Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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sábado, 1 de noviembre de 2014

El canto de los sapos .771

Dicen que los sapos en el canto cuentan lo que les ha pasado cuando eran gente. Porque dicen que eran gente. Dicen que un hombre muy rico cuando 'taba ya muy viejo ha reunido a los parientes pa ver qué corazón tenían. Cuando les ha preguntau qué podían hacer por él han dicho que nada, pero cuando ha dicho si lo querían heredar, todos han dicho que sí. Dicen que Dios los ha castigau y los ha hecho sapos. Dicen que 'tán castigaus a decir así, como una conversación. Uno dice primero y contestan los otros:

-Cuando yo me muera,
¿quién mi ha de llorar?
-No mi hi di ocupar,
no mi hi di ocupar.

-Cuando yo me muera,
¿quién mi ha de velar?
-No mi hi di ocupar,
no mi hi di ocupar.

-Cuando yo me muera,
¿quién mi ha de rezar?
-No mi hi di ocupar,
no mi hi di ocupar.

-Cuando yo me muera,
¿quién mi ha de enterrar?
-No mi hi di ocupar,
no mi hi di ocupar.

-Cuando yo me muera,
¿quién mi ha de heredar?
-Yo, yo, yo, yo...

Y así dicen clarito y hasta el presente lo repiten.

Carmen Rasgido, 70 años. Belén. Catamarca, 1951.

La narradora imita con gran propiedad el llamado canto de los sapos, en el que suele oírse un solo y luego un coro.

Cuento 771 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El caballo viejo y la zorra .816

El cuento del caballo que el dueño lo echó a la calle porque ya estaba muy viejo y no le producía nada.
Es un caballo que trabajó toda la vida, alrededor de treinta años, porque hay caballos que viven hasta esa edá y otros más también. Y bueno, ya cuando no servía para nada, el patrón lo echó afuera del campo y le dijo que no volviera más al campo porque le comía mucha comida, mucho pasto, y que él no lo podía tener, que ya no servía para nada, salvo que viniera únicamente, que estuviera más fuerte que un león.
Entonces, este caballo, apenado, siguió caminando por los caminos y ya buscandosé la vida como podía, pero siempre con una enorme pena, ¿no? Y un día que se encontraba triste, se encuentra con una zorra. Y la zorra le dice:
-¿Qué te pasa, querido amigo? -le dijo al caballo.
Y el caballo le contó su pena. Le dijo:
-Mi dueño me ha echado al camino y porque ya no sirvo para nada, estoy muy viejo y me ha dicho que únicamente regrese si estoy más fuerte que un león.
Entonces la zorra, con toda su inteligencia, pensó algo para hacerle el bien. Y le dijo:
-Bueno, si tú sigues mi consejo, yo te puedo hacer más fuerte que un león.
-¿Y cómo? -le dijo el caballo.
-Bueno, tú te tirarás al suelo y te harás el muerto. Yo buscaré un león que conozco, en el bosque, y él te va venir para comerte.
Entonces, este, hicieron así. Él se tiró al suelo y la zorra fue a buscar al león. Entonces la zorra le dice al león:
-Mira, hay un caballo muerto en medio del camino. Sería conveniente, si tienes hambre, que lo vayas a comer.
Entonces el león, que tenia hambre, vino rápidamente, gustoso, ¿no? Y cuando se disponía a morderlo ya, dice la zorra:
-Un momento, me parecería más conveniente que te lo llevaras hasta tu guarida.
-¿Y de qué manera? -dice el león.
-Bueno, ponte la cola junto a la cola del caballo, que yo los voy atar fuertemente y así lo llevás a la rastra.
Dicho y hecho, el león se puso al lado del caballo y cuando ya estaban amarrados, le pegó un golpe al caballo en las costillas y le dijo:
-Bueno, dispara siempre y corre sin parar hasta la casa de tu dueño.
El caballo se levantó, y enfurecidamente, corría disparando a gran velocidá para que se golpiara el león. Y el león no podía hacer pie. Iba dando tumbos en la tierra. No podía hacer pie así que de ninguna manera éste pudo incorporarse. Y de esa manera, el caballo entró disparando a la casa de su dueño y le dijo:
-Aquí me tiene, más fuerte que un león.
Claro, el león, con tantos golpes estaba desvanecido, ¿no? Y de esa manera, entonces, le dijo el dueño:
-Ahora sí que veo que eres más fuerte que un león. Quédate en mi campo para toda la vida.

Ronaldo Elleceer Urruti, 35 años.

Cañuelas. Buenos Aires, 1969.

Joven hacendado con gran vocación de narrador.

Aarne-Thompson, Tipo 78.

Cuento 816 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El burro, el gato, el pato, el gallo y el mono .622

   Los animales viajeros

Esto animale se habían ido de la casa porque habían oído que lo iba a comer a uno y a otro lo trataba mal.
Caminaron todo el día en un campo grande. Y depué, a la noche, llegaron en un rondadero. Se fue en ese rondadero, en casa de uno tigre muy malo. No 'taba lo tigre y ello se quedó no má.
El burro que era el capatá. Lo otro era peone. Y dijo el burro:
-Yo voy a dormir en esta portada porque soy delicado de mosquito.
Y dijo el pato:
-Yo voy a dormir cerca de esta laguna porque toda la noche voy a tomá agua.
Dice el gato:
-Yo voy a dormir al lado de este fuego porque voy a tener frío toda la noche.
Y dice el mono:
-Yo voy a dormir en esta ramada porque voy a jumar toda la noche.
Dice el gallo:
-Yo voy a dormir encima de esta casa porque voy a cantar toda la noche.
Y a la media noche, muy oscuro, vino lo tigre. Y lo tigre se acomodó cerca del fuego y no vio lo otro animale.
Y depué se apagó un poco el cigarro del mono y se jue a encendé más en el fuego. Y vio una brasita. Él creía que era una brasita y era el ojo de un tigre. Y arrimó el cigarro por él. Y lo quemó al tigre, y el tigre pegó un grito y echó a dispará. Y lo otro tigre se enojó y el gato saltó y le rajuñó. Y el burro le pateó. Y cantó el gallo: ¡Tococoroó! y el pato decía: ¡Jo!, ¡jo!, ¡jo!...
Y ya se fue lejo y ello decía que era gauchillo eso que 'taban en la casa, y dijo uno:
-¡Aay, che rapî! (¡Aay, me ha quemado!)
-¡Aay, che machete'á! (¡Aay, me ha machetado!)
-¡Aay, che garrote'á! (¡Aay, me ha garroteado!)
Y dice que uno que 'taba arriba de la casa, llamaba a todo lo gauchillo para peliá. Y ése era el gallo. Que el má malo era ése que le quería matá y decía:
-¡Mamó pa ra'é ojhó! ¡Mamó pa ra'é ojhó! (¡Hacia dónde se fue! ¡Hacia dónde se fue!) -ése era el pato.
Y ello 'taba contento, que se salvó la vida.
Y así quedó dueño de la casa lo animale amigo que salió de viaje.

Antonio Rodríguez, 12 años. Arroyo Balmaceda. Loreto. Corrientes, 1959.

Niño que concurre a la escuela del lugar. Muy buen narrador.

Cuento 622. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El burro, el chancho y el gallo .613

El burro, el chancho y el gallo, los tres conversaban en el patio. S'iban al chiquero, el burro y el gallo a visitar al chancho.
El chancho le tenía rabia al gallo porque siempre 'taba cantando. Al burro todos los días lo cargaban los dueños. Lo llevaban al campo y lu hacían sacar la leña, lo cargaban con leña.
Entonces, qui un día les dice el chancho:
-¡Ah!, sí, yo soy el más dichoso que todos ustedes, porque yo como di arriba y yo no trabajo.
-No sé -que dice el gallo. El comer y el dormir, y no trabajar, a dónde vienen a parar.
-Así, a vos también, cuando se le dé la gana a tu amo te va a torcer el cogote y te va echá a l'olla.
-¡Ah!, nu importa, todo eso lo sé. Qui a mí me van echar a l'olla, eso lo sé. Pero primero a vos.
Bueno... Llega un día domingo y dice el dueño a la señora d'él:
-Ahora vamos acarriar leña, vieja, para que matemos al chancho, porque ya 'tá comiendo de más, 'tá muy gordo y puede venir el calor y después se muere de cualquier cosa.
Ahora 'tán acarriando leña en el burro.
-Ya te 'tán haciendo acarriar leña -le dice el chancho.
-¡Ah!, pero vos no sabís la que te espera -le dice el burro.
Y llega el domingo. Y dice el dueño:
-Vayan no más a sacalo al chancho.
-¡Ucha! -dice el chancho. Pa qué me sacarán.
-Pa que vaya a pasiar -le dice el gallo. Vamos a ir a pasiar los tres.
Ya lu iban sacando maniau di adentro al chancho, y le dice el gallo al burro:
-Ahora me toca a mí. Porque cuando ya acaben de comer al chancho me van a comer a mí. La cuestión es que pa que te dejen de cargar a vos como legítimamente a burro, se vamo a mandar mudar. ¡Qué 'tán crendo! ¿No? Porque a mí también me van a comer. Y a vos todo el tiempo ti hacen trabajar y no te dan ni de comer. Vamos a ir a otra parte. Áhi nos van a cuidar a los dos.
Si han mandau a mudar, pues, los dos, el gallo con el burro. A eso de las diez si han ido. Y ya han andado mucho y que dice, el burro:
-¿Adónde vamos a ir?
-Allá, en aquella casa, en aquel palacio del Rey.
El gallo sabía qui áhi vivía un Rey que tenía una hija renga y qui había echau un bando que decía que el que le diga coja a la hija, lo iba a matar, pero si le decía sin que se diera cuenta, lu hacía casar con ella.
Y ya llegaron al palacio y el gallo le dice:
-¿Sabés lo que voy hacer yo? Voy hacer un jardín muy lindo para vendele las flores al Rey, y entonce yo voy a cargar las flores en vos y se las voy a ir a vender.
Y así fue. Y la hija del Rey era renga, coja. Va llegando el gallo:
-¡A las flores!, señor. ¡Vendo flores!
-¡Ah! -dice la Princesa renga igual que yo. ¡Qué lindas flores! Venga, venga señor, con las flores. Traiga.
-Sí, aquí hay flores de todas las que a usté le gustan. Entre las flores hermosas, usté escoja, mi reina, escoja.
Y le decía el gallo, coja, y requete coja, y no se daba cuenta la Princesa, claro.
Y el burro le decía:
-No le digás coja porque te va hacer matar.
Y dice el gallo:
-Yo le digo coja y requete coja, y no me va matar. A mí me van a dar un premio con testigos y todo.
No sabían que era gallo. Y le volvía a decir:
-Entre las flores hermosas, usté escoja, mi reina, escoja.
Ella creía que le decía que escoja, pues. Y era que le decía que era coja, ella. Cuando se dio cuenta el Rey que li ha dicho a la hija:
-¡Ay, juna, grandísima!... -que dice. ¡Va ver ese tipo que ti ha dicho coja! Ahora vos te tenís que casar con el que ti ha dicho coja -le dijo el tata.
Bueno, porque el Rey había dicho que al primero que le diga coja a la hija había qui hacerlo pillar y matalo.
-Bueno, ti ha dicho más de cuarenta veces coja. Ahora usté se casa con el que li ha dicho coja.
Áhi no más han hecho el casamiento, pues.
Y efectivamente, dueño del palacio s'hizo el gallo. Porque él lo pronosticó así, que tenía que triunfar en la vida.
Él tenía la forma di una persona, porque como los animales hablaban, tenía la potestá de trasfigurarse en lo que ellos querían. Pero él no era gallo, era un joven que 'taba encantado en forma de gallo y que 'taba pronosticado que cualquier día tenían que torcerle el cogote y echarlo a l'olla, pero no fue así. Ya 'taba marcau el tiempo de qu'él s'iba a sacar la piola. Entonce fue y se casó con la coja. Pero la coja era multimillonaria. Era la hija del Rey.
Si hicieron el baile, había banquete. Yo cociné, pues, áhi pa que coman los novios.
Así me contaba mi agüelita. Y terminó.

Sixta Castro de Guerrero, 53 años. Tilcara. Jujuy, 1968.

En el cuento se observa la curiosa interpolación de un motivo de cuento maravilloso.

Cuento 613. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El burro y el tigre la espina en la pata .658

Dice qui andaba un burro cojudo, como llamamos acá, solo, dice, porque era bravísimo para peliar. Andaba gordo, lindo. El burro come y ya se descuida de su enemigo natural, el león. Entonce dice qui andaba pastiando por medio 'e los pedregales, el burro. Cuando menos acuerda se da una vuelta, hace una pequeña vuelta, y lo ve al león que estaba ya cerca, y a más no tenía escape, solamente la viveza lo podía salvar.
-¡Ayayayay, Dios mío! -que dice. ¡Ay! ¡Si hubiera alguien que me favore-ciera!
Se da la vuelta y lo ve al león cerquita.
-¡Ay don León -que dice, haga el favor, salvemé! Mi ha entrau una espina di algarrobo en la pata -dice- y no me deja vivir. Saquemé la espina -dice- y matemé. Déme siquiera el alivio ése.
-¡A ver! -que dice el león.
Y si arrima a quererle hurgar.
-¡Ayayayay, ay, ay! -que le dice el burro y empezó a encoger la pata.
Y si arrima el león para verle y cuando ya tiene bien recogida la pata, ¡paf!, le da una patada en medio de la frente y lo larga revolcandosé al león y, ¡marche!, dice el burro y se va.
El león se lamenta y dice:
-Por tonto mi hi jodido.

Perfecto Bazán, 49 años. Belén. Catamarca, 1968.

Cuento 658. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El burro y el jote .730

Una vez 'taba un burro en una era de higo. Y se echó áhi a dormir. Entonce llegó un jote. En ese entonce los jotes no tenían la cabeza pelada. El jote creyó que el burro 'taba muerto. Se le fue allegando por atrás, que al jote le gusta picar lo blando. Liba a picar el poto. Y el burro s'hizo el muerto, y abrió el poto, el burro. El jote fue a picarlo y el burro cerró, frunció el poto y le agarró la cabeza. Y le apretó bien la cabeza. Que la tenía bien adentro del estantino del burro. Y el pájaro aletiaba y no li aflojaba el burro. Y áhi comenzó a correr por l'era y con los aletazos del pájaro se aventaba el trigo. Y no lo largó hasta que no le limpió todo el trigo. Cuando li aventó el trigo lo largó y el jote salió con la cabeza pelada. Y ende entonce el jote quedó con la cabeza pelada hasta el presente.

Juan Lucero, 59 años. Ancón. Guaymallén. Mendoza, 1951.

Muy buen narrador.

Cuento 730 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El burro y el jote .736

El burro tenía unas parvas de trigo trillado y quería aventarlo, y no hallaba gente para aventarlo. Y entonce el burro dice:
-¿Cómo voy a hacer para aventar este trigo? De alguna forma tengo que hacer.
Y pensaba y pensaba, y al fin se arregló. S'hizo el muerto. Y 'taba tirau en el suelo cerca de la parva. Ya 'taba muerto, áhi, botau al sol, estirau largo a largo. Y cuando 'ta ba muerto empezaron a volar los pájaros, los jotes. Y viene un jote y se asienta en el muerto. Y el burro 'taba con el ocote bien abierto, y va el jote, justo, y le pica el ocote. Y entonce el burro le ciñó la cabeza con el ocote, y el jote lo que se vido preso empezó a aletiar. Y entonce el burro comenzó a dar güeltas en l'era, y el pájaro aletiaba y él iba a aventarlo. Y aventó una güena parte del trigo. Y cuando se cansó el burro lo largó al jote, y claro, el jote quedó medio azonzau y con la cabeza pelada. Y al rato se volvió a hacerse el muerto, el burro, y volvió a agarrar otro jote en la misma forma, y volvió a disparar por el trigo, y áhi terminó de aventar el trigo.
Y claro, el jote 'taba muy avergonzau de lo que le había pasau por haberlo picau al burro en el trasero y no en otra parte, y es que dice:

-Te juro y te conjuro,
que primero al ojo
y después al culo.

Pero así el burro aventó no más el trigo y el jote se quedó toda la vida con la cabeza pelada. Y así es, pues.

Pedro Álvarez, 69 años.

Buena Esperanza. Vicente Dupuy. San Luis, 1947.

Hacendado. Buen narrador.

Cuento 736 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 048