Alguien dijo: "Los cuentos nos ayudan a enfrentarnos al mundo"

Era se una vez...

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viernes, 29 de junio de 2012

Talante de inafectación


A menudo los discípulos del Buda eran verbalmen­te agredidos, cuestionados y y humillados por las gen­tes que, aviesamente, querían herirles por falta de com­prensión. El mismo Buda era a veces mal recibido en ciudades o pueblos y tenía que soportar injurias, insul­tos y desprecios. Era el hombre más lúcido y compusi­vo de su época y, sin embargo, le insultaban y menos­preciaban. Cierto día un grupo de ortodoxos fanáticos llegaron hasta él y comenzaron a increparlo repro­chándole que no tenía ningún conocimiento válido y mofándose de sus enseñanzas. No perdió la sonrisa de los labios; no se inquietó; no reaccionó. Pero algu­nos de sus discípulos, ante tanta injusticia, se dispusie­ron a replicar; pero el Buda los calmó y les dijo:
-¡Dejad en paz a esos discutidores. No os alteréis y mucho menos vayáis a preocuparos por mí. Sabed, mis buenos amigos, que el mundo discute conmigo, pero yo no discuto con el mundo.

El Maestro dice: Cuando el huracán sopla violenta y destructivamente, el lirio se pliega sobre la tierra y, tras el huracán, se yergue en todo su esplendor.

Fuente: Ramiro Calle

004. Anonimo (india)

Soy tú


Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccio-namiento. Un anochecer, cuando las chicharras quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un yogui y llamó a la puerta.
-¿Quién es? -preguntó el yogui.
-Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.
-No estás lo suficientemente maduro -replicó el yogui sin abrir la puerta. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso. Luego, regresa y te daré instrucción.
Al principio el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al yogui.
Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser.
Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro. Llamó a la puerta.
-¿Quién es? -preguntó el yogui.
-Soy tú -repuso el discípulo.
-Si es así -dijo el yogui, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.

004. Anonimo (india)

Sólo se necesita miedo


Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba.
El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora, le dijo:
-¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar!
El asceta dijo:
-Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobre-naturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra.
¡Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo!
-¿Cómo es posible -inquirió el rey, que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra?
Y el asceta repuso:
-Sólo se necesita miedo.

*El Maestro dice: Caminar hacia la Verdad es más difícil que hacerlo por el filo de la navaja, por eso sólo algunos se comprometen con la Búsqueda.

004. Anonimo (india)

Siguiendo las instrucciones del maestro


Era un maestro afamado. Su celebridad se había propagado de tal manera por la India que muchos eran los que acudían a visitarlo y a escuchar sus enseñanzas. Disponía de un gran ashram en los Himalayas. Todos los atardeceres se reunía con sus numerosos discípulos y visitantes y los instruía en las enseñanzas sagradas; también proporcionaba mensajes místicos, técnicas liberatorias y consejos espirituales. Tenía el don de la palabra y se hacía entender incluso por los más incultos. Pero él mismo no era ni mucho menos un ser liberado. Tenía conocimientos y sabía impartirlos, pero no había hallado la liberación defini­tiva. Gozaba más de fama que de Sabiduría absoluta.
Cierto día llegó un hombre a escuchar sus en­señanzas: Pero cada vez que el maestro daba explicacio­nes, el hombre tenía que preguntar y repreguntar, por­que no entendía el mensaje del maestro, no com­prendía las técnicas, no asimilaba la enseñanza. Así un día y otro día, interrumpiendo al maestro, perturbando a los otros aspirantes, no habiendo manera de ensan­char su entendimiento y hacerlo comprender. El maes­tro estaba desesperado. Se reunió con algunos de sus más íntimos y cercanos discípulos y los consultó a pro­pósito de lo que estaba sucediendo. Los discípulos declararon:
-Ese hombre es un necio, un gran ignorante. Te aseguramos que no va a haber quien le haga entender. Pierdes el tiempo con él. Lo único que consigue es sembrar dudas en los otros aspirantes. Lo mejor es pedirle que se vaya.
El maestro convino con sus discípulos. llamó al hombre y le dijo que no estaba maduro para seguir la vía espiritual y que debía partir lo antes posible. El hombre así lo hizo.
Pasaron los años. Un día, el hombre necio regresó hasta el ashram del maestro. Venía acompañado por numerosos criados; vestía las ropas más caras, y traía fabulosos regalos para el maestro y los discípulos de éste. Era muy rico, y nada más verlo todos se dieron cuenta de ello. El maestro le dijo:
-Enhorabuena. Veo que has prosperado mucho.
Pensó para sí: «Aunque en la vida espiritual era un desastre, se ve que no ha sido del todo tonto en la esfera de los negocios.»
El acaudalado hombre dijo:
-Maestro, todo ha sido gracias a ti.
El maestro sintió su ego henchido de placer, má­xime cuando todos los presentes pudieron escuchar tal declaración. No cabía de orgullo en sí mismo. Picado por la curiosidad, preguntó:
-Bueno, amigo, ¿y qué has hecho estos años, a qué te has dedicado?
El hombre contestó:
-He hecho simplemente lo que tú. Las enseñan­za e instrucciones que escuché de ti las di a los otros. Eso ha sido todo; nada más.

El Maestro dice: Un tonto siempre puede enseñar a otros más tontos. Ante todo, conviértete en tu propio maestro y halla tu propia paz. Enciende tu propia lámpara.

Fuente: Ramiro Calle

 004. Anonimo (india)

Sigue adelante


Un leñador estaba en el bosque talando árboles para aprovechar su madera, aunque ésta no era de óptima calidad. Entonces vino hacia él un anacoreta y le dijo:
-Buen hombre, sigue adelante.
Al día siguiente, cuando el sol comenzaba a despejar la bruma matutina, el leñador se disponía para emprender la dura labor de la jornada. Recordó el consejo que el día anterior le había dado el anacoreta y decidió penetrar más en el bosque. Descubrió entonces un macizo de árboles espléndidos de madera de sándalo. Esta madera es la más valiosa de todas, destacando por su especial aroma.
Transcurrieron algunos días. El leñador volvió a recordar la sugerencia del anacoreta y determinó penetrar aún más en el bosque. Así pudo encontrar una mina de plata. Este fabuloso descubrimiento le hizo muy rico en pocos meses. Pero el que fuera leñador seguía manteniendo muy vivas las palabras del anacoreta: “Sigue adelante”, por lo que un día todavía se introdujo más en el bosque. Fue de este modo como halló ahora una mina de oro y se hizo un hombre excepcionalmente rico.

*El Maestro dice: “Sigue adelante”, hacia tu interior hacia la fuente de tu Sabiduría. ¿Puede haber mayor riqueza que ésta?               

 004. Anonimo (india)

Si hubiera tenido un poco más de tiempo


Con algunos ahorros, un hombre de un pueblo de la India compró un burro joven. La persona que se lo vendió le previno de la cantidad de comida que tenía que procurarle todos los días.
Pero el nuevo propietario pensó que tal cantidad era excesiva y comenzó a restar comida día a día al pollino.
Hasta tal punto disminuyó la ración de alimento al asno que, un día, el pobre animal amaneció muerto. Entonces el hombre comenzó a gimotear y a lamentarse así:
-¡Qué desgracia! ¡Vaya fatalidad! Si me hubiera dado un poco más de tiempo antes de morirse, yo hubiera logrado que se acostumbrase a no comer nada en absoluto.

*El Maestro dice: Como este hombre son algunos negligentes y “avaros” buscadores espirituales: quieren conquistar la Sabiduría sin ningún ejercita-miento espiritual.

004. Anonimo (india)

Si dañas, me dañas


Parvati es una de las diosas más amorosa, benevolente y misericordiosa del panteón hindú. Es la consorte de Shiva y se manifiesta como extraordinaria-mente compasiva. Cierto día, uno de sus hijos, Kartikeya, hirió a una gata con sus uñas. De regreso a casa, corrió hasta su madre para darle un beso. Pero al aproximarse al bello rostro de la diosa, se dio cuenta de que ésta tenía un arañazo en la mejilla.
-Madre -dijo Kartikeya, hay una herida en tu mejilla. ¿Qué te ha sucedido?
  Con sus ojos de noche inmensa y profunda, la amorosa diosa miró a su querido hijo. Era su voz melancólica y dulce cuando explicó:
-Se trata de un arañazo hecho con tus uñas.
-Pero, madre -se apresuró a decir el joven, yo jamás osaría dañarte en lo más mínimo. No hay ser al que yo ame tanto como a ti, querida madre.
Una refrescante sonrisa de aurora se dibujó en los labios de la diosa.
-Hijo mío -dijo, ¿acaso has olvidado que esta mañana arañaste a una gata?
-Así fue, madre -repuso Kartikeya.
-Pues, hijo mío, ¿es que no sabes ya que nada existe en este mundo excepto yo? ¿No soy yo misma la creación entera? Al arañar a esa gata, me estabas arañando a mí misma.

*El Maestro dice: Al herir, te hieres. A quienquiera que dañes, te dañas a ti mismo.

004. Anonimo (india)