche, unos quesíos y azúcara. Y se jue a una laguna. Y áhi entró a tirar pedacitos de quesío y azúcara al centro de la laguna. Y Juancito se puso un poco adentro del agua y comía y se saboriaba.
A esto llega el tigre, lo ve y que le dice:
-¿Qué 'tás haciendo, Juancito, áhi?
-¡Callesé, tío! ¡No sabe qué cosa más rica 'toy sacando de la laguna!
Y áhi li alcanzó un pedazo y l'hizo probar. Y li alcanzó otro pedazo. Al tigre le gustó muchísimo. Y que le dice el zorro:
-Entre, tío, y saque usté que es más grande. Mientra más adentro, más rico es lo que se saca.
La laguna era muy honda. El tigre empezó a entrar y sacó unos pedacitos, pero los más grandes 'taban en lo más hondo. En eso qu'iba entrando, el zorro lu empujó y el tigre se zambulló en una parte muy honda y peligrosa. Y mientra el tigre, medio augau, trataba de salir del agua, el Juancito se disparó, se jue.
Y ya salió el tigre y le volvió a pegar al rastro, al zorro. Ya iba dispuesto a matarlo ande lu encontrara. Y ya lu alcanzó, y de lejo lo vio que 'taba revoliando un lazo que li había robau a unos arrieros. Y áhi que le dice:
-¿Qué 'tas haciendo con ese lazo?
-'Toy por enlazar unos potros ariscos y gordos que dan gusto.
-¿Y sabís enlazar?
-¡Si, soy muy güen enlazador!
Y en eso llegó una manada de potros al agua. Que el zorro 'taba en una aguada, que si había puesto a propósito áhi. Y el zorro ató el lazo en un árbol, hizo la armada y tiró. De chiripa enlazó un potro. El potro disparó, dio la estirada, se cortó el lazo, y se jue al suelo y se descogotó. Y di áhi se allegó el tigre, y como tuvieron carne para dos días, lo dejó al zorro para matarlo después.
Y Juancito no sabía qué inventar para escaparse, porque cuando se terminara la carne lo iba a matar el tigre. Salió entonce a buscar quien lo podría ayudar a enlazar, para carniar otra vez.

Eustaquio Funes, 62 años. El Morro. Pedernera. San Luis, 1951.

Modesto propietario rural.
El Morro: zona rural del viejo pueblo del mismo nombre.

Cuento 148. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

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El tigre y el zorro .146

Una vez que andaba el tigre con el zorro con mucho hambre. Que no podían hacer carne. Y se jueron a una aguada, ande tenían que bajar a tomar agua los animales. Áhi lo mandó el tigre al zorro que se subiera a un árbol a devisar. Y ya que se oyó un tropel y que dice el zorro:
-Allá viene una tropa 'e chanchos y en el medio viene un chancho relumbrando de gordo.
-Callate con esos cochinos puras orejas -que le dijo el tigre.
No le gustaron. Al rato vuelve a decir el zorro:
-Allá viene una tropilla 'e yeguas con un cojudo que relumbra 'e gordo.
-No -que dice el tigre, son muy hediondos, dejalos no más.
Y vuelve a decir el zorro:
-Allá viene una tropa 'e vacas con un toro que relumbra 'e gordo.
-No -que dice el tigre, ésos son muy puras aspas, dejalos no más.
Y vuelve a decir el zorro:
-Allá viene una tropa 'e terneros y en el medio viene una ternera que relumbra 'e gorda.
-Ésa me gusta -dijo el tigre. Echamelá pa acá.
El zorro arrió la ternera y el tigre la cazó. En seguida se puso a carniarla y el zorro le ayudaba. El tigre comía mientras iba carniando y no le daba nada al zorro. Y viendo esto, el zorro le empezó a pedir al tigre una achurita:
-¡Deme el librillo, tío tigre!
-No, que ése es pa mate de tu tía tigra.
-¡Deme el ocote grueso, tío!
-No, que ése es pa bombilla de tu tía tigra.
-¡Deme el estierco de la panza, tío!
-No, que ése es pa yerba de tu tía.
-¡Deme la vejía, siquiera!
Ésa se la dio. Claro, como no servía pa nada.
El zorro empezó a soplar la vejía, como hacen los chicos del campo, y andaba por áhi, muerto di hambre. El tigre 'taba lleno y se acostó a dormir y lo mandó al zorro que se subiera a un árbol a cuidar que no viniera naide.
El zorro se subió al árbol y comenzó a llenar de moscas la vejía. Cuando ya la tuvo bien llena, se bajó y despacito se l'ató a la cola 'el tigre. Se volvió a subir al árbol y le gritó:
-Mire, tío, el bicho que lo agarró de la cola.
Y claro, medio dormido, el tigre se miró, vio esa cosa rara prendida de la cola, y sintió el bramido de las moscas, y echó a correr. Ya lejo, perdió la vejía y se dio cuenta de la burla que le había hecho el zorro. Ahí no más se volvió enojadazo.
El zorro, mientras tanto, comió hasta que se llenó, y se ensan-grentó todo y se revolcó en la tierra. Cuando volvió el tigre y lo vido tan ensangrentau y lleno de tierra, que casi no se conocía, que le dice:
-¿Qué te ha pasau, Juan?
-Callesé, tío. Ha veníu una tropilla 'e perros y he teníu que peliar hasta recién, pa que no se coman toda la carne. Mire las güellas -que le dice.
Claro que el zorro había comío la carne y si había revolcau en el suelo. 'Taban las güellas no más, como si hubieran peliau una tropilla 'e perros.
Ya se le pasó la rabia al tigre, y entonce ya le dio un pedazo 'e carne. Cortó un costillar y le dice:
-Andá llevale a tu tía este costillar para que lu ase y me espere, que después voy a ir a comer.
Se va Juan... Por el camino iba comiendo de bocaditos y pensando cómo lo iba a joder otra vez al tío. Ya que llega y le dice a la tía:
-Aquí le traigo esta carne, tía.
-¿Y qué te ha dicho tu tío? -que le dice.
-Mi ha dicho que le diga a usté que ase este costillar, que lo comamos y los acostemos a dormir los dos.
-¡Cómo te va a decir eso, Juan!
-Sí, así ha dicho, ya no más va a venir pa ver si usté hace lo que él manda.
-¡La ocurrencia de tu tío!
La tigra no quería al principio, pero tanto la embromó el zorro que al fin se acostó con él. A la madrugada que viene el tigre a buscarlo a Juan, que no había vuelto. Juan, cuando lo ha sentíu al tigre que viene llegando, se ha asustau, se ha sosprendíu y ha salíu disparando. Cuando viene a salir de la puerta, le hace una escapada el tigre, y casi lu agarra. Se hace el chiquito el zorro y se dispara. Lo saca di atrás el tigre, y el zorro, en apuros se gana en la primera cueva que encuentra. El tigre mete la mano y lo alcanza a cazar de la cola. Y se ríe el zorro di adentro y le grita:
-¡Qué zonzo mi tío, que por agarrarme de la cola ha agarrau una ráiz! ¡Tire, tire tío tigre que ya la va a arrancar a la ráiz!
Y el tigre, créido, agarra y lo suelta. Se gana al fondo 'e la cueva y le dice:
-Lo jodí a mi tío, lo engañí. Ahora ya no me va a agarrar más. Me había agarrau la cola, ¡ja!, ¡ja!, ¡ja!...
Y ya se enojó el tigre y dice:
-¡Puta!... ¿Cómo hiciera pa sacarlo a este jodido de la gran puta? Voy a tener que ir a buscar un azadón.
Y redepente que viene un pájaro volando, y el tigre lo llama. Le dice que venga a cuidarlo a Juan, que él va a ir a buscar un azadón pa sacarlo, que le va pagar con un cordero gordo.
Juan que estaba jodíu porque lo 'taban cuidando en la puerta. Y pensaba y pensaba cómo se podía salvar del pájaro, y que le dice al pájaro:
-Oiga, tío pájaro, ¡dejemé salir!
-No, m'hijo -que le dice, voy a quedar mal con el tigre.
Y claro, como el tigre le había ofertau paga, ¡cómo lo iba a dejar salir al zorro! Y áhi que 'taban, y que le suplicaba Juan por todos los santos, y que no había caso. Y que viene Juan y piensa, y que dice:
-Bueno, lo voy a joder al pájaro.
Y entonce que le dice:
-Bueno, mirá pájaro, abrí bien grandes los ojos porque me voy a salir, no más, y áhi vas a quedar mal del todo. Mirá, abrí así los ojos pa que me viás bien.
Y el pájaro, claro, que abrió grande, grande los ojos, y que Juan agarró un puñau de tierra y se la zampó en los ojos. Entonce que el pájaro quedó ciego con la tierra y se comenzó a refregar los ojos. Y áhi aprovechó Juan y salió disparando.
Al momento no más cái el tigre con el cordero y le pregunta al pájaro:
-¿Ande 'tá Juan?
-Áhi 'tá -que le dice.
Ya le entregó el cordero al pájaro. Lo comió, y se voló. El tigre comenzó a trabajar la cueva. Y la cavó hasta que se terminó, y Juan se perdió. Y áhi que dijo:
-Mi ha jodíu el pájaro tabién.
Y que el pájaro andaba arriba y que no había caso que se baje, por más que lo llamaba el tigre. Bué... El tigre empezó a cortarle el rastro a Juan pa ver pande si había ido. Y al fin que ve por donde ha salíu disparando, y le cayó al rastro. Y le pegó al rastro hasta que va y lo encuentra durmiendo la siesta en un bajo. Y ya al tigre se le había pasau un poco la rabia. Que ya iba con la güena, y lo que hizo cuando lo vido durmiendo, que cortó un poco de paja brava, y le pasaba de cuando en cuando por la boca, a Juan. Y ya que Juan entre dormido que comenzó a decir:
-Pero, ¡moscas jodidas! que no me dejan dormir. Dejante, qui anoche nu hi podido dormir bien por dormir con mi tía tigra, estas jodidas me molestan.
Y áhi que se enojó el tigre y pegó un bramido. Y áhi que abre los ojos el zorro, y ve, ¡carajo!, al tío tigre sentau al lado. ¡Caráfita!, y que se enderieza, y áhi lo agarra el tigre y lo traga entero. Ni lo mascó siquiera de la rabia que tenía. Y a Juan que nunca le faltaba una cortapluma bien afilada. Y que 'taba en la panza, encerrau, que ya casi se moría augau. Y que decía:
-¡Qué hago! Si me salgo por las patas, me va a charquiar350 con las uñas. Si me salgo por la boca, me va a morder. Si me salgo por la cola, me va a emporcar.
Y áhi que se acordó, ¡caray!, de la cortapluma. Y que lo empezó a puntiar. Y que el tigre lo sentía y le decía:
-Sosegate, Juan, dejate 'e joder, no me estís mordiendo.
¡Jue pucha!, y era con el cortapluma que lo 'taba chuciando. Y en una de esas que le arrimó el cortapluma en deveras y le rajó la panza. Y ya cayó el tigre, y el zorro salió maniandosé en las tripas del tío tigre. Y se paró un poco, y esperó. Ya cuando vido que se murió el tigre, se volvió y le sacó unas lonjas de cuero. Con el cuero hizo bozal, riendas, chicotes, cinchas, de todo. Se previnió muy bien y se largó a andar andando. Y la tigra lo empezó a hacerlo perseguir a Juan a ver si lo podía hacer matar.
Pero como el tigre es tan duro ha vuelto a vivir y si ha sanáu de todas las lastimaduras y ha criau cuero. Lu ha curau una curandera que era comadre del tigre. Bien sanito ha quedau otra vez. Y ha salíu a buscarlo al zorro pa matarlo, y tuavía lu anda buscando.

Prefiterio Heredia, 54 años. Las Cañas. Los Corrales. Ayacucho. San Luis, 1951.

Cuento 146. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

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