Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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viernes, 11 de abril de 2014

El perro y la víbora .399

Un peón de la Estancia me contaba que el perro, cuando alguna comida le hace mal, se cura con un yuyito que él conoce. Y me decía que ese remedio se lo enseñó la víbora. La víbora le pidió al perro que le diga cómo se puede curar el dolor de cabeza, porque la víbora sufre grandes dolores de cabeza. Como el perro es tan fiel al hombre, le dijo que cuando sienta ese dolor se cruce por los caminos por donde vea que pasa gente. Pero, claro, es para que la maten. Y la víbora pasa por los caminos y así la ven y la matan, y el perro quedó sabiendo cuál yuyo le hace bien, porque es purgante.

Héctor Maritano, 57 años. San Jenaro Norte. San Jenaro. Santa Fe, 1981.

Cuento 399. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

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El perro y la víbora .398

Que s'encontró una vez la víbora con el perro. Los dos iban enfermos y se pusieron a conversar. El perro le dijo que sufría mucho del estómago. Entonce la víbora le dijo que comiera un pasto que l'enseñó, y que desde entonce se llama pasto 'e perro. Y que los perros se curan solos, cuando están enfermos, comiendo el pasto.
La víbora le dijo que ella sufría mucho de la cabeza.
-Bueno -le dijo el perro, cuando te duela la cabeza, te atravesás muchas veces por los caminos, hasta que te mejorís.
El perro aprendió a comer el pasto, y con eso se purga; pero a la víbora le fue muy mal. El perro le dio el remedio de atravesarse por los caminos para que así la pudieran matar los hombres, porque el perro es el animal más fiel a su amo.

Juana Burgos, 54 años. El Durazno. Pringles. San Luis, 1939.

Cuento 398. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El perro y la víbora .397

Éste que era un perro y una víbora que se encuentran en un camino. El perro tenía un gran dolor de estómago y la víbora un gran dolor de cabeza. Se saludaron, se contaron sus enfermedades y se pidieron un remedio.
El perro le dijo a la víbora:
-Señora víbora, ¿puede darme un remedio para este gran dolor de estómago que tengo?
Entonces la víbora le dijo:
-Bueno, yo le voy a dar un remedio, pero usté me tiene que dar otro para el dolor de cabeza.
Convinieron en eso y la víbora le dijo:
-Coma de ese pastito verde qui hay en tal parte, y va a sanar -y le mostró cuál era el pastito, que es el que comen los perros cuando 'tan enfermos.
Entonces el perro le dijo:
-Cuando le duela la cabeza, salga al camino, y ande haiga un cruce de camino, tiresé a lo largo y quedesé áhi.
El perro comió el pasto y sanó y les enseñó el remedio a todos los perros. En cambio la víbora, en cuanto se quedó en el cruce del camino, salieron de las dos partes y la mataron. Y ése era el propósito del perro, que es fiel al hombre, y la víbora es una gran enemiga del hombre.

Y pasa por un zapatito roto
para que usté cuente otro.

María del Carmen A. de Allende. El Mollecito. San Martín. San Luis, 1951.

La narradora es Directora de Escuela.

Cuento 397. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El perro pastor y el zorro .449

Había un hombre de campo que tenía mucha majada di ovejas y chivas. Y había criau un solo perro pastor para que cuidara la majada, que era tan grande. Para pior, al pobre animal le daban muy poco de comer. El pobre pastor iba todo el día di acá pá allá y ya 'taba muy flaco y débil.
Todos los días largaban en la casa la majada. Le daban un poco de comer al pastor y áhi s'iba él tamén.
Un buen día se le presentó el zorro al pastor y lo comenzó a conversar. Y le dijo que él estaba muy flaco porque el amo le daba poco de comer. Que él le podía remediar ese mal si se ponían di acuerdo. Y le dijo que le diera u le vendiera un cordero gordo.
Entonce el pastor le dijo que no, que el patrón era muy serio y que lo iba a embromar a él.
-Pero, hombre -le dice el zorro, di alguna manera los vamos a arreglar. Mirá, ve, vos 'tas demasiado flaco porque no te dan de comer bien. Mirá, yo voy a agarrar un cordero. Vos me vas a correr y ti hacís el que no mi alcanzás, porque 'tás tan flaco, muy débil. Yo me voy a comer la mitada y te voy a guardar la otra mitada pa que te la comás vos. Yo te la voy a dejar en tal parte. ¿Mi oyís, compadre? Áhi no más lu hizo compadre.
Y entonce le dijo al fin el pastor, que andaba con tanto hambre, pues ¡claro!, le dijo, que güeno.
Y así hicieron el trato. Y el compadre zorro li agarraba día por medio un cordero, comía la mitada y lo dejaba escondida la otra mitada para él.
Y así iban pasando los días, y pasaron más de quince días. Entonce echó menos el patrón los corderos, vido que se le 'taban perdiendo los corderos.
Entonce dispuso el patrón de salir él con la majada y ver qué pasaba. Y así transcurrió como veinte días. Y en esos días no pasaba nada, no se le perdía ni un cordero. Un día, cuando la majada hizo rodeo cerca 'e las casas, entonce, ocultandosé llegó el compadre zorro. Y entonce le dice al perro en secreto:
-Compadre, esta noche, cuando si haga la noche, voy a venir para llevar un cordero o un chivo, en fin, lo que venga bien, pero claro, más fácil es un cordero porque no bala. Pero si llega a sentir el patrón, y te da orden de que mi alcancís, entonces vos corrís, cuando él ti anime, te estirás, rodás, te llevás por delante algún monte, en fin, hacés pa que vea que estás débil, que no podís correr, que no me podís agarrar.
A la noche llegó el zorro y cazó un cordero. Y lo sintió al patrón y lo animó al pastor. El pastor salió corriendo y ya pegó una rodada y quedó medio a caballo en una piedra. Y ya quedó estiráu en el suelo. Y el zorro se jue no más con el cordero. Entonce el patrón vio que el perro no tenía juerzas pa disparar. Entonce el patrón ordenó a la familia que le hicieran bastante qué comer al perro y que le dieran todas las mañanas carne y leche. Y entonce dice:
-Parece que el pastor es güeno, pero no tiene aliento pa correr, 'ta muy flaco.
Y así, a los ocho días, ya el pastor si había puesto lindo, gordito. Le daban bien de comer y todavía tenía lo que le dejaba el compadre.
Una noche 'taba garugando y llegó el zorro por detrás de la casa. Y lo encontró al compadre y le dice:
-Áhi tengo -le dice- cerquita un chivo gordo lindo, y como 'ta lloviendo vamos a ir a comer sin miedo.
Y jueron. Después que comieron le dice el zorro al perro:
-¡Puta!, ¡quén pudiera tener un jarro 'e vino para asentar el asado! ¿No tendrá vino tu patrón?
-Sí -le dice, en el sótano tiene dos bodegas, pero la puerta 'tá cerrada y no tenimos por donde entrar.
-Dejá no más -le dice el zorro. Decime adónde es el sótano y yo voy abrir la puerta.
El perro lo llevó y el zorro hizo una cueva en una esquina del sótano y se metió adentro. Y ya le gritó al compadre que se metiera adentro tamén.
-¡No! -le dice el perro. ¡No! ¡No!
-Pero sí, compadre, entre despacito no más. Nu haga ruido, vamos andar sin hacer ruido para que no los sientan.
-A la oría de las bordalesas hay siempre una juente de carrascal para que caiga el vino que cai de las canillas. 'Taban las juentes llenas de vino y áhi se sentaron cada uno a tomar di una juente. Y ya el zorro se puso mamau bastante, se emborrachó, se tomó. El compadre pastor tomaba poco y no quería ponerse en pedo. Y dice el zorro:
-Hombre que se mama, grita.
-No compadre, no vaya a gritar porque los van a sentir.
-Qué no voy a gritar. 'Toy mamau y hay que gritar.
Cuando abrió la boca el zorro para gritar, el pastor salió puerta ajuera y se jue al corral. Y el zorro se quedó adentro meta grito no más.
Y viene el pastor y le dice despacito:
-No grite, compadre, que ahora no va a tener escapatoria.
Y el zorro seguía gritando, mamadazo.
Y el patrón salió los gritos no más lo que óiba gritar el zorro, animando al perro. En eso salió el zorro por el aujero qui había hecho, y claro, ladiandosé borracho, no podía disparar nada.
Y ya el pastor ya llegó y lo agarró tamén, y le dice el zorro:
-Larguemé, compadre, lerguemé que ya no voy a venir a chupar más.
Pero no hubo caso porque en eso llegó el patrón y le pegó unos garrotazos y lo tuvo que matar no más.
Y ya cesó por completo el daño y al pastor le daban mejor de comer.
-¿Han visto? -le dice el patrón a los de la casa- ¿que el pastor, ahora que le dan bien de comer es muy güeno?

Lorenzo Calderón, 80 años. El Durazno Alto. Pringles. San Luis, 1980.

Campesino que ha cursado la escuela primaria.

El cuento del perro pastor y el zorro acumula el motivo del animal que entra a la bodega, y borracho, grita.

Cuento 449. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El peludo, el zorro y el avestruz .276

Eran tres compañeros que habían salido a rodar tierra, el peludo, el zorro y el avestruz.
Primeramente, para tener qué comer, el peludo se enterró en una cueva, y hizo echar una cuadrilla de yeguas, y enlazó una. Cuando la enlazó, le gritó:
-¡Lazo güeno, caracú pescuezo!
La mató. Cuando la agarraron, comieron.
Depué, cuando habían pasado otros días y no tenían qué comer, iba un carro con queso. Se puso el peludo debajo 'e la rueda, hinchó el lomo, le hizo pegar un barquinazo y voltió un queso, y comieron.
Después le tocó buscar de comer al zorro. Y quiso hacer la misma prueba del peludo, enlazar una yegua. Y se enlazó de la verija con la presilla y se enterró en una cueva. Hizo echar las yeguas y enlazó una. Y lo sacó la yegua de la cueva, y disparó con él a la rastra. Y l'avestruz lo corría pa atajar las yeguas y entonce le decía:
-¡Tiendalé el poncho, compañero! ¡Tiendalé el poncho, compañero!
Y el peludo como era más lerdo iba más atrás. Y decía:
-Por aquí ha ido mi compañero porque ha ido perdiendo el tabaco.
Y era la bosta del zorro que iba perdiendo porque ya iba medio muerto, los golpes, a la rastra.
El quirquincho, el carumbé, tiene sus uñas como grampas, que lo engrampa en la tierra y es muy difícil sacarlo una vez que dentra adentro 'e la cueva. Y además tiene los anillos que los hincha y si afirma en la cueva. Y el zorro no tiene nada de eso.

Esteban Pérez, 70 años. Viale. Paraná. Entre Ríos, 1970.

Peón de campo y tropero. Buen narrador. Variante del cuento tradicional.

Cuento 276. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El peludo y el zorro y la carreta volcada .313

Una vez venía una tropa de carros. Una tropa de carros que marchaban en esos años cargadas.
El piche y el zorro andaban juntos. Entonces estaban con hambre. Y dice el zorro:
-Che, y ahora ¿qué comemo?
-Mirá -dice el peludo- ahí viene una tropa de carros. Vamos a volcar un carro y vamo ayudarles a cargar y nos van a dar algo que comer.
Áhi, en la güella, claro, el peludo tenía fuerza, y cuando fue a pasar el carro, se puso en la misma güella, y se levantó pa arriba, y lo volcó al carro. Y ellos se presentaron y les ayudaron a recoger y cargar. Qué, los troperos les dejaron quesos, les dejaron masitas, de todo pa que comieran.
Y le dice el piche al zorro:
-Bueno amigo, ahora le toca a usté. Di aquí a unos días, dice, cuando quedemos sin comer, que pase otra tropa, va tener que volcar usté el carro.
-Cómo no -dice el zorro.
Así fue. Se quedaron sin comer, allá, a los varios días, porque tenían de todo, masitas, queso, de todo comían ellos. Cuando ya se quedaron sin nada, le dice:
-Bueno, compañero, áhi viene una tropa. Vamos a ver -dice. Ahora le toca a usté -dice.
Agarra el zorro, hace una cueva en la güella, y cuando iba a pasar el carro se enderieza pa arriba y le pasa el carro por encima. Lo mata al zorro. No tuvo fuerza suficiente para volcarlo.
Bueno, siguió solo el peludo. Siguió viaje el peludo, por áhi caminando.
-A ver -dice-, quí aura no encontraré otro compañero.

Domingo Adelaido Tello, 68 años. Valcheta. Río Negro, 1971.

Cuento 313. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El peludo y el zorro enlazadores .287

El peludo perdió al compañero zorro apretado por un carro y siguió buscando otro compañero.
Por áhi se encuentra otro zorro.
-¡Oh! -dice, hermano, has vivido otra vez.
El zorro dice:
-Éste es seguro qui ha andau con algún compañero mío y lu han muerto. Sí -dice, ¿qué tal?
-Pero, andamos juntos, ¿qué contás? -dice.
-Mirá, che, voy de viaje y no llevamos qué comer -dice el peludo. Tenemos que buscar algo para comer.
-¿Y qué hacemos acá? ¿qué podemos hacer?
-Vamos a pialar -dice. Vamos a pialar.
-Bueno -dice el zorro. ¿Cómo vas hacer?
-Vamos a echar una punta de yeguas al corral y vamos a pialar. A ver quién piala mejor. Y después, la última potranca que quede la vamos a carniar.
-Bueno -dice el zorro.
Y se pusieron a pialar.
Y bueno... Dice:
-Puerta afuera, ¡eh!
-Bueno, puerta afuera.
Y sale una yegua puerta afuera.
Hicieron cueva los dos. El peludo hizo la cueva así, con vueltas, como lo hace, con recovecos. Y el zorro hace la cueva derecha.
Agarra y echa una potranca y la piala, el peludo. La dio contra el suelo. Bué...
-¡Muy bien!, compadre. Me toca a mí -dice el zorro.
Se ató el lazo bien atau a las verijas. Y le echó una yegua puerta afuera. Y la enlazó. Y allá se disparó la yegua con el zorro. Bueno, disparó, se fue. Y lo sigue el peludo al zorro a ver adonde lo iba a dejar. Lo sigue, y lo sigue, y lo sigue... Por allá encuentra la cabeza del zorro, que estaba así, mostrando los dientes. Lo halla y le dice:
-¿Todavía te 'tás riendo? -dice. Después que ti has quedau, te 'tás riendo -dice. Levantate de una vez.
Qué se iba a levantar si el otro 'taba muerto. Y así termina el cuento.

Domingo Adelaido Tello, 68 años. Valcheta. Río Negro, 1971.

Campesino muy conocedor de las tradiciones de su provincia.

Cuento 287. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033