Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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viernes, 16 de enero de 2015

El perro y el gato .741

El perro y el gato salieron de compañeros a rodar mundo, ¿no?, de compañeros los dos. Y bueno, salieron de mañana temprano y llegaron de mediodía, comieron y se acostaron a sestiar. Y el perro se pegó unos revolcones, claro, antes de salir, claro.
Y áhi siguieron. Se fueron toda la tarde, marchando. De noche llegaron en otro lugar. Y 'taban cenando. Dice que 'taban los dos sentaus, en silencio, no hablaban ni uno ni otro. Dice que dice el perro:
-Pero, mirá, un ruido, parece que viene un avión. Oí ese ruido.
Y entonce dice que el gato se levanta y mira así:
-¿Pa qué lau? -dice que le pregunta el gato.
-Para acá se siente el ruido.
Entonce que miró y que le dice el gato:
-Pero, no, si es un pelo de los tuyos, que el viento lo levantó y se lo trae por el aire.
El perro tiene un gran oído y el gato una gran vista, por eso oyeron y vieron lo que no ve ni oye nadie.

Pedro Mazzuco, 66 años. Federal. Concordia. Entre Ríos, 1970.

Ganadero. Buen narrador.

Cuento 741 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El perro pila .798

Dice que una vez Dios estaba repartiendo ropa para todos los perros. Entonces todos se apresuraban para recibir mejor cantidá de ropa. Dios les dio a todos los perros ropas distintas y muy lindas. El perro pila, por pereza, no se molestaba a ir, pero ya al fin se ha dado cuenta que se quedaba atrás y entonces ha querido tener su parte. Pero ha llegado tarde y ya nu había más reparto. Habían quedado por áhi unos poquitos pelos. Entonce Dios le puso en la cabeza y en la cola, esos pelitos que le quedaban, porque ya no tenía nada, porque no li alcanzaba más.
Y por eso, por ser tan lerdo, si ha quedau perro pila, que no tiene más que unos pelitos en la cola y en la cabeza.

Juana Rueda, 52 años.

Fuerte Quemado. Santa María. Catamarca, 1968.

Campesina que ha concurrido a la escuela primaria del lugar.

Aprendió los cuentos que sabe de la madre, Basilia Rueda de Renda, de 82 años, gran narradora, pero que ya ha perdido la memoria.

Cuento 798 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


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El perro, el gato y la mula .738

Quesque una vez si habían juntau a conversar en un corral, el perro, el gato y la mula. Taban discutiendo los tres cuál tenía mejor poder del óido y de la vista. El perro y la mula decían que naide les ganaba a óir. El gato decía que naide le ganaba a él ver. Y cada uno se ponderaba y no se podían poner di acuerdo.
Era una noche escura como boca de lobo, no se veían ni las manos. En una de ésas que 'taban áhi, la mula para las orejas y se pone nerviosa, y dice:
-Oigan ese ruido que hace temblar el aire.
-Sí -dice el perro-, es el temblor di algo que cái, ¡guarda!
-No si asusten, compañeros -dice el gato, yo lo veo muy bien, es un pelo que viene cayendo en el aire. Miren, aquí 'stá.
Y áhi vieron que empalmaron en las virtudes que Dios les había dado a los tres. En lo sucesivo no discutieron más.

Juan Lucero, 70 años. El Durazno. San Luis, 1959.

Cuento 738 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El murcielago se hizo asi .839b

Versión española

Dios había hecho una palomita o torcacita muy bonita, y el diablo viendo eso, él también quiso hacer una urpillita y empezó a trabajar. Y le salió, cuando la soltó a volar, un murciélago.
Por eso, este animal es muy fiero.

Jacinto Carpio, 69 años.

Villa Salavina. Santiago del Estero, 1951.

Versión del narrador.

Villa Salavina, centro de la zona quechuizante de Santiago del Estero, es uno de sus pueblos más antiguos.

Cuento 839b Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El muñeco de cera .669

El conejo tenía una huerta de hortalizas. Su compadre el zorro lo visitaba todas las noches y robaba las lechugas, zanahorias y otras verduras. Entonce el conejo resuelve hacer un muñeco grande de cera y lo coloca en la huerta. Por la noche entró el zorro a robar y como ve un hombre alto, parado, le dice:
-¡Buena nochi, señor!
Y como no tiene contestación, le dice:
-¡Buena nochi, señor! ¿Qué este hombre será sordo? Gritando le dice, entonce:
-¡Buena nochi, señor! Contestemé, que si no contesta le doy un sopapo.
Y diciendo se lo dio no más y quedó con la mano prendida.
-¡Ay, señor, sueltemé! -lloraba el zorro.
Y seguía llorando y diciendo:
-¡Sueltemé, que si no le doy una patada!
Y le dio una patada y quedó prendido de una pata. El zorro desesperado luchaba por librarse, pero todo fue inútil y gritando más aún le repetía:
-¡Sueltemé, señor, por favor! ¡Sueltemé o si no le doy otra patada! Y le dio no más y quedó con la segunda pata prendida en la cera. Cuando estaba bien atrapado salió el conejo y así cazó al ladrón de sus hortalizas y le dio su buen castigo.

María Elsa Salas de Varela, 28 años. La Quiaca. Yavi. Jujuy, 1952.

Cuento 669. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


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El muñeco de brea .671

Había un hombre que le robaban muchas cosas de la despensa que tenía. No podía saber quién era el ladrón. Entonces hizo un estudio de hacer un muñeco de pega, como un hombrecito. Lo puso en una pieza con tres divisiones, en la puerta del medio, porque por áhi tenía que pasar el ladrón. Resulta que al siguiente día no vino el ladrón. Al siguiente tampoco. Que al tercer día vino. El que robaba era un mono.
El mono, cuando entró vio el muñeco y le pegó con una mano, y se pegó. Le pegó con la otra, y se quedó pegau también. Le pegó con los pies, y se quedó del todo pegau. Y áhi vino el dueño y lo encontró. Lo llevó y lo metió en una jaula. Después lo sacó y lu ató para marcarlo. Y se puso a calentar la marca.
Cuando 'staba el mono atado vino un lión y le pregunta porqué lo tienen atau.
-Porque no me quiero casar con l'hija 'el Rey -le dice.
-Atame a mí, yo me voy a casar.
-Bueno, chey, ti ataré y yo m'irí.
Viene el hombre con la marca caliente y el lión grita:
-Yo me quiero casar con l'hija 'el Rey.
-Con ésta es l'hija 'el Rey que te vas a casar -le dice, y le asienta la marca caliente. ¡Que te vaya bien! -le dice, y lo larga.
Y el lión se fue bramando de dolor a buscar el mono para hacerle pagar la que le había hecho.

Martín González, 42 años. Desamparados. Rivadavia. San Juan, 1951.

Criollo originario del lugar. Trabaja en los viñedos y en las bodegas de la comarca.

Cuento 671. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048

El mono y el yacare .760

El mono quería pasá la laguna Iberá pa ir a unas fiestas grande que había. Entonce le vio al yacaré, y como al yacaré le gusta tanto la niña, le dice:
-Tengo que decite una cosa que dijo mi hermana por vo.
-¿Qué dijo tu hermana por mí? -dijo el yacaré.
El yacaré le quería a la hermana del mono, pero la hermana del mono no le quería a él.
-Que sé un mozo lindo, nadador...
El yacaré se puso contento. Entonce el mono le dijo que le tenía que pasá al otro lado del Iberá y que él tenía que decir otra cosa que dijo la hermana.
Le dijo el yacaré que sí, que 'taba a su órdene, que le llevaba muy contento, que suba por su lomo.
El mono saltó por el lomo del yacaré y se puso a nadá muy ligero. Y en el viaje le iba preguntando:
-¿Qué, pa, dice tu hermana por mí?
-Qué sé un mozo de lindo ojo, que tené el lomo suave, que sabé cantá y bailá.
-Ja, ja, eso me gusta -decía el yacaré y nadaba más ligero.
Como é largo de má el Iberá, volvió a preguntá el yacaré.
-¿Y qué má, pa, ha dicho por mí tu hermana?
-Que só un mozo valiente, que sabé trabajá bien y que sabé queré.
-Ja, ja, ja... eso me gusta -volvía a decí el yacaré.
Llegó po a la orilla y el mono saltó ligero. Y como se iba a despedí le volvía a preguntá el yacaré:
-¿Y qué má, pa, dice tu hermana por mí?
Y el mono que no le agradecía nada al yacaré, que le solía engañá siempre con eso cuento porque a él le gusta la niña, pero la guaina no le atiende por que é tan feo y malo, se subió en un árbol alto y le gritó:
-Mi hermana dice que bastante me molesta ese bicho viejo, de cuero duro como el güeso, de cola de serrucho, de ojo saltone, que no sabe más que gritá Abá-aigüé sá tacurú... (indio feo, ojos de tacurú...).
El yacaré se puso enojao de má pero no le pudo hacé nada al mono, pero juró que se iba a vengá por él. Por eso, cuando lo mono salta en collera lo arroyo y se cae el último, siempre hay un yacaré que lo espera y se lo come. Ésa es la venganza del yacaré.

Seferino Reinoso, 40 años.

El Payubre. Mercedes. Corrientes, 1958.

El narrador es bilingüe guaraní-español. Tiene cultura superior a su medio.

Cuento 760 Fuente: Berta Elena Vidal de Battini


0.015.1 anonimo (argentina) - 048