Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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domingo, 4 de mayo de 2014

El quirquincho y el zorro .344

Diz que el quirquincho y el zorro si habían convidau para salir a meliar. Y que dice el quirquincho:
-Yo tengo una lachiguana. Y entonce dice el zorro:
-Entonce vamos a sacala.
Y el zorro, ya de cuanta le había sacau la lachiguana del quirquincho y se la había comido.
Y ya llegaron y no 'staba la lachiguana.
-Chey, ya me la habían robau a la lachiguana, y me la han comido. ¿Quién será?
-Yo no sé -le dice el zorro, y él se la había comido.
Y el quirquincho se daba cuenta que era el zorro, y dice:
-¡Ya ahora! ¡Ya van a ver lo que yo le voy a hacer al zorro!
-Chey, vamos a otra -le dice. Y se jueron.
Uno agarró por un camino y el otro por otro.
-Chey -le dice el quirquincho-, cuando encontrís alguna colmena, ya sea lachiguana o bala, me gritáis.
Y entonce el quirquincho si había colgau de un gajo y se había hecho bolita, y si ha puesto a largar la caca, y le grita:
-Juan, aquí 'stá una bala -que le dice.
Y si ha veníu corriendo el zorro y no lo había encontrau al quirquincho. Y lo ve en el gajo, y dice:
-¿Y ésta será la bala? ¡Ésta es la bala! -que dice.
Y lo que le 'taba saliendo la caca al quirquincho, el zorro créiba que era la miel, y ha agarrau en un palito, un poco de caca y la ha probau, y que dice:
-¡Ah!, esta miel es muy hedionda, no sirve.
Y entonce si ha ido, y el quirquincho ha salíu, y se encuentran otra vez.
-Chey -que le dice el zorro, adónde 'tá la bala, que la hi encontrau, pero la miel ha sido muy hedionda.
Entó que le dice el quirquincho:
-Es que no la hais encontrau.
Y siguen buscando. Y el zorro si ha dau cuenta de lo que le ha hecho el quirquincho, y si ha colgado él, y li ha gritado al compañero. Y el compañero ha venido y ha dicho que va a bajar la bala, y ha agarrado un palo y li ha pegado al zorro, y lo ha bajado.

Bernardino Zoto, 52 años. Obraje Las Hacheras. Las Víboras. Anta. Salta, 1952.

Cuento 344. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El quirquincho y el zorro .270

Había una vez un quirquincho y un zorro. Andaban junto. Y le dice el quirquincho:
-Vamo a domar un potro.
-Bueno -dice el zorro.
Y salieron a lazar el potro en el campo. Y le encontraron a lo potro. Y el quirquincho hizo la cueva, y le lazó y se metió en la cueva y le sujetó. Y le subió el quirquincho y no le echó. La cueva es con curva, por eso le sujetó al potro.
Y entonce le tocó al zorro. Y el zorro hizo la cueva, y lo lazó al potro y lo sacó disparando. La cueva es derecha, por eso no le pudo sujetar y casi le mató. Le ayudó el quirquincho y el zorro le subió al potro. Y el potro le echó y lo mató.

Cástulo Cerdán, 13 años. Isla Apipé Grande. Ituzaingó. Corrientes, 1959.

El narrador, nacido y criado en la isla, es alumno de su única escuela primaria. Aprendió el cuento del padre, que es el mejor domador de la isla.

Variante del cuento tradicional en el que se mata al potro para comer.

Cuento 270. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El quirquincho y el zorro .261

Andaba el zorro buscando quien lo ayudara a enlazar unos potros. Jue y encontró al quirquincho que se llamaba Anastasio. Y ya lo saludó muy amable y que le dice:
-Mi compadre Anastasio, ¿no quere que vamos de compañeros a rodar tierra? Tengo por áhi otro compañero que va a ir con nosotros. El zorro que lo quería hacer comer al quirquincho con el tigre. Que el tigre lo 'tába esperando al zorro para matalo por todas las picardías que le hacía.
-Bueno, compadre -que le dice el quirquincho.
-Y, compadre Anastasio, ¿usté no sabe enlazar?
-Sí, sé enlazar, compadre -que le dice el quirquincho.
Y ya lo llevó a la aguada ande bajan los animales a beber, y le mostró el lazo. El quirquincho cavó una cueva, como la sabe hacer él, con recovecos. Cuando llegaban los potros, el zorro le pasó el lazo al quirquincho. El quirquincho en lazó y se metió en la cueva. El potro pegó l'estirada pero ni lo movió al quirquincho. Pegó otra estirada y cayó y se quebró el cogote. Es sabido que cuando se mete a la cueva el quirquincho nu hay quién lo mueva.
Bueno, ya se allegaron a carniar. Vino el tigre que 'taba áhi cerca, y comió hasta que se llenó. Chocho 'tába el tigre lo que podía dar esas comilonas.
Ya cuando si acabó la carne, tenía miedo que el tigre lo matara y lo envitó otra vez a enlazar al quirquincho. Ya jueron.
-Güeno, enlace usté, le dice el quirquincho al zorro.
Y el zorro creyó que como él era más grande lu iba a sujetar mejor al potro. Cavó una cueva derecha, como hace la cueva el zorro. Llegaron los potros a beber. Entonce el quirquincho l'hizo orillar la manada hasta que la tuviera a tiro, el enlazador.
Enlazó el zorro y se puso el lazo a media panza. Y áhi lo sacó el yeguarizo como una bala, y ya lo partía por el medio de la panza. Y Anastasio le gritaba:
-¡Tire, Juancito! ¡Tire, Juancito!
-¡Le voy dando lazo! ¡Le voy dando lazo! -decía el zorro al tiempo que el yeguarizo lu iba matando a golpes.
Y el animal lo mató no más al zorro. El quirquincho, de miedo, se escondió en la cueva, que ni tuvo tiempo de verlo el tigre.
-Bueno -dice el tigre, ya se murió este pícaro, qué voy a hacer solo. Me voy.
Y se jué.
Y así se terminó la vida del zorro que se créia que él era más capaz de todos en cualquier trabajo.

Eustaquio Funes, 62 años. El Morro. Pedernera. San Luis, 1951.

Modesto propietario. Muy buen narrador.

Cuento 261. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033



El quirquincho y el zorro .260

Eran compadres el quirquincho y el zorro y andaban rodando tierra. Andaban a pie y tenían que encabalgarse. Vieron llegar una tropilla de yeguarizos y le dijo el quirquincho al zorro que tenían que enlazar un potro cada uno, y se prepararon. El quirquincho, hizo una cueva, medio torcida, con caracoles, y el zorro, derecho no más. Y armó el lazo el quirquincho y el zorro le echó los yeguarizos a una manga que había áhi. Enlazó el potro y se metió en la cueva. Pegó una estirada el potro, que cuasi se mató, pero ya lo agarraron y lo tuvieron para cabalgar. Y que le dice al zorro:
-Agora le toca a usté, compadre.
El zorro armó el lazó, se lo ató a la cintura y le dijo al quirquincho:
-Eche, no más, compadre.
Y echó el quirquincho los yeguarizos y el zorro enlazó, ¡amigo!, y se metió en la cueva. El potro era malísimo y se echó a corcoviar y disparar, y lo sacó al zorro como una bala' a la rastra. Claro, como el zorro hizo la cueva derecha, no tenía ande hacer pie. Y ahí lo llevó arrastrando por medio de las espinas, y las ramas y las piedras. Y el quirquincho gritaba:
-¡Sujete, compadre! ¡Sujete compadre!
-¡Qué, pucha!, ni le óiba el zorro con el susto y los golpes.
A los tiempos se juntaron, y tuavía andaba el zorro lastimado, machucado, revolcado entero. Y que le dice el quirquincho:
-¿Y qué le pasó, compadre? ¿Páque dejó ir al potro? ¿Cómo a mí no me llevó?
-L'iba dando lazo, compadre. Pero... ¡Y el lazo, ése, no se cortaba! Y mire, vea, el animal, ése, al fin me arrastró porque era más fortacho qu'el que a usté le tocó.

Juan Lucero, 67 años. El Durazno, Pringles. San Luis, 1952.

Cuento 260. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El quirquincho y el zorro .256

Éste que era don Juan el Zorro, zorro astuto y bien empelau. Un buen día, a la orilla de la laguna se juntaron con su amigo Pedro el Quirquincho, con quien mantenía una larga amistá, y mirando tomar agua a la manada de cimarrones, don Pedro el Quirquincho le dijo al amigo Juan el Zorro:
-¡Qué hermoso potro blanco repunta la manada!
El amigo Juan sonriente le dijo:
-¡Qué bien montaríamos en él!
El Quirquincho, con tranquilidad miró al animal blanco y le dijo:
-Montar me resulta fácil cuando el potro está agarrado.
-En fin -dijo el zorro, enlazar me resulta fácil y montar también -y armando el lazo largó el primer pial, pero no acertó.
En cambio, el quirquincho pialó y disparó a su cueva, enredando el lazo en una raíz. El zorro quedó almirado de la sabiduría de su amigo. Para demostrar que él era mejor enlazador pialó de nuevo. El potro disparó con el lazo, y el pialador, no consiguiendo zafarse, jue arrastrado por el potro y pagó con su vida tamaña imprudencia.
Y el quirquincho pasó por un zapato roto para que Ud. me cuente otro.

Pedro Lucero, 22 años. San Pablo. Chacabuco. San Luis, 1940.

Semiculto. Buen narrador.

Cuento 256. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El quirquincho bola y el zorro y la carreta volcada .296

Hicieron una apuesta a cual resiste que pase una carreta por encima. Y que venían cargadas las carretas y que iban a cosechar algunas cosas, si se ladiaban.
El quirquincho bola tiene una coraza dura, y se puso en el camino. Pasó la carreta, y él estaba ande iba a dar una rueda, y se ladió la carreta, y voltió varias cosas de comida. Y ganó el quirquincho bola, porque no le pasó nada.
Y le tocó al zorro, y se puso igual. Y pasó la carreta, lo agarró con la rueda, y lo reventó. Y se acabó la apuesta.

Medardo Farbán, 49 años. Santa Catalina. Jujuy, 1951.

Lugareño semiculto en este lugar lejano de la Puna. Juez de Paz.

Cuento 296. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033

El quirquincho bola y el sapo y la carreta volcada .303

Una vez un peludo convidó a un sapo a tomar vino y comer queso ande había volcado una carreta. Al volcar la carreta habían quedado en el camino quesos y pipas de vino que tráiba de carga. Esta carreta venía con una tropa de carretas de las que antiguamente hacían el comercio, antes que hubieran trenes. Comieron hasta llenarse y chuparon hasta quedar bien borrachos. 
Cuando 'taban bien mamados, vieron que se les había acabáu el vino y no sabían di ande sacar más. Entonces le contó el quirquincho bola al sapo que él había hecho volcar la carreta, que si había puesto en la güella, cuando vio que venía una tropa de carretas, que cuando fue a pasar una carreta él hinchó el lomo con mucha juerza, ande daba una de las ruedas, y la carreta volcó. Que se cayó toda la carga, y que mientras los hombres volvían a cargar, él iba escondiendo quesos y pudo tapar con yuyos unas pipas de vino. Entonces dijo el sapo que él iba hacer lo mismo.El quirquincho bola y el sapo 'taban conversando a la orilla del camino y comiendo lo último que quedaba, cuando vieron que venía una tropa de carretas. Áhi no más se acomodó el sapo en la güella. El mataco lo quería convencer que no se ponga, que él no iba a resistir, pero como 'taba tan mamáu el sapo no hizo juicio y se puso no más.Pasó la carreta, que era tan pesada, y la rueda lo aplastó al sapo, y claro, ni se tambalió siquiera.Por eso todos los sapos son con esa figura de animal aplastado, porque desde entonces quedaron así, aplastados. 

Gabriela Romero, 64 años. El Sauce. Chacabuco. San Luis, 1950.

Campesina. Buena narradora. 

Posiblemente éste es el cuento original que explica el aspecto del sapo y la dureza del mataco cerrado en su caparazón. 

Cuento 303. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini

0.015.1 anonimo (argentina) - 033