Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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sábado, 7 de julio de 2012

Ni un ¡chape allá!

453. Cuento popular castellano

Era una mujer que se la había muerto su marido. Y no lo sentía gran cosa. Y se puso a hacerse el almuerzo con chorizo, huevos y torreznos. Y cuando se lo iba a comer, pues llegó mucha gente a visitarla. Y ella, corriendo, lo metió debajo de la mesa y lo tapó con las faldas de la mesa.
Y tenía un gato ella que le llamaba Mundo. Y ella vio que el gato se había metido debajo de la mesa y que se aprovechaba de ir comiéndose los chorizos y los torreznos. Entonces ella empezó a lamentar y a decir:
-¡Ay, Mundo, Mundo, que te los vas llevando de uno en uno! Y los visitantes creían que ella se refería a su marido y la decían:
-¡Así sucede, que así los va llevando de uno en uno!
Y ella decía, refiriéndose a los torreznos:
-¡De los mejores! ¡De los mejores!
Y los visitantes siempre creyendo que se refería a su marido.
Ella, ya desesperada, viendo que el gato terminaba con el almuer­zo, se la ocurrió decir:
-¿Cómo no voy a llorarle, si era un marido que nunca me decía ni un ¡chape allá!
Y lo dijo con tanta fuerza que el gato salió huyendo. Y ella ya se tranquilizaría.

Burgos, Burgos. Ecequiela Manero. 1 de junio, 1936. 50 años.

Fuente: Aurelio M. Espinosa, hijo                                                            

058. Anonimo (Castilla y leon)


Mundo, mundo

452. Cuento popular castellano

Era una mujer que se le murió el marido, y lo tenía de cuerpo presente. Y llegó la hora de comer, y se puso una sartén de to­rreznos a la lumbre. Y al ver que subía la gente a darle el pésame, le pareció feo que la viesen preparando comida, y guardó la sar­tén debajo del escaño.
Y tenía un gato que se llamaba Mundo. El gato encontró la sartén y comenzó a llevarse los torreznos. Y veía la mujer que se iba llevando el gato los torreznos, y haciendo que lloraba, decía:
-¡Ay, Mundo, Mundo! ¡Cómo te los vas llevando uno por uno! ¡Y los más gordos y los más mejores!
Y la gente, creyendo que lo decía por su marido, la decía:
-Y ¿qué le vas a hacer? ¿Qué le vas a hacer? ¡Hay que con­formarse con la voluntad de Dios!
Y eran los torreznos que tenía debajo del escaño y que se los llevaba el gato.

Cuéllar, Segovia. Labradora, unos 60 años. 22 de abril, 1936.

Fuente: Aurelio M. Espinosa, hijo                                                            

058. Anonimo (Castilla y leon)

Mi marido foise a feira

298. Cuento popular castellano

Ésta era una mujer casa que era amiga de un cura. Y se que­rían deshacer del marido, que era un poco tonto. Y dijo el cura a la mujer:
-Pues es muy bueno; no sé qué hacer con él; ya le buscaré alguna falta.
El pobre marido fue a confesarse, y como siempre, no tenía casi pecados. Y se le ocurrió al cura preguntarle si se enfadaba algu­na vez.
-Sí -contestó el marido, con el gato algunas veces. Algunas veces le digo, «¡Chape, gato!».
Entonces el cura -le pregunta:
-¿Es gato o es gata?
-Es gata -contesta el marido.
Y el cura le dijo entonces:
-Pues haces una falta muy grave; levantas así un falso testi­monio. No te puedo perdonar. Tienes que ir a Roma a que te lo perdonen.
El pobre marido se marchó a casa muy afligido, y la dijo a su mujer lo que le pasaba y que tenía que ir a Roma. Y la mujer le decía:
-¡Ay, mi Juan! ¿Qué has hecho?
Y Juan contestó:
-Pues mira; ahí ves: levantar un falso testimonio a la gata. Prepárame unas boroniñas y un quesín para el camino.
Arregló la burra y se despidió de la mujer y se marchó a Roma. Y de que llegó a pocos kilómetros del pueblo, se encontró con un arriero que venía hacia el pueblo con otra burra. Le preguntó que adónde iba, y éste le dijo que iba a Roma a que le perdonara el Santo Padre un pecado que había cometido.
-¿Cómo es posible que tú, que eres tan bueno, hayas podido cometer un pecao que tengas que ir a Roma?
-Sí, chico, sí; que me he enfadado y he dicho «¡Chape, gato!» en vez de «¡Chape, gata!».
-Eso a mí me huele que te querían a ti alejar del pueblo. Si te quieres convencer, vuélvete conmigo y lo verás.
Juanín decía que no, que no era posible que le engañaran. Pero el otro le dijo:
-Yo te apuesto la mi rucia contra la tu guaya; vuélvete y verás.
Le metió en un saco y le colocó sobre su burra para que no le viesen volver al pueblo. Entraron en el pueblo y se llegaron a la casa de Juanín, donde estaba la mujer preparando una gran co­mida para festejar con su amigo la marcha de su marido. El arrie­ro le pidió permiso para descansar allí en casa de ellos. Y ella le dijo:
-Sí, sí, entre, que precisamente estábamos preparando una bue­na comida.
El arriero le pidió permiso para colocar un saco que llevaba y que decía que era de cuidado. Pidió que le dejaran colocarlo en la cocina, en un rincón. Y ella le dijo que todo lo que quisiera.
Se pusieron a comer los tres, y después de haber comido admi­rablemente le dijo el cura a la mujer que debía de decir algo para festejar la marcha del marido. Entonces ella se puso a cantar:
-Mi marido foise a feira, ¡permita Dios que non vuelva!
Entonces ella le dijo a su amigo que él también debía de can­tar, y él se puso a cantar:
-Si tu marido no volviera, buena renta nos cayera.
Entonces ella también le dijo al arriero que cantara, y él cantó:
-Y eso que estáis en ese jergón, ¿qué contestáis a esta canción?
Y el que estaba en el saco en el rincón se puso a cantar:
-Ya que se me fue la rucia y la guaya, ¡péscame a ése, que no se me vaya!
Y le agarró el arriero al otro, y salió el marido y le dieron una buena panadera.

Cimiano (Panes), Oviedo. Doña Ezequiela Manero. 25 de mayo, 1936. 50 años.

Fuente: Aurelio M. Espinosa, hijo                                                            

058. Anonimo (Castilla y leon)


Me-pica

449. Cuento popular castellano

Éste era un niño muy pobre, y iba pidiendo limosna por un pueblo. Y fue en casa del señor cura de aquel pueblo. Y se com­padeció de él el señor cura y le cogió para ir a los recados. Y la criada le preguntó cómo se llamaba, y él la dijo que se llamaba Me-pica. Y el ama también le preguntó cómo se llamaba, y le dijo que se llamaba Saecula Saeculorum. Y el señor cura también le preguntó cómo se llamaba, y le dijo que se llamaba Una-mano­atrás-y-otra-alante. Y como a todos les parecieron nombres tan raros, pues nada más le llamaban «el chico».
Un día el chico robó al señor cura y se marchó de casa. Y varios días más tarde, estando en misa, le vio la criada, y la dice al ama:
-Señora ama, ¡que Me-pica, Me-pica! 
-Pues ¡demonios! Si te pica, pues ¡ráscate! Y repite la criada:
-Señora ama ¡es que Me-pica, Me-pica!
-Pues ¡ráscate! -dice, o sal, haz lo que te dé la gana.
Y la criada se tuvo que callar ya. Y cuando había pasado un poco de tiempo, el ama vio al chico. Y se acercó al señor cura y le dice:
-Señor cura, ¡que Saecula Saeculorum! ¡Que Saecula Saecu­lorum!
-Pero ¡cállate, demonio! ¿No sé yo cuándo lo he de decir?
Y ya, claro, el ama se marchó. Y cuando volvió una vez el se­ñor cura, le vio, y dice a los feligreses:
-Señores, ¡Una-mano-atrás-y-otra-alante! ¡Una-mano-atrás-y­otra-alante!
Y todos empezaron a echarse una mano atrás y otra alante. Y mientras el muchacho se escapó. Y colorín colorado, este cuen­to se ha acabado.

Matabuena, Segovia. Saturnina Gil. 29 de marzo, 1936. 13 años.

Fuente: Aurelio M. Espinosa, hijo                                                            

058. Anonimo (Castilla y leon)


Mentiras .443

443. Cuento popular castellano

Ahora que estamos despacio, contaremos mil mentiras.
Por el río corren liebres, por el monte las enguilas. Cada rabazo que pegan, que derriban las cajigas.

Cuando yo nací,
mi padre, de por nacer,
me metió a pastor de cabras, unas negras y otras blancas.
Vino el lobo;
me,llevó la mejor. Fui tras de él;
me dio cien cántaras de miel.

Ahora sí que tengo miel; pero no tengo onde echarlo. Eché la mano al sobaco. Saqué un zurrón y un saco.
Ahora sí que tengo en qué llevarlo; pero no tengo con qué amarrarlo. Eché mano a las barbas. Saqué una soga -pero ¡qué larga!
Ahora sí que tengo con qué amarrarlo; pero no tengo con qué cargarlo. Pegué un palo en un terrón; salió un hombrachón -pero ¡qué gordinflón!
Ahora sí que tengo con que cargarlo; pero no con qué llevarlo. Pegué un palo en una encina; salió una borriquina -pero ¡qué fina!
Ya lo amarré y lo cargué,
Y le dije cuánto era su trabajo.
Y me dijo que me echara a rodar. Por la cuesta abajo me eché a rodar.
Fui a parar a un arbejal. Comí cien cargas de arbejas;
Tocaron a misa,
Si no hubieran tocao, sí hubiera acabao.
Fui a misa con gran devoción.
Cuando el señor cura decía: «Oremos, oremos,» Yo entendí que había dicho: «Cagaremos, cagaremos.»
Me arremangué hasta los sobacos, cagué hasta los mismos tajos. Se arrecata el señor cura y dice: «Echar fuera a este loco».
Y yo entendí que había dicho que había cagao poco.
Me arremangué hasta las orejas y cagué hasta las mismas tejas.
Salí de misa con ganas de almorzar.
El tabernero estaba de parto, la mujer estaba a arar.
Los bueyes traían al hombro el arao a apacentar. El gato espumando la olla, el cucharón a cazar. El burro estaba en la cuna, y el niño en el muladar.

Pomar de Valdivia, Palencia. Eugenio Gutiérrez. 1919. 55 años.

Fuente: Aurelio M. Espinosa, hijo                                                            

058. Anonimo (Castilla y leon)


Mentiras .442

442. Cuento popular castellano

Ahora que vengo despacio, les voy a contar a ustedes el cuento de las mentiras.
Por el mar corren las liebres, por el rastrojo los peces, por el monte las anguilas se cogen con engarillas.
Yo cogí una engarillada, sesenta libras pesaba, y me fui por un camino muerto de hambre y merendando.
Me encontré con un peral que unas manzanas tenía; tiré un cantito a las nueces y cayeron avellanas.
Viene el amo del guindal diciendo que tal y cual, que por qué cogía uvas, si era suyo el patatar.

Tiré un cantito,
me dio en un nudillo;
me hice sangre en un tobillo.
Me fui a curar
a una venta que allá había; el ventorro está de parto, la ventorra estaba a arar.

Los perros cacaritean, las gallinas a ladrar, las ovejas van a misa, las mocitas a pastear.
¡Quién fuera pastor de ellas para poderlas guardar!

Peñafiel, Valladolid. Fernando Álvarez Gallego. 29 de abril, 1936. 12 años.

Fuente: Aurelio M. Espinosa, hijo                                                            

058. Anonimo (Castilla y leon)



Más vale un agua de abril y mayo

257. Cuento popular castellano

Pues, una vez, en un pueblo, mandaron hacer un carro todo de oro, con su buen tronco de las mejores mulas que había. Iban llamando a los vecinos del pueblo uno por uno a ver quién se acercaba más a lo que podían valer el carro y las mulas. Cada uno dijo lo que le pareció. Y habiendo dejado sin llamar a un tonto del pueblo, no faltó quien dijera que había que llamarlo, mientras otros decían que pa qué lo iban a llamar, porque era muy tonto. Y por fin le llamaron y le dijeron:
-A ver, ¿cuánto te parece que puede valer este carro y estas mulas?
-Pues, vaya una cosa -dijo él. Más vale un agua de abril y mayo que entre las mulas y el carro.

Peñafiel, Valladolid. Mariano Ruiz Salinero. 26 de abril, 1936. Dulzainero, 58 años.

Fuente: Aurelio M. Espinosa, hijo                                                            

058. Anonimo (Castilla y leon)